
Las últimas palabras de Roberto Lavagna en el debate buscaron generar un impacto en el electorado. Le sirvieron como conclusión de su discurso intercalado en cuatro bloques temáticos. “Ha llegado la hora de dejar de burlarse de los argentinos y asumir los fracasos. Los fracasos que son asumidos son los que permiten cambios”, aseguró. Fue una crítica a la gestión de Mauricio Macri pero también a la de Cristina Kirchner, la actual compañera de fórmula de Alberto Fernandez.
El candidato a presidente de Consenso Federal dijo que “toda la clase política tiene la obligación de demostrar que hay un futuro mejor” para los argentinos, y advirtió que “eso no se hace con marketing o discursos vacíos de contenido”. “Los argentinos están mal y podrían estar mucho mejor. Hay muchos jóvenes y familias que se van o se quieren ir”, explicó.
Lavagna esperó la hora del debate con serenidad. La noche anterior había disfrutado de un asado en la casa del gobernador de Santa Fe, Miguel Lifschitz, junto a toda la delegación que lo acompañó al primer debate presidencial. Durante el domingo se dedicó a repasar los principales conceptos que iba a expresar, midió los tiempos en los que debería expresarse y pasó un par de horas en un restaurante a dónde fue a comer pescado. Llegó con margen tiempo de sobra a la Universidad del Litoral, donde se llevó a cabo el evento.

Buscó mostrar que tiene una agenda a propia con un puñado de propuestas en materia de educación y economía. Se mostró natural y evitó caer en la tentación de buscar impacto con frases marketineras. Sin embargo, logró generar atención con un par de golpes discursivos asociados a la pobreza en la Argentina.
El economista ocupó el último lugar en el orden de la presentación en el primer debate presidencial. Sus primeras palabras estuvieron vinculadas a la economía y la crisis que actualmente atraviesa la Argentina. Fue un golpe de efecto vinculado a la temática que más conoce. Le sirvió para hacer una relación directa con su trabajo como ministro de Economía para que el país deje atrás la crisis de principios de siglo.
“No va a ser fácil pero vamos a salir como salimos en el 2001. Vamos a salir en la medida que pongamos el hombro y que seamos capaces de repartir, de manera equitativa, los costos de la crisis”, sostuvo.

El debate estuvo dividido en cuatro bloques: Relaciones internacionales, Economía y finanzas, Educación y salud, Derechos humanos, diversidad y género. Lavagna intentó seguir al pie de la letra lo que había estudiado en la semana y repasado durante la tarde del domingo. Fue metódico y ordenado. Procuró no caer en la reiteración de conceptos. Había repasado varias veces cuanto tiempo tenía para exponer y que ideas concentrar en esos pocos segundos.
El momento más relevante de su discurso fue durante el tercer bloque cuando el economista sostuvo que “si hay un derecho humano que está siendo violado es un tema que tuvo en todos los medios en los últimos dos meses, es el hambre en Argentina”. “Cuesta entender mucho que un país con capacidad para producir alimentos presente situaciones de hambre como las que hay”, indicó. Luego, resaltó que la pobreza en el país “abarca a más del 50% de los jóvenes” y que “la salud, la educación y el trabajo son los tres elementos fundamentales para luchar contra la pobreza”.
Durante esa ronda de presentaciones los candidatos no replicaron la preocupación que había manifestado el economista, motivo por el que, en el cierre del bloque, Lavagna sentenció: “Qué curioso. Nadie parece interesarse en considerar violencia contra los derechos humanos a que más del 50% de los jóvenes y chicos tengan hambre en la Argentina. Qué indicativo. Me parece lamentable”.

Durante el bloque en que se debatió sobre educación y salud, el líder de Consenso Federal dijo que "en materia de salud creemos en lo preventivo sobre lo que remedia los problemas", mientras que con respecto a la educación contó que cree en "un proceso de centralización, acordado con las provincias, de toda la educación". "Hay que terminar con este mosaico de 24 sistemas distintos, de contenidos educativos y designación de docentes", cerró.
“Habrán visto que cada vez que se habla de un fondo para educación o salud enseguida alguien pregunta cómo se va a financiar. Mi sugerencia es que cada vez que el Banco Central o la Tesorería suban 5 o 10 puntos la tasa de interés, como habitualmente lo vienen haciendo, también preguntemos como se financia, porque eso también es un gasto”, explicó.
En lo que respecta a la economía y las finanzas del país, Lavagna sostuvo que “Argentina es muy excepcional por la positiva y la negativa”. Y detalló: “Es excepcional por la positiva por la cantidad de recursos naturales, humanos e incluso de capital con los que cuenta. Y es excepcional por la negativa porque es la única economía de estas características en el mundo que lleva 8 años de estancamiento”.
“Esta diferencia tremenda entre el potencial que tiene el país y la realidad esta hablando de graves errores de política económica. Fueron dos gobiernos distintos con políticas opuestas, pero obtuvieron el mismo resultado, que fue la caída del ingreso de todos los argentinos”, reflexionó. Además, dijo que ese proceso se dio “en un marco de permanente conflicto en el orden política que terminó erosionando las bases de la sociedad”.
En el final de ese bloque, Lavagna aseguró que ya no es hora de “frases marketineras como la lluvia de inversiones o los brotes verdes”. “La realidad es que esta administración sobre cuatro 4 años termina con 3 años con caída del producto bruto”, indicó, al tiempo que remarcó: “La consecuencia y el reflejo de esto es el aumento de la pobreza y la indigencia. Por seriedad con los argentinos, basta de estas frases”.
En lo que respecta a las relaciones internacionales, el candidato peronista resaltó que “Malvinas es algo irrenunciable” para su espacio político y que el camino a seguir “es alcanzar los objetivos por la vía pacífica”. Además, aseguró que el “Mercosur es un proyecto estratégico que hay que rescatar del proceso de estancamiento en el que está los últimos años”.
Durante el debate el ex ministro de Economía mantuvo la calma que lo caracteriza. En la mayoría de las rondas logró cerrar su discurso a tiempo. En el inicio del bloque de Salud y Educación se trabó y le sobraron 33 segundos. En algunas intervenciones no pudo terminar antes de la chicharra que marcaba el final. Sin embargo, pudo tener solvencia en la mayoría de las presentaciones. Se quedó conforme. Cumplió con las expectativas que tenía antes de viajar a Santa Fe.
En el lavagnismo no esperaban sumar votantes con el debate. Tampoco ser protagonistas de un momento tenso o de intercambio de chicanas. No es el estilo que tienen Lavagna. No le sienta cómodo estar en ese lugar. Después del primer debate, el balance es positivo. Así lo sienten en el equipo del economista. Lavagna fue el mismo de siempre.
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