No son días sencillos para el presidente Alberto Fernández: a las enormes dificultades que tiene por los efectos de la pandemia y la caída de la economía, se le suma el avance del “fuego amigo” que hace arder la interna creciente de la coalición gobernante.
Desde que llegó a la Casa Rosada, periódicamente se alzan voces de integrantes o aliados del Frente de Todos que cuestionan algunas actitudes del jefe de Estado y no hacen más que esmerilar su imagen, en un doble golpe de efecto porque a la vez realza la autoridad de Cristina Kirchner como conductora del espacio.
El disparador de las críticas esta vez fue el acto por el 9 de julio que el mandatario encabezó en la Quinta de Olivos, donde reunió a destacados hombres del mundo de los negocios que componen el G6 para dar un mensaje de unidad y expresó su rechazo al “discurso único” y a los “odiadores seriales”.
El contragolpe llegó desde distintos flancos y tuvo una contundencia inusitada: el lunes, Hebe de Bonafini difundió una dura carta en la que manifestó su decepción porque el Presidente “sentó en su mesa a todos los que explotan a los trabajadores y trabajadoras y a los que saquearon el país”.

Pareció la continuidad de una saga que había comenzado un día antes, cuando Cristina Kirchner destacó un artículo del periodista Alfredo Zaiat que señalaba a los empresarios que participaron en el acto como opositores al “proyecto de desarrollo nacional”, quienes desde hace años son “los protagonistas principales de las grandes crisis pero no las padecen en toda su dimensión; más bien se benefician porque aumentan la concentración y centralización del capital”.
En ese contexto, esta mañana se sumó la opinión de Nora Cortiñas, quien quiso tomar distancia de los dichos de Hebe de Bonafini al decir que no siguió la reunión ni sabe quiénes estuvieron, pero terminó con un cuestionamiento al jefe de Estado: consideró que Fernández “tiene libertad de manejarse y decidir con qué personas se reúne”, pero advirtió que “el límite son los genocidas; si se sienta en la mesa con ellos, seguramente haremos alguna advertencia. Me duele cuando elogia de más a las Fuerzas Armadas”.
La referente de Madres de Plaza de Mayo -línea fundadora- diferenció entre los militares y otras personas que participaron de la Dictadura, señalando que “si tiene que excluir a políticos y civiles que fueron cómplices de la dictadura cívico militar tiene que separar a medio país”, pero después pronunció una frase explosiva que impacta de lleno en el equipo de Alberto Fernández.
“Durante el terrorismo de Estado había civiles que participaban de ministerios. Es así, desgraciadamente... También hay ministros que participaron en asesinatos, como los de Kosteki y Santillán, pero bueno, son ministros... no pasaron por la Justicia”, analizó con crudeza en diálogo con Fabián Doman por radio La Red. Al ser consultada sobre si se refería al canciller Felipe Solá, no titubeó: “Sí, sí, efectivamente. Entonces, imaginate que para hacer una limpieza tenés que meter preso medio gabinete...”. Repreguntada sobre los funcionarios actuales, reafirmó: “Uno es Felipe Solá. No digo de este Presidente, pero tuvimos gabinetes con personas que estuvieron implicados”.
“¿Por qué te crees que no salen los archivos para decirnos que pasó con nuestros hijos e hijas desaparecidos? No salen los archivos, porque si no sale a la luz infinidad de civiles que apoyaron el golpe y que juraron el cargo que les otorgaron con las manos en la Biblia. Ahora también hay personajes que estuvieron reprimiendo”, concluyó.
Esta no es la primera vez que Cortiñas apunta contra el jefe de Estado: en febrero, a poco más de dos meses de la asunción del mandatario, lo llamó “negacionista” por haber pedido -en un acto militar- “dar vuelta la página” en la relación con las Fuerzas Armadas. Un rápido movimiento interno del kirchnerismo propició un pedido de disculpas oficial y se acordó una tregua.

Las enfrentamientos en la cúpula del poder político, desmentidas o minimizadas una y otra vez por el Presidente y su entorno, se vuelven cada día más evidentes y quedan expuestos ante los ojos de la opinión pública. Ayer mismo, Julio De Vido salió a respaldar la carta de Hebe de Bonafini y terminó protagonizando un feroz enfrentamiento con Juan Grabois en las redes sociales.
Este nuevo frente de tormenta se abrió cuando todavía no cerraron las heridas que abrió la fallida expropiación de la empresa Vicentin: el ala más dura de la coalición gobernante no digiere la marcha atrás del Presidente en este tema -“Yo me equivoqué, pensé que iban a salir a festejar”, dijo- y todavía lanza mensajes para intentar que no se descarte el avance sobre la compañía agroexportadora.
La senadora Anabel Fernández Sagasti -cercana a Cristina Kirchner-, quien fue presentada como autora del proyecto original, volvió en las últimas horas al centro de la escena para advertir que este asunto no está concluido: “El Presidente ratificó que expropiar Vicentin es una vía que evita su colapso. Escuchamos muchas voces, pero nadie trajo alternativas ni nada en concreto”, avisó en El Destape.
Por lo pronto, Alberto Fernández optó por bajarle el tono a la discusión que explotó tras la carta de Hebe de Bonafini: el mandatario consideró que las críticas fueron hechas “desde el afecto recíproco” y aseguró que a su mesa se sienta “gente de empresas grandes, medianas y pequeñas, trabajadores y trabajadoras, movimientos sociales, estudiantes, jóvenes y científicos”. “Todos y todas, porque esa es mi responsabilidad. “Mi compromiso fue y es el de siempre: con los que menos tienen”, concluyó. El texto presidencial tuvo una respuesta escueta de las Madres de Plaza de mayo: “Su respuesta nos alienta a seguir luchando”.
Atento a la virulencia de las discusiones y a la grieta que ahora ya no es solo con la oposición, sino interna, el ministro de Defensa Agustín Rossi entendió que era necesario salir a pedir calma: “Desde mi lugar de militante, con respeto, les digo a mis compañeros/as que hoy la tarea más importante es bancar a Alberto (Fernández). Con corazón y con cabeza. Por historia y por futuro. Simple y contundente”.
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