Fernando
Fernando "Chino" Navarro (Joaquin Pedroso)

Fernando “Chino” Navarro es uno de los hombres de confianza que tiene Alberto Fernández. Está en el circulo más cercano Presidente, fue uno de los dirigentes que trabajó en el armado de la estructura gubernamental durante las semanas posteriores al triunfo electoral y, en lo formal, es el secretario de relaciones políticas y parlamentarias del Gobierno. Es, además, uno de los líderes del Movimiento Evita, uno de los movimientos sociales más grandes que tiene la Argentina.

En diálogo con Infobae, analizó el impacto de las medidas que el jefe de Estado tomó para frenar la circulación del coronavirus, el parate brusco que sufrirá la economía y la forma en la que el Estado debería llegar a los sectores más vulnerables de la sociedad. Durante la entrevista dejó un mensaje claro: “Es imposible afrontar una cuarentena sin pagar costos económicos”.

-Llevamos 10 días de cuarentena. ¿Cuál es la evaluación que hacen en el Gobierno con respecto a los resultados del aislamiento y las medidas que tomaron para enfrentar la pandemia?

-Todo indica que la decisión fue correcta y oportuna. La cuarentena se está cumpliendo en un 95%, según el sector social donde te toque cumplirla. Es más difícil hacerla en los barrios humildes, por razones de hábitat, espacio y ventilación. Pero el conjunto de la sociedad comprendió la importancia de la cuarentena. Y eso es bueno porque habla de que el Presidente ha interpretado lo que la sociedad requiere. Después aparecen problemas nuevos, que no estaban previstos.

-¿Cuáles?

-Decidís una ayuda para reforzar el ingreso de los titulares de la AUH, los jubilados y los titulares de programas sociales, y la estructura de gestión bancaria, pública y privada no está preparada para poder resolverlo. En el marco de la cuarentena tomas conciencia de que hay un millón de personas que no tienen tarjeta. Hay que repensar cómo les pagas lo que les corresponde, si por correo o por tecnología. Hay situaciones que van apareciendo, que en la urgencia de la pandemia, no fueron pensadas.

-Cuestiones de logística.

-Sí. De logística y de un país que se viene deteriorando. Argentina tiene un Estado que está en retroceso desde el año 1976. Hubo momentos donde ese retroceso se paró. Incluso, el Estado se fortaleció. Pero nunca pudimos volver a ese Estado de la década del 70′, donde era sinónimo de bienestar. La ausencia de ese Estado y una pobreza del 40%, con una pobreza estructural del 20% o 25%, hace que todo sea mucho más difícil. Estamos jugando un partido inesperado, con un adversario no previsto, en una cancha que no es favorable para los argentinos ni para el Gobierno. En ese marco, la decisión de la cuarentena fue correcta. Fue una gran decisión de Alberto Fernández, que además tuvo el criterio de consultar con los gobernadores, intendentes, empresarios, y todos los actores de la vida pública. Y, especialmente, con los especialistas. Es una decisión política sustentada con datos científicos.

-¿La toma de decisiones pasa exclusivamente por Alberto Fernández o es consensuada con el resto de los integrantes del Gobierno?

-Alberto Fernández tiene la palabra final. Pero consulta. Habla con una persona de a pie, con un gobernador, con un intelectual, con un empresario. Convoca reuniones. Interactúa con la sociedad civil. El sistema argentino es presidencialista, con una autoridad consolidada y concentrada en el Poder Ejecutivo. Alberto ejerce esa autoridad y hoy tiene un consenso social importante. Eso no significa que decida solo, que no consulte, que lo haga a espaldas de la realidad. Todo lo contrario. Interactúa permanentemente con la realidad.

El dirigente del Movimiento Evita recorrió los barrios más pobres de La Matanza
El dirigente del Movimiento Evita recorrió los barrios más pobres de La Matanza

-¿El costo económico y social frente a la extensión de la cuarentena es un temor con el que convive el gobierno nacional?

-Toda la situación genera temor. Seríamos locos si no tuviésemos temor. Antes de la pandemia la situación socioeconómica de la Argentina era muy complicada. Una deuda impagable, 40% de pobres, recesión, inflación. En ese marco, la pandemia, agrava toda la situación existente. El Gobierno prioriza la salud de los argentinos. De una Argentina desigual donde no es lo mismo la cuarentena en Caballito que en Fiorito. Esa decisión de priorizar la salud tiene costos económicos. La situación genera temor. El tema es superar el temor, que no te paralice, que no te empuje al caos. Sino que te ordene y que te haga resolver con frialdad y sin perder el concepto de solidaridad.

-¿Se refiere a las medidas económicas para tratar de ayudar a los sectores más humildes, a los trabajadores informales o a la clase media?

- Sabemos que no lo vamos a resolver con 10.000 pesos, congelando los alquileres o tomando una serie de medidas para beneficiar al pequeño y mediano empresario. Buscamos que no se caigan de la mesa, que no salgan del mapa. Terminada la pandemia, que llevará un tiempo, no me animo a decir cuánto, vendrá otra etapa que es reconstruir la Argentina. Para reconstruirla vos tenes que tener actores que queden, aunque sea, en la cancha. De rodillas, tirados, de pie. Pero en la cancha económica. Ahí deberíamos reconstruir.

-¿En el Gobierno analizan cuál es el límite para mantener el aislamiento en base al daño económico y el gasto social que debe afrontar el Estado?

-Es día a día. Tenemos que manejarnos en la dinámica de la pandemia. Y para recuperar y reconstruir la economía necesitamos argentinos vivos. Por eso la prioridad es la salud. No hay una contradicción entre salud y economía. Se tienen que articular. Lo único que hoy es más importante la salud, que la economía. Eso no significa que dejemos de lado a millones de trabajadores. Por eso las medidas para monotributistas y para trabajadores informales. Es un auxilio, un paliativo. Importante, pero no deja de ser un paliativo. El gobierno lo sabe, Alberto lo sabe.

-En Brasil el presidente Jair Bolsonaro pide que el país siga activo y sostiene que el coronavirus no es tan importante. Una postura similar expuso Donald Trump en Estados Unidos, aunque en los últimos días empezó a tomar más medidas. ¿Qué mirada tienen en el Gobierno sobre lo que hacen esos dos países?

-A mi lo que me preocupa es que en Estados Unidos hay ciudades y estados que van en dirección contraria a lo que hace el Presidente. Y en Brasil, lo mismo. El presidente Bolsonaro está enfrentado con las decisiones de los gobernadores de Río de Janeiro y San Pablo. Dos estados claves. Espero que Brasil lo pueda resolver y que Estados Unidos también, porque hay en juego vidas. En Argentina todos estamos en el mismo barco. Y Alberto Fernández es el capitán de ese barco.

El
El "Chino" Navarro es uno de los dirigentes más cercanos a Alberto Fernández

-¿Están en juego dos teorías para enfrentar la pandemia. Una, la que aplica Argentina, en la que se decide un aislamiento social estricto, y otra, como en Brasil, que sostiene que lo mejor es dejar que el virus circule para que la gente se inmunice?

-Puede ser. El Primer Ministro inglés (Boris Johnson) tomó una decisión similar a la de Trump y Bolsonaro, y tuvo que retroceder. Todo indicaría que la cuarentena es efectiva, que hay que priorizar la salud de un pueblo y pagar costos económicos. Es imposible afrontar una cuarentena sin pagar costos económicos. ¿A quién debe ayudar el Gobierno? A los más débiles, a los más frágiles. Que no son solamente los millones de argentinos que viven en las periferias de todas las ciudades del país. También hay que ayudar los sectores de clase media baja y clase media.

-¿Cómo quiénes?

-A una señora que tiene un centro de belleza en Caballito o un señor que tiene un restaurante en Almagro, o alguien que tiene un negocio de ropa en Palermo. A esas personas el Gobierno las va a tener que ayudar. Incluso, la decisión de congelar los alquileres, a lo mejor, dentro de un tiempo, es insuficiente. No va alcanzar con congelar los alquileres. Vamos a tener que inventar otras medidas si la crisis de la pandemia se mantiene y se profundiza.

-¿Dentro del operativo sanitario que lleva adelante el Gobierno, cuál es el objetivo más próximo? ¿Tratar de multiplicar la cantidad de test, preparar más camas de terapia intensiva, fortalecer el control del aislamiento?

-Todo es importante. Es importante que tengamos más camas. Es importante que tengamos más elementos técnicos para poder prevenir. Desde respiradores hasta test, para poder determinar si estas contagiado de la pandemia o no. Es importante una articulación, en la que aún estamos a mitad de camino, en las grandes ciudades, entre municipios, organizaciones no gubernamentales, como puede ser Cáritas, y las organizaciones sociales. Tiene que haber más coordinación. Tiene que haber un comité de crisis que funcione, porque eso permite una mejor radiografía de los sectores más humildes.

-Es parte del Movimiento Evita, ¿Cuál es el mensaje que reciben de los barrios más humildes?

-Este fin de semana estuve en Puerta de Hierro y San Petersburgo, La Matanza. También estuve en La Tablada. Hay una cuestión que a los políticos nos cuesta articular. Es la institucionalidad y los lugares adónde no llega. En esos barrios no llega. Tenemos que buscar la forma de poner en valor ese capital social de Argentina, construido en las últimas dos décadas, que son los curas de los barrios humildes, las iglesias evangélicas, los comedores y las organizaciones sociales, que con muchas dificultades le dan de comer a miles de personas en todo el país. Ahí el Estado llega tarde. Esa Argentina no institucional, esa Argentina que ahora es visible pero que muchas veces fue invisible, tenemos que empoderarla. Necesitamos de esos actores sociales.

-¿Qué rol está jugando la comunidad religiosa en la contención y concientización en los barrios más pobres?

-Están los curas, Cáritas, Aciera, que es la Alianza Cristiana de las Iglesias Evangélicas. Las dos instituciones deben tener miles de comedores en todo el país. Que funcionan con aportes del Estado, pero, sobre todo, con aportes de los vecinos de cada barrio. Son el capital social que desde el Gobierno debemos empoderar porque es el único instrumento que tenemos en esas barriadas. Porque los municipios no llegan. Pero no porque son malos los intendentes. Un intendente tiene 500 mil, 700 mil personas a cargo. Es imposible que llegue a cada rincón. Los intendentes hacen lo que pueden, hacen malabares. Pero no llegan.

Alberto Fernández decidió extender la cuarentena hasta las pascuas para seguir combatiendo al coronavirus
Alberto Fernández decidió extender la cuarentena hasta las pascuas para seguir combatiendo al coronavirus

-En esta situación de crisis se pone en valor el engranaje que tienen los municipios donde están las iglesias, los comedores, los clubes de barrio, los referentes sociales.

-Así es. Estamos un poco atrasados, pero lo vamos a resolver. Porque nadie nos dijo hace 2 meses o hace 8 meses que se venía una pandemia. Nosotros estábamos preparados para una situación socioeconómica grave. A esta situación, que ya pasó de grave a gravísima, se le suma la pandemia , que es global. Que no paraliza la economía argentina, paraliza la economía del mundo. Lo importante es tener vocación de aprender y reconocer que la institucionalización es limitada.

-Mantuvo reuniones con empresarios en los últimos días. ¿Cuál es el escenario al que más le temen?

-Yo me he encontrado con empresarios, algunos de ellos de empresas muy importantes, y encontré sensatez. No es que coincido en todo lo que plantean, ni ellos coinciden conmigo. Encontré una actitud de repensar la realidad global pero, sobre todo, la Argentina. De entender que se debe barajar y dar de nuevo. Muchos de ellos colaboraron con acciones de comedores o del Estado. Veo una actitud distinta a la que veía en octubre y noviembre. Todos tenemos una mirada distinta del mundo y de la sociedad. Ya no vemos al otro como un enemigo o un adversario.

-¿Ese es el cambio que nota? ¿Qué todos son parte de una misma causa en este momento?

-Estamos todos en el mismo barco. Para que este barco no se de vuelta o no se hunda, para que no nos ahoguemos, tenemos que convivir y, desde la sensatez y la solidaridad, llegar a acuerdos mínimos. Si los argentinos tenemos la inteligencia de leer lo que ha pasado en el mundo, y lo que nos ha pasado a nosotros, quizás podamos reconstruir la Argentina desde un lugar mucho más justo, donde el bien común sea el parámetro. Donde cada uno tenga su riqueza. Pero con el compromiso que no podemos tener un país con el 40% de pobres.

-¿Qué espera y qué necesita el Gobierno de los empresarios?

-A mi no me gustó la decisión de Techint de echar empleados. Estoy seguro que tiene problemas económicos y financieros, más allá de que es una súper empresa y es un grupo económico argentino con presencia internacional. Pero tendría que haber entendido la crisis y haber puesto el pecho. Espero que lo reviertan, que recapaciten. El Estado tiene que ir al auxilio de un bar con 3 mozos, de un kiosco o de un mercado con 5 empleados. Pero de grandes empresas que se han consolidado y que tienen una proyección global, me gustaría una acción más valiente, más acorde al momento de la crisis.

-¿Qué piensan para el día después del final de la pandemia?

-Alberto Fernández interpeló a los líderes del mundo durante el encuentro con el G20. Les hizo un planteo. Y no porque se la sepa todas. Porque es sentido común. Lo viene diciendo el Papa y la propia realidad. Construyamos una sociedad más justa, más equitativa. Donde el bien común sea parámetro. El día después se está pensando sobre esos parámetros. Después hay que tomar medidas concretas. Sobre las pymes, las grandes empresas, nuestra alianza estratégica con la economía agropecuaria. Sobre como bajamos la informalidad gradualmente y cómo achicamos la cantidad de pobres.

-¿En este momento por la situación que se dio con la pandemia, por la forma en la que el Presidente decidió encarar la toma de decisiones, incluyendo a gobernadores de todos los espacios políticos, podría ser considerado el comienzo de un camino para cerrar la grieta política que viene aturdiendo a los argentinos?

-Alguna vez dije que no creía que hubiese una grieta. Porque una grieta es un abismo donde nos caemos. Lo que creo que hay en Argentina, y se ha descubierto que el mundo también es igual que Argentina, es una gran inequidad. Una gran injusticia. Me parece que el diálogo, el consenso, aún con discusión y diferencias, permite construir, en este caso será reconstruir, una sociedad más justa. Creo que Alberto Fernández está interpretando lo que piensan la mayoría de los argentinos.

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