El relato de una dura experiencia personal y una fuerte crítica la Iglesia católica. La senadora de Juntos Por el Cambio Gladys González protagonizó uno de los discursos más emotivos en el debate por el proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE).
Gladys González votó a favor de la legalización del aborto en 2018 y lo volverá a hacer en la madrugada de este miércoles. En aquella oportunidad transitaba un embarazo de nueve semanas que a los pocos días terminó perdiendo. Por su postura había recibido críticas y amenazas de parte de fanáticos religiosos que, según contó, “rezaban para que me vaya al infierno”. Tras la pérdida de su embarazo, pensó que Dios la había “castigado por haber votado a favor la legalización del aborto”.
La senadora de Juntos Por el Cambio comenzó relatando que fue a un colegio religioso -”me bautizaron, tomé la comunión y la confirmación”-, que vivió en pensionados de religiosas y que solía frecuentar un centro del Opus Dei. “Crecí con el precepto de que debía llegar virgen al matrimonio y de que el sexo era fundamental para procrear”, describió su pertenencia a la iglesia, a la par que aclaró que no recibió educación sexual en la escuela.
Recordó que el 8 de agosto de 2018, en el anterior debate por el aborto legal, fue muy “difícil” por tratarse de ser ella una persona “con esta historia religiosa” que relató. “Hoy podría repetir todas y cada una de las palabras que dije en aquella ocasión, podría hacerlo porque nada ha cambiado, porque nuestras mujeres pobres siguen muriendo por abortos clandestinos, el Estado aún no logra llegar antes, prevenir y salvar las dos vidas”, continuó. Si bien afirmó que “se trata de políticas de largo plazo”, planteó: “¿Y mientras tanto qué?”
En ese sentido comentó que en estos dos años “nada ha cambiado”, salvo su experiencia personal”: “El 8 de agosto de 2018 estaba embarazada de nueve semanas de mi cuarto embarazo, tengo tres hijos y deseaba tener un cuarto hijo con todo mi corazón. Antes, durante y después de aquél debate, todos recibimos insultos y amenazas, recibí mensajes muy dolorosos de algunos de mis hermanos cristianos, diciendo que rezaban para que me vaya al infierno y que Dios me iba a castigar. El 10 de agosto de 2018, dos días después de aquella votación, perdí mi embarazo y por un instante pensé que Dios me había castigado por haber votado a favor de la legalización del aborto”.

Gladys González agregó que tras ese lamentable suceso, se refugió “en la oración”, y entendió no solo que la perdida “se debía a que tenía 45 años y mis óvulos eran demasiado débiles para volver a concebir, sino que entendí fundamentalmente que el Dios en el que creo, no es un Dios que castiga, es un Dios que ama, que es amor, compasión, esperanza”. Y en medio del recinto de la Cámara Alta, preguntó: “¿Ustedes realmente creen que es cristiano condenar a las mujeres que deciden interrumpir un embarazo? Yo no lo creo y no quiero hacerlo, no quiero criminalizar a las mujeres que siempre, siempre, están desesperadas, llenas de dudas y de tristeza cada vez que hay una mujer que decide interrumpir un embarazo”.
“Hoy quiero preguntarle a mi Iglesia, ¿No será hora que hagamos una autocrítica? de que nos preguntemos ¿Por qué tardamos tanto en entender la necesidad y la importancia de la educación sexual? ¿No será hora de preguntarnos por qué nuestras mujeres católicas abortan? ¿Mirarnos hacia adentro y preguntarnos qué estamos haciendo mal que el mundo se aleja cada vez más de nuestra fe y elije otras espiritualidades? ¿Por qué queremos imponer por ley algo que no pudimos hacer por nuestras propias enseñanzas religiosas? ¿Por qué queremos imponer castigo y criminalizar con la vara de nuestra religión, cuando no pudimos hacerlo con nuestra fe y nuestra oración para nuestros propios fieles?”, lanzó el duro cuestionamiento al catolicismo y arremetió: “De ninguna manera podemos querer imponer nuestra moralidad católica a todo el pueblo argentino y mucho menos podemos querer hacerlo cuando hemos fallado con nuestro propio precepto”.

“A pesar de nuestra fe, nuestra oración y nuestra doctrina hemos fallado porque hemos llegado tarde a entender la importancia de la educación sexual, del acceso al uso de los anticonceptivos. No logramos salvar la vida de ninguna mujer ni ninguna vida”, continuó la autocrítica y reclamó: “Seamos sinceros, parte de nuestra Iglesia católica se opone a la educación sexual y al uso de los anticonceptivos. A los que se oponen todavía les gana la mirada del castigo y la culpa, en vez del amor y la compasión. El castigo y la culpa solo traen más dolor y más muerte”.
Si bien ya se contabilizaba su voto como “verde”, González explicó: “Fui elegida para representar a todos los habitantes de mi provincia de Buenos Aires: a los católicos, a los judíos, a los evangelistas, a los no creyentes, a todos”.
“Estamos para sancionar leyes que garanticen el acceso a los derechos humanos, donde el Estado tenga un sistema de salud que proteja a las mujeres vulnerables de manera equitativa, donde la vida no sea un privilegio de las que puedan pagar y la muerte la condena por ser pobre. Se trata de la desigualdad y la hipocresía”, continúo el encendido discurso y cuestionó una vez más a quienes votarán en contra del proyecto: “¿Ustedes quieren criminalizar cuando es nuestra culpa no haber llegado a tiempo? debemos hacernos cargo como Estado y como Iglesia que llega tarde. Demos una respuesta no desde el castigo, sino desde la compasión y el amor para que no muera una sola mujer más, para poder tener una oportunidad de salvar las dos vidas”.

En ese sentido, agregó que “el aborto clandestino es un negocio, que apenas le interesa salvar una vida”. “La clandestinidad mata, no salva ninguna vida. Está comprobado al igual que esta ley no obliga a nadie a abortar”, enfatizó.
“El Estado que quiero, del que formo parte y del que soy responsable, debe responder no con el Código Penal sino con un sistema de salud equitativo, de puertas abiertas, con amor y compasión, solo así tendremos una oportunidad de salvar las dos vidas. Que sea ley”, concluyó en medio de aplausos por partes de sus pares.
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