
En 1976, el gobierno mexicano de aquel entonces, presidido por Luis Echeverría, salvó la vida del ex Presidente Héctor Cámpora al abrirle las puertas de su representación en Buenos Aires.
Entre las primeras órdenes de captura que emitió la Junta Militar el 24 de marzo de 1976, horas después de derrocar a la presidente constitucional Isabel Martínez de Perón y tomar el poder, figuraba Héctor Cámpora, que había ejercido la presidencia del 25 de mayo al 13 de julio de 1973, junto a otros dirigentes, casi todos peronistas.
Consumado el golpe, Cámpora, que residía en su pueblo natal, San Andrés de Giles, se había ocultado en diversos lugares de Buenos Aires, hasta que, pasado un tiempo, logró refugiarse en la Embajada mexicana. El gobierno de ese país autorizó el asilo. Pero la dictadura solicitó a México que no otorgara salvoconductos a los que llamaba “criminales ideológicos”.

Los primeros tiempos de asilo fueron de amargura para Cámpora, que no albergaba demasiadas esperanzas de que lo que dejaran salir del país. Los jerarcas del Proceso de Reorganización Nacional manifestaban a la prensa que era un delincuente común y un soldado de la subversión.
Los militares habían incluido a Cámpora en la tristemente célebre Comisión Nacional de Recuperación Patrimonial (CONAREPA) por lo cual sus bienes fueron investigados e intervenidos. Cabe recordar que el llamado “Proceso”, como toda dictadura, negaba la existencia de presos políticos: los perseguidos y capturados lo eran por “subversivos” o por “corruptos”.
La embajada de México en Buenos Aires se convirtió de este modo en la prisión de Cámpora. El ex presidente no estaba solo; lo acompañaban su hijo mayor, Héctor, y Juan Manuel Abal Medina, que había sido delegado del general Perón y secretario general del Partido Justicialista.
A principios de 1979, el ex presidente empezó a experimentar problemas de salud, más precisamente síntomas de un malestar en la laringe. Al principio le restó importancia pero el problema se agravó. El profesional convocado para examinarlo solicitó de inmediato una audiencia con el entonces embajador de México en la Argentina, José Antonio Lara Villarreal. Le informó que Cámpora padecía cáncer y debía ser operado de inmediato.
Invocando razones humanitarias, el embajador mexicano solicitó a las autoridades argentinas de facto que autorizaran la salida del país del ex Presidente. La respuesta fue negativa. Se evaluó entonces la posibilidad de practicar una biopsia en la misma Embajada pero ningún profesional accedió a operar en esas condiciones.

La esposa de Cámpora, María Georgina Acevedo, responsabilizó públicamente a la Junta Militar por la vida de su marido y solicitó la intercesión del Vaticano. Deolindo Felipe Bittel, vicepresidente del Partido Justicialista, se sumó a los pedidos de clemencia. La Dictadura procedió entonces a enviar una junta médica a la sede diplomática para verificar el diagnóstico. Los médicos le confirmaron al presidente de facto, Jorge Videla, la realidad del diagnóstico: Cámpora tenía cáncer y no le quedaba mucho tiempo de vida.
Pese a ello, la dictadura siguió dándole largas al asunto. Pasaron tres meses antes de que autorizara la internación de Cámpora en el Hospital Italiano, donde sería operado, bajo estricta vigilancia del régimen.
Concluida la operación, los observadores militares constataron nuevamente el pronóstico y, segura ahora la dictadura de que al ex Presidente le quedaba muy poco tiempo de vida, concedieron a la familia los salvoconductos necesarios para salir del país rumbo a México.
Habían transcurrido 42 meses de asilo. Y de encierro en la sede diplomática mexicana.
Especialistas afirmaron que las demoras en la adecuada atención al cáncer que padecía el ex Presidente fueron fatales. El doctor Héctor J. Cámpora murió el 19 diciembre de 1980 en Cuernavaca, México.
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