
Alberto Fernández canceló su viaje a París por la crisis sanitaria causada por el COVID-19 y la ausencia de líderes mundiales que habían sido convocados por Emmanuel Macron para participar de un Foro de Género convocado por las Naciones Unidas.
El Presidente tomó la decisión después de una larga deliberación en Olivos, y a continuación escribió una carta personal a Macron para justificar formalmente las razones de la cancelación de su viaje de cuatro días a Francia.
“En el marco de esta difícil situación y teniendo en cuenta el gran esfuerzo del pueblo argentino para contribuir a combatir este flagelo que significa el Sars-CoV-2, lamento profundamente informarle que me será imposible participar de manera presencial en la apertura del ‘Foro Generación Igualdad’ el próximo 30 de junio en la ciudad de París”, explicó el Presidente a su colega francés.
No fue fácil para Alberto Fernández cancelar su viaje a Francia. El Presidente está agradecido a Macron por su respaldo a las negociaciones con el Club de París y el Fondo Monetario Internacional (FMI), y no quería faltar a una cita global que tiene aval de la ONU y ratificaba su propia mirada sobre la igualdad de género.
Pero al momento de la decisión final, Alberto Fernández consideró los costos en términos de política doméstica. No podía subirse a un avión y viajar a París cuando miles de argentinos están varados por su estrategia de aplacar la variable Delta del COVID-19 con una fuerte restricción a los viajes al exterior.
En este contexto, el jefe de Estado ya había acotado anoche el volumen de la delegación oficial, y hoy a la mañana decidió cancelar definitivamente el viaje. Pesó la opinión pública y la ausencia de una agenda robusta que justificara una visita de cuatro días a París.
Cuando aceptó la invitación de Macron, Alberto Fernández consideró la posibilidad de protagonizar encuentros bilaterales con Khamala Harris, vicepresidenta de los Estados Unidos, y Ángela Merkel, canciller de Alemania. El cálculo geopolítico era nítido: fortalecer las relaciones diplomáticas con la Casa Blanca y agradecer a la líder europea su respaldo a las negociaciones con el Club de París y el FMI.
Sin embargo, esa expectativa presidencial quedó en la nada. Harris anunció que no viajaba y Merkel adelantó que no iba a París y que tampoco tenía espacio en su agenda para recibir a Alberto Fernández en Berlín. Frente a estos dos hechos inexorables, el jefe de Estado empezó a analizar su decisión de concurrir -o no- al foro de igualdad de género convocado por Macron.

A la ausencia de líderes de peso en el Foro, se sumó la imposibilidad de anudar una agenda presidencial que pudiera satisfacer las expectativas personales de Alberto Fernández. El protocolo de la administración francesa limitaba las opciones, y tampoco había muchísima variedad para diseñar una gira que no quedara liviana frente al humor social que rechaza las últimas decisiones oficiales para enfrentar la variable Delta del COVID-19.
Alberto Fernández tenía prevista una audiencia con la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, dictar una conferencia en la Sorbone y mantener una charla a solas con el filósofo Edgar Morin, entre otras actividades protocolares. Muy poco, desde la perspectiva oficial, para justificar a un viaje a Europa cuando milles de argentinos se quedaron trabados por el último DNU que fija nuevas reglas contra la pandemia.
“Me hubiera encantado poder acompañarlo en este evento tan importante para la promoción de los derechos de las mujeres y niñas en el mundo. Conozco su compromiso y liderazgo en esta materia y usted los míos. Agradezco su amistad y el apoyo incondicional que ha brindado a mi país desde que asumí como Presidente de la Nación, demostrando su profundo interés por la Argentina y por América Latina, pero este agravamiento de la situación sanitaria me obliga a acompañar el esfuerzo de mi pueblo en el marco del respeto conjunto de las normas preventivas establecidas esperando una pronta mejora de la coyuntura actual”, completa la carta que Alberto Fernández remitió a Macron.
Lo único que espera el Presidente es que Macron no se ofenda por su decisión política. El jefe de Estado de Francia es clave para resolver las negociaciones con el Club de París y el FMI. Macron tiene un humor afable: hasta que se meten con su agenda de poder y su voracidad personal.
El Foro de Igualdad de Género era para Macron una oportunidad inédita para demostrar su perfil de liderazgo europeo -pensando en el retiro de Merkel- y probar en Francia que entiende los nuevos desafíos sociales del siglo XXI.
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