
Alberto Fernández ejerce su cuota de poder en soledad y no hay un sólo integrante del Gabinete Nacional que influya al momento de la toma de decisiones. Sus ministros y secretarios de íntima confianza se enciman para cuestionar la agenda propia de Cristina Fernández de Kirchner, pero no median cuando el Presidente engrana una resolución personal que puede causarle un alto costo político.
A pocas horas de la muerte de Diego Maradona, el jefe de Estado puso la Casa Rosada a disposición de Claudia Villafañe para rendir un tributo histórico al ídolo popular. Villafañe dudó, pero al final aceptó con una condición sine qua non: todo se hacía bajo sus órdenes.
Alberto Fernández aceptó. Y no hubo un sólo ministro o secretario de Estado que interpelara la decisión presidencial. Todos se pusieron a disposición de Villafañe y sus hijas Dalma y Giannina, que durante 26 horas tomaron el control de Balcarce 50 y la agenda inmediata del jefe de Estado.
La familia de Maradona se refugió en el Salón de Pueblos Originarios y desde allí decidió quiénes podían ingresar a la sede del Poder Ejecutivo -la barra brava de Boca Juniors, sí; la última pareja de Diego, no-, y cómo sería el último adios al ídolo popular.
Villafañe planteó que el funeral no podía extenderse más allá de las cuatro de la tarde del jueves. Los ministros y secretarios más cercanos al Presidente -Santiago Cafiero, Juan Pablo Biondi y Julio Vitobello- consideraron que esa exigencia era de cumplimiento imposible.
El jefe de Gabinete y los dos secretarios de Estado calcularon que cerca de un millón de argentinos rendirían homenaje a Maradona, y que por lo tanto era imposible que se pudieran cumplir los reclamos de Villafañe en apenas diez horas de funeral.
Alberto Fernández oyó las advertencias de sus funcionarios de confianza, pero ya había cedido el poder de decisión a la familia Maradona. Villafañe estaba a cargo y se mostraba intransigente.

Cuando era obvió que el plazo del funeral no podía contener a los miles de argentinos que hacían las colas para ingresar a Balcarce 50, el Presidente logró que Villafañe aceptara prorrogar la ceremonia del adiós hasta las siete de la tarde. La autorización de la ex esposa de Maradona fue asumida como un respiro ante la tensión que ya se respiraba adentro y afuera de la Casa Rosada.
En este contexto, la debilidad del Gabinete Nacional afloró como un hecho político natural. Alberto Fernández tiene 21 ministros, y en plena batahola institucional -con la gente entrando por la fuerza a Balcarce 50- sólo tuvo a su lado a Cafiero y Eduardo “Wado” de Pedro, titular de Interior.
El Presidente -rodeado por Cafiero, De Pedro, Biondi y Vitobello-, y custodiado por una magra formación de la Policía Federal, enfrentó a cientos de personas que pujaban por entrar a la sede del Gobierno para despedir a Maradona. Había familias enteras que no paraban de llorar, pero también reconocidos barras bravas que siempre han desafiado a la ley y al orden.
En ese momento caliente del funeral, como había sucedido cuando se puso a disposición de Villafañe, no hubo un sólo ministro o secretario que frenara en seco al jefe de Estado. Alberto Fernández se ufana por su conducta dialoguista, una estrategia de disuasión política que podría haber terminado con un puntazo en la entrada de Balcarce 50.
El Presidente avanzó con la estatización de Vicentin y luego se arrepintió. El ministro Matías Kulfas sobrevivió. La toma de tierras se multiplicó durante la pandemia y el connotado Ministerio de Vivienda y Hábitat era un fantasma inerte. María Eugenia Bielsa fue renunciada. Dos crisis importantes, dos ministros en problemas. Escasa gestión y poco manejo político.
El funeral de Maradona desnudó la capacidad de Sabina Frederic. No estuvo en Casa Rosada hasta después de los incidentes y su peso administrativo se limitó a chatear o hablar por teléfono con Alberto Fernández y Cafiero.
La ministra de Seguridad estuvo ausente cuando el jefe de Estado pedía tranquilidad a los fieles de Diego, mientras los barras brava declaraban a la Plaza de Mayo zona liberada.
No hay una casualidad política. Cada crisis desnuda al ministro que no pudo resolver la coyuntura que le tocaba. Sucedió con Kulfas y Bielsa. Y el jueves pasado ocurrió con Frederic.
Alberto Fernández oye a sus ministros y secretarios de confianza, pero no escucha sus advertencias políticas. Resuelve en soledad y a la par cavila sobre la calidad de gestión de su gabinete y su relación en zigzag con Cristina Fernández de Kirchner.
El Presidente está golpeado por la muerte de Maradona. Y oyó las criticas sobre la actuación de la ministra de Seguridad. Por ahora no hará cambios de Gabinete.
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