
Alberto Fernández avanzó contra Mauricio Macri para apaciguar ciertas críticas internas a su agenda política, que no termina de convencer a Cristina Fernández de Kirchner y sus aliados políticos en el Congreso y el Gabinete Nacional.
La vicepresidente tiene un odio visceral sobre Macri, y muchas veces cuestionó la languidez del Presidente para tratar al líder de Juntos por el Cambio. La embestida de Alberto Fernández contra su antecesor fue elogiada en la Cámara de Senadores y este enfrentamiento con la oposición puede enterrar la Reforma Judicial en Diputados.
En los últimos días, el Presidente remozó su agenda política para atenuar las críticas palaciegas a su programa de Gobierno. La decisión de congelar las tarifas de la telefonía celular y fija, internet y la televisión por cable, además de intervenir en la conformación de los precios por las empresas privadas, fue reivindicada por Cristina Fernández y su entorno.
Alberto Fernández no anticipó la jugada a su Gabinete, sorprendió a las compañías que brindan esos servicios esenciales y puso en falsa escuadra a Martín Guzmán. El ministro de Economía ya está negociando con el Fondo Monetario Internacional (FMI), y una decisión intervencionista de semejante magnitud significó una emboscada ideológica para Kristalina Georgieva y su staff técnico.

Junto a la decisión de avanzar contra las empresas privadas de telefonía, internet y cable, Alberto Fernández hizo otro gesto político para consensuar ciertas diferencias de agenda con Cristina Fernández de Kirchner. Almorzó ayer con Anabel Fernández Sagasti, vicepresidente del bloque de senadores peronistas, y una ejecutora directa de todas las estrategias políticas que fija CFK en la Cámara Alta.
Fernández Sagasti, con su contertulio Oscar Parrilli, incorporaron la enmienda contra los periodistas que está en el artículo 72 inciso e) de la Reforma Judicial. Esa modificación del proyecto oficial se hizo a espaldas de Alberto Fernández y su ministra de Justicia, Marcela Losardo, que se enteró por una llamada telefónica cuando el dictamen ya estaba firmado por la totalidad de los senadores peronistas.
Durante el almuerzo con Fernández Sagasti se trató la posibilidad de mantener la “Enmienda Parrilli”, pese a que el Presidente no coincide con su espíritu y ya la consideró una disposición “ociosa”. Para evitar un nuevo roce con CFK, el Presidente estaría dispuesto a aceptar que el esperpento redactado por Parrilli permanezca intacto en el artículo 72 inciso e).
En este contexto, si el proyecto llega alguna vez al recinto de Diputados, la “Enmienda Parrilli” se eliminaría junto a otras disposiciones jurídicas que no son compartidas por la oposición. Es decir: Alberto Fernández aceptaría in totum todas las modificaciones que hizo el kirchnerismo a su iniciativa oficial, y luego buscaría cerrar un acuerdo con Juntos por el Cambio para reformular la media sanción dada en el Senado con los propios votos de la bancada peronista.

El plan de Olivos para sancionar la Reforma Judicial en Diputados es, al menos, incierto. Alberto Fernández castigó con vehemencia a Mauricio Macri, y sus socios políticos cerraron filas detrás del ex presidente, al margen de sus responsabilidades institucionales, sus miradas ideológicas o sus sueños de poder.
Juntos por el Cambio asume que si Alberto Fernández se animó a pegarle a Macri, no tendrá inconvenientes en continuar con Rodríguez Larreta, Elisa Carrió o Alfredo Cornejo, tres líderes clave de la oposición política. Macri ahora ocupa el centro de la coyuntura mediática, y ya consensuó con sus aliados que la Reforma Judicial debe encallar en Diputados si el Presidente no se aviene a un acuerdo con la oposición.
Alberto Fernández trazó una hoja de ruta que lo acercó a CFK y lo alejó de su programa político original que implicaba consenso con la oposición y una fluida relación institucional con las empresas nacionales y extranjeras.
El Presidente protagoniza ahora un juego de suma cero: crispó su relación con Juntos por el Cambio, aceptó modificaciones a la Reforma Judicial que no comparte y ya enfrenta una fuerte crítica en Estados Unidos y la Unión Europea por su decisión de intervenir en las compañías de telefonía y cable.
Todo es pura ganancia política para Macri y CFK, que otra vez ocupan el centro del tablero.
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