Jorge Lanata: “El Gobierno miente cuando dice que va a vacunar en diciembre, si lo hace, será con vacunas no autorizadas”

El periodista subrayó que el mes que viene la vacuna no estará autorizada “ni siquiera por los que la hicieron”. El presente de los medios de comunicación, la gestión de Alberto Fernández y el recuerdo de su dura infancia, en una charla a fondo con Infobae

#Entrevista a Jorge Lanata - Política y actualidad

Son las cuatro de la tarde y Jorge Lanata espera a Infobae en su departamento, ubicado en una de las tres torres del Palacio Estrugamou, un hito arquitectónico ubicado en el barrio de Retiro. Al entrar al sexto piso, da la sensación de que se ingresa a un museo: cuadros, libros y adornos permiten, por momentos, abstraerse de la cotidianeidad.

Vestido impecable, el periodista de 60 años está sentado en su escritorio, en la misma sala en la que tiene, además, montado su propio estudio de radio. Sorprende su buen semblante luego de haber padecido varios y complejos problemas de salud durante los últimos años.

Distendido, el conductor de PPT ofrece agua y café, y propone comenzar la entrevista sin mucha conversación previa, “para no quemar temas”.

—¿Cómo te informás?

—Yo soy un periodista, no leo los diarios. No los necesito, se supone. Me informo hablando con la gente, hablando con mi propio equipo de periodistas antes de salir al aire, [me informo] con lo que leo en la red. Leo fuentes, también. Sigo viendo gente. Si yo necesito leer los diarios, estoy perdido.

—¿Por qué?

—Porque los diarios te cuentan lo que pasó ayer, y yo necesito saber lo que pasa ahora.

—¿Cómo ves a la televisión?

—Yo hago televisión, pero no veo televisión.

Tengo ahí un televisor inmenso y no lo enciendo. Veo en la computadora televisión, y en general veo canales de noticias, no veo televisión abierta. Mi programa no lo veo.

—¿Cómo ves a los canales de noticias?

Los canales de noticias no dan noticias. En general repiten las mismas boludeces del circuito informativo. Los veo porque tengo amigos laburando, qué sé yo...

Hay cosas que no hay que usar mucho para que tengan efecto. Vos no podés usar el “Último momento” todo el tiempo, porque entonces deja de ser primicia y termina siendo una estafa a los que te están mirando.

Lanata en su departamento en el Palacio Estrugamou
Lanata en su departamento en el Palacio Estrugamou

—¿No está muy editorializado el periodismo?

—Sí, totalmente. Mirá, yo lo digo con la lógica del diario, pero hacelo extensivo a cualquier cosa. ¿Cuál es la redacción ideal a la tarde? Una que está vacía. Porque la actualidad no está pasando en la redacción. La gente tiene que estar en la calle. Acá se hace periodismo telefónico.

Hoy se opina demasiado. Y yo no tengo problema con opinar, pero vos tenés que opinar desde los datos. No podés opinar porque se te ocurre. Lo que pasa es que ahí hubo un triunfo del panelismo. Digamos, el panelismo sería como una subespecie del periodismo. Son tipos que están ahí y que les garpan por hablar. En general ni siquiera ven el material antes. Es una locura. Opinan como la señora en la vereda que está ahí sentada y habla. Eso no es periodismo, lo lamento. Hay tipos que son panelistas que son periodistas, pero la gran mayoría, no.

Los panelistas son tipos que les garpan por hablar. Opinan como la señora en la vereda que esta ahí sentada y habla. Eso no es periodismo, lo lamento.

—¿La crisis económica afectó a los medios?

—Hay gente que tendría que haberse mandado a Rusia por lo de la vacuna. Bueno, yo no escuché nada, a ningún diario, nadie mandó gente a Rusia. Me parece que la crisis fue cercando cada vez más al periodismo.

—¿Solo es una cuestión económica o de comodidad, también?

—También es de vagancia. Pero, a ver, la vagancia está justificada en la economía. Las dos cosas son verdad.

—¿Y de los medios qué te da vergüenza?

—De la televisión me da vergüenza un poco que se cague en la gente, ¿no? Yo siempre digo que lo mejor que uno puede hacer es no ver televisión. Es mucho mejor leer un libro.

—Pero vos hacés televisión para que te vean.

—No, no, que no me vean. No me importa. O sea, a mí me gusta que la gente me vea. Pero no que estén viendo televisión todo el tiempo, ni tampoco estar en internet todo el día. Digamos, hay cosas que son mejores para hacer. Un libro te puede cambiar la vida. Un programa de televisión, no.

—¿Es cierto que no leés las entrevistas que te hacen?

—Sí. Una vez me inventaron una nota entera en Noticias. El título era: “Qué le pasa a Lanata”, y yo estaba con cara de hecho mierda, con una foto de archivo. Y empiezo a leer la nota y el tipo que escribe describe mi casa, claro, había estado, pero no para hacerme una nota, había estado. Y, entre comillas, declaraciones. Yo puteé.

En ese momento mi representante era Fernando Moya, y viene a mi casa y me dice: “Ahora sos verdaderamente famoso”. Y yo le preguntó por qué. “Porque no tenés que hacer nada para que hablen de vos”. Bueno, a partir de esa nota yo nunca más leí ninguna nota que me hicieron.

—¿Cómo es tu vínculo con la gente en la calle?

—Están los que me putean por política. Y hay otros que te dicen cosas increíbles, porque la gente es muy generosa. Esto pasa todo el tiempo. La gente quiere que te vaya bien, quiere que tengas un lindo coche, que vivas en un lindo lugar. No les importa, porque te quieren.

Hace mucho tiempo que a mí me dicen algo que particularmente me conmueve, que es “rezo por vos”. Pero ¿por qué a mí me conmueve? Porque me parece que me están dando algo de ellos. Yo me imagino a un tipo a la noche en la cama rezando y que en algún momento pide “por Lanata”, y yo digo “wow”. Eso es muy conmovedor.

#Entrevista a Jorge Lanata - Periodismo, medios y televisión

—¿Te darías la vacuna contra el COVID-19?

—Mirá, yo creo que las vacunas tienen que ser obligatorias, porque es una cuestión de salud pública.

—El Ministerio de Salud comunicó que no van a ser obligatorias.

—Me parece un error. El Gobierno primero se tiene que poner de acuerdo sobre qué quiere decir sobre lo de la vacuna. A ver, el Gobierno miente diciendo que van a vacunar en diciembre. Alguien lo tiene que decir.

¿Por qué digo que el Gobierno miente? A ver, no lo estoy diciendo porque se me ocurre. Rusia va a entrar en fase 3 recién en mayo del año que viene. O sea que si el Gobierno vacuna en diciembre va a dar vacunas no autorizadas ni siquiera por los que la hicieron. Yo no creo que sean tan irresponsables.

—¿Cómo lo ves al Presidente?

—Espero que dure este Alberto bueno que tenemos ahora. Pero no le veo mucha duración. Ahora parece que otra vez va a convocar a la gente. Yo no le creo nada.

—¿Por qué no creés en un futuro diálogo?

—Porque no tienen capacidad para convocar gente, porque ellos viven el diálogo como una pérdida de poder propio. No están acostumbrados a dialogar con nadie, y a los hechos me remito. Yo no creo que esto dure mucho.

—Cuando decís “no creo que dure mucho”, ¿a qué te referís?

—Que en algún momento, en esa dicotomía Alberto/Cristina, va a volver “el Alberto punk”, digamos.

—¿Cómo ves la comunicación del Gobierno?

—Horrible. Pero horrible, horrible. Alguien le tiene que decir a Alberto que pare de hablar primero. Doy un ejemplo concreto. Mirá, el otro día se solucionó limpio y muy bien la toma de Guernica. Estuvo bien, realmente estuvo bien, hubo un herido. Era un problema, podría haber habido hasta muertos. No pasó nada, todo bien. Después, el mismo día, se levanta lo de Grabois en Entre Ríos. Grabois hace su discurso, qué sé yo. Se termina. Al otro día, Alberto da una nota y dice que lo banca a Grabois. Explicame para qué.

—¿Qué te da vergüenza de la política?

—Que sean tan brutos. Y no es un problema de que estamos en el tercer mundo, porque, qué sé yo, los políticos uruguayos son mejores en cuanto al discurso y a las lecturas. Son brutos. Pero eso no es solo la política, eso es parte de la gente. Me da vergüenza que en Argentina no exista pasado, que todo el tiempo todo el mundo esté empezando, ¿me entendés? Eso pasa también en nuestra profesión, pasa en todo. Pero en los políticos…, es como que todo el mundo se olvida de todo, todo el tiempo, y que es posible cualquier cosa.

—¿Cómo estás de salud?

—Mucho mejor. Bajé mucho de peso. Desde hace ya meses, hago una hora por día de gimnasia. Hago kinesiología. Por supuesto con profesionales que vienen acá, porque si no yo no haría nunca nada. No tengo la disciplina. Lo hago por vergüenza a la gente que viene. Porque la gente está laburando y no la voy a cagar.

—En algún momento, ante todos tus problemas de salud, ¿te asustaste realmente?

—Me preocupé en un momento, antes del trasplante, de que me dijeran que existía una posibilidad, que era no muy alta, digamos, un 30%, de que me cortaran una pierna. Porque a vos el riñón —cuento esto porque la gente no lo sabe— no es que te lo sacan, te agregan uno, yo tengo tres riñones, uno de los cuales es de una mujer. Porque hicimos un trasplante cruzado con Sara. El riñón que tengo es de Norma. Bueno, cuestión que ese riñón yo lo tengo acá adelante, y te lo conectan a la pierna, a la vena de la pierna. Como mi circulación no es óptima ni mucho menos, los médicos me dijeron que eso podía pasar, y me preguntaron qué quería hacer. Cuando supe cuál era la probabilidad, les dije: “Hagámoslo”. Pero eso en un momento me preocupó.

Igual, va a parecer irresponsable lo que yo voy a decir, pero mientras a mí me funcione la cabeza, todo lo demás no me importa. Obviamente que prefiero tener dos piernas y dos brazos.

—¿Con el tema del COVID y la pandemia cómo te llevas?

—Cero paranoico, no me voy a contagiar. Decidí que no me iba a contagiar. Yo sé que esto está mal, es voluntarista, es un error, pero no me voy a contagiar.

—Fuiste adicto a la droga durante más de diez años, ¿te acordás cuando fue la primera vez que consumiste?

—Sí, lo que pasa es que no puedo contar con quiénes porque son personas públicas.

—Ok. Reservemos las identidades, ¿te acordás del contexto?

—Fue en una quinta, con un músico y una mujer.

#Entrevista a Jorge Lanata - Íntimo

—¿Qué recordás de tu infancia?

—Tuve una infancia de mierda, porque cuando tenía 6, 7, años mi mamá le detectaron un tumor cerebral. Ella estuvo cincuenta años con un lado del cuerpo paralizado y sin poder hablar. O sea que durante mi infancia fui un exiliado de mi casa, porque me mandaron a lo de mi tía y mi abuela. Yo iba a mi casa de visita a la mañana, al mediodía, a la noche, después, al mediodía solo, a la noche.

Igual descubrí una cosa, que debe ser también una especie de consuelo, que mucha gente que logra algo en la vida en el área que sea tuvo una infancia de mierda. Y eso debe tener que ver con la capacidad de sobrevivir. A mí me parece que también hay algo parecido con respecto a la inteligencia.

—¿Cómo sería con la inteligencia?

—Viste que siempre dicen que las minas lindas no son inteligentes. Las minas lindas no necesitan ser inteligentes. Porque a las minas lindas les abren la puerta. Entonces, las que necesitan ser inteligentes son las otras. Yo creo que la inteligencia es como un músculo, si te alimentan cuando sos chico y tratás de sobrevivir, ayuda a la inteligencia, también. Me he encontrado muchas veces con historias de mucha gente que nosotros hoy nombramos públicamente, que cuando indagás, tuvieron una infancia de mierda.

—¿Cuándo sentiste que ya no estabas sobreviviendo?

—Yo tenía una imagen en mi cabeza, que no sé de dónde me salió, que es que en un momento sentía que yo estaba sacando la cabeza del agua. ¿Viste que cuando vos sacás la cabeza del agua sentís que te pasan las gotas por la cara?, Yo sentía eso, lo sentí por mucho tiempo. Y eso coincidió con Página 12. ¿Por qué? Yo era muy chico, yo pensaba que sí sabía hacer un diario, y no tenía idea. Aprendí a hacer un diario haciéndolo. Pero al año de Página, la revista Times nos dedicó la página de medios. Y antes de eso, el diario Liberation, de Francia, también. Mi tía no sabía qué era Times, mi tía conocía Gente, Siete días, Para ti.

Yo nací en Mar del Plata, pero me crié en Sarandí, en una casa de clase media baja, en la que no había biblioteca. La primera biblioteca que yo vi fue la de mi tío, que vivía en otra casa. Mi padre estudió odontología y dio libre la mitad de la carrera, o sea, no vengo de una familia de plata. Y para mí eso era como sacar la cabeza.

Yo ahí tuve por primera vez la sensación de que siempre iba a trabajar de esto. Yo esa seguridad no la tenía antes, porque yo no nací en un huevo en el escritorio de Página 12, yo traté de laburar en un montón de lados, me hicieron esperar en la sala de otro montón, no me atendieron, me echaron de otros lugares. Me decían que mis notas eran una mierda. Fui cronista, fui redactor, fui jefe de sección, fui jefe de redacción y fui director.

—¿Y hoy quién sos?

—Lo que pasa es que yo llegué, en el caso del periodismo gráfico, muy rápido al tope de mi carrera. O sea, yo a los treinta años era director de un diario. Entonces, ahí podía pensar: “O soy Bartolomé Mitre y me quedo como director y vivo de esto, o me voy”. Y lo mío fue irme. Quemé todo y me fui para otro lado.

—¿Qué es lo que no te puede faltar a vos en tu vida?

—Una hoja y un marcador Pilot grueso. No…, te diría una computadora.

—Hablemos un poco del Jorge hombre. ¿Cómo estás?

—Me siento un boludo diciendo estas cosas. ¿Sabés qué pasa? Yo trato de no hablar.

—Pero… ¿por qué te sentís un boludo, te da vergüenza?

—Yo trato de no hablar de eso porque prefiero que esa puerta no se abra. Porque después, si la abrís, nunca sabés cómo termina. Después la gente te pregunta “cuántos polvos te echaste”. Hay cosas que no se hablan. El hecho de que yo sea público no quiere decir que sea público en todo.

—Te lo preguntaba desde el punto de vista de un hombre de tu edad, si sentís deseo de tener una pareja, una compañera de vida, amigas...

—Me encantaría… (risas) Yo ya circulé mucho.

—¿Y ya no querés circular más?

—Yo prefiero estar con alguien, y ojalá por mucho tiempo. A ver, es lindo estar enamorado, está buenísimo, lo que pasa es que no te pasa siempre. Y seguro que no te pasa cuando lo buscas. Te pasa por azar. Te pasa porque lo encontrás, no lo buscás. Uno persigue mucho en la vida. Yo me pasé persiguiendo años. Y nunca encontrás nada cuando perseguís.

—Cambiando de tema, ¿cómo te llevas con la plata? ¿Sos de ahorrar?

—No, soy un desastre con la guita. Soy un desastre. Cuando yo me di cuenta de que yo entendía cómo hacer para generar guita, me dejó de preocupar la guita. Entonces, yo gano bien, gano muy bien, pago una cantidad de impuestos increíbles para que se lo gasten en cualquier cosa, pero nunca llego a ahorrar. Hoy si dejara de laburar podría vivir nada, seis meses.

Yo tuve departamento, lo vendí, quebré, en un momento tuve que elegir, en Veintitrés, si quebraba la revista o quebraba yo, y quebré yo y la revista siguió. Empecé todo de cero. Mirá, cuando yo estuve mal, nunca tuvo que ver la guita que yo tenía, y cuando yo estuve bien, nunca tuvo que ver la guita que yo tenía. Entonces, la guita es un instrumento, nada más. Si la guita es un fin, sos un pobre tipo.

—Creo que la gente en general no se esfuerza. Primero, porque muy pocas veces se anima a hacer las cosas. La gente a veces dice: “No, yo no voy a hacer cualquier cosa, porque me va a ir mal”. Y no lo hace. Yo creo que el mundo se divide entre los que se animan y los que no se animan. ¿Por qué la gente no se anima? Por miedo al fracaso. La gente no entiende que no pasa nada si fracasás. Yo fracasé un montón de veces. Lo importante es levantarte cuando fracasás. Existe un discurso tan autoritario del éxito, de que te tiene que ir bien, de que tenés que tener equis cosas, y no es así. O sea, probá, comprometete realmente con lo que querés. Yo cuando no podía laburar de periodista, en la dictadura, me fui de Radio Nacional, laburé de mozo. No pasa nada. Laburé varios años de mozo. ¿Y qué? ¿Sufrió la literatura argentina porque yo era mozo? No. Después, traté de entrar a un medio otra vez. Ahora, no pienses, cuando estás empezando, que sos Ford Coppola y te quedes esperando a que te llamen, porque no te van a llamar, vos tenés que romper las bolas hasta entrar.

Yo fracasé varias veces. Laburé de mozo varios años. No pasa nada. ¿Y qué? ¿Sufrió la literatura argentina porque yo era mozo?

Ping Pong

#Entrevista a Jorge Lanata - Ping pong

—Maradona.

—Cuando yo vi la foto de la casa de Diego en Fiorito pensé es un milagro, que todavía el tipo siga caminando por la calle y piense y siga. Porque ser Maradona no debe ser fácil. Entonces entiendo casi todo lo que le pasó. Tanta popularidad, tanta presión, tanto negocio alrededor, tanto hijo de puta que vive de él.

Yo le diría que se cuide, que no esté con tanta gente alrededor. Yo sé que es difícil, porque cada uno tiene su séquito. Es mejor tener gente que te putea. Le diría que se junte con la poca gente que le dice la verdad.

—El papa Francisco.

—Peronista.

—Alberto Fernández.

—El secretario de Cristina.

—Cristina.

—La jefa del rancho.

—Horacio Rodríguez Larreta.

—Un tipo que quiere ser presidente desde que nació. Me parece que el juego a nivel nacional es distinto, que tiene que aprender a jugarlo, pero hoy es el candidato, sí, de Juntos por el cambio.

—Ginés González García.

—Un chanta.

—Santiago Cafiero.

—Me cae bien, pero no está en el lugar… O sea, ese lugar no es para él. No alcanza con que seas joven y te llames Cafiero.

—Mauricio Macri.

—Macri a veces está y a veces no está. Creo que tiene que decidir si quiere estar o si no quiere estar. Yo creo que le conviene salir de la vida pública, de la vida política, y entonces puede viajar a cualquier lado y nadie le va a romper las pelotas.