José Luis Espert y Luis Rosales, candidatos a presidente y vice por el Frente Despertar, aseguran que la mentada "grieta" entre Juntos por el Cambio y el Frente de Todos no es tal. Indican que, más allá de que en sus declaraciones públicas manifiesten estar en las antípodas ideológicas del otro, ambos son muy parecidos y que, de hecho, las medidas implementadas en materia económica por ambas gestiones no distaron significativamente la una de la otra.

Además, explican que los niveles de rechazo que ambos espacios concentran retroalimenta esta necesidad mutua: sin el otro en frente, probablemente sus chances de imponerse en los próximos comicios sería mucho más baja.

Esta premisa, aseguran, se ve reflejada en la práctica por lo que describen como un pacto de impunidad entre ambas fuerzas, mediante el cual las decisiones políticas trascendentales de uno y otro les terminan reportando un beneficio a los dos. Como ejemplos que lo prueban, citan la negativa de Mauricio Macri a postularse a las elecciones presidenciales de 2011; y el hecho de que "entre 2015 y 2017 ninguna causa haya avanzado lo suficiente como para pedir la prisión preventiva de Cristina Kirchner", pero si luego de las elecciones legislativas, una vez que la ex presidente volvió a obtener fueros.

Por ello, aseguran que su fórmula es la verdadera alternativa para aquellos que no desean la vuelta del kirchnerismo al Poder Ejecutivo. Y lo ilustran con sus propuestas de campaña de tinte liberal: reducción sensible del sector público; reformas laboral, previsional e impositiva; firma de tratados de libre comercio con cualquier contraparte dispuesta, entre otras.

Conscientes de que abrevan en el mismo campo ideológico que el Gobierno, Espert y Rosales describieron a las PASO como una "gran encuesta" y una "oportunidad para mandarle un mensaje a Macri". En diálogo con Infobae, los miembros de la fórmula presidencial fundamentaron este concepto, describieron la potencial iniciativa de unificar provincias y municipios para hacer más eficiente el gasto público y aseguraron que hay que destacar aspectos de la convertibilidad, al haber sido este el único período de las últimas décadas en el cual la Argentina tuvo una "inflación internacional".

¿Por qué sostienen que hay un pacto de impunidad entre el Gobierno y el kirchnerismo?

— Luis Rosales (LR): Macri siempre quiso ser presidente. Pero en 2007 aterrizó en el gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Ese año, Cristina Kirchner no tuvo un competidor importante en las elecciones. En 2011, otra vez Macri no se animó a la carrera nacional. En el ínterin, la familia Macri hizo formidables negocios con el Gobierno. Lo reconoció el propio Presidente, cuando al morir su padre sugirió que estaba involucrado en ciertos temas. En 2015, ¿para quién trabajó Cristina Kirchner, Scioli o Macri? Todo parece indicar que no ayudó mucho a Scioli, al menos. Luego, entre 2015 y 2017 ninguna causa avanzó lo suficiente para pedir la prisión preventiva de la ex presidente. En ese período ella no tenía fueros. Cuando se convierte en senadora los recupera y allí todas las causas le dictan la prisión preventiva. ¿Quién tenía la llave en el Senado para sacarle los fueros? Pichetto, ahora candidato a vice presidente de Juntos por el Cambio. Hay una sucesión de hechos que indican que, si no hay un pacto, hay una necesidad mutua muy marcada.

José Luis Espert (JLE): En materia económica, las similitudes son enormes. Macri ha terminado con retenciones a las exportaciones, controles de precios y congelamiento de tarifas y tipo de cambio como Cristina. Está bien, después de un ajuste. La economía de Macri termina peor que la del kirchnerismo: menos actividad, más inflación y pobreza.

Con respecto a lo que proponen uno y otro para el próximo período presidencial, el Gobierno adelantó que piensa avanzar con reformas previsional, laboral y tributaria, mientras que el Frente de Todos se ha mostrado en contra. ¿No creen que serían distintas las cosas dependiendo de quién llegue al poder?

— LR: A eso me refería con la contribución que ha hecho Espert a esta campaña. Ha hecho que el Gobierno se corra, que acelere lo que no quería hacer. Juntos por el Cambio no tiene casi ideología. Es una maquinaria electoral.

JLE: Hacen campaña para ganar elecciones y después gobiernan para volver a ganar.

LR: Al principio parecía que era impopular tomar las medidas de fondo que el país necesitaba seriamente. ¿Qué tiene que hacer un presidente si está convencido? Tomar las medidas de fondo y soportar que su popularidad baje. Si después rebota, enhorabuena. Y si no te toca, hacés una presidencia histórica sin ser reelecto y te vas con la frente en alto, siendo el Presidente que contribuyó a sacar al país del pozo. Macri no hizo eso.

¿A pesar de que el Gobierno asegure que está asentando las bases para un crecimiento sostenido?

—JLE: Eso es falso. Que Macri diga que estamos a la mitad del cruce de un río donde del otro lado está la tierra prometida es ridículo. Dijo que la inflación era lo más fácil de solucionar y ahora tenemos un índice más alto que al final del período kirchnerista. Dijo que su gobierno tenía que ser juzgado por el nivel de pobreza que dejara y terminamos con más pobres. Y no con los datos del Indec, sino los datos verdaderos. Estamos del lado equivocado del río pero con un envase distinto. Esto no es gradualismo versus shock. Es plantear que hay que hacer con realismo. Cuando hablan de reforma impositiva, ¿vamos a hacerlo sin reformar al Estado? Tiene un tamaño que es impagable por el sector privado. La reducción tiene que ser dramática. El tamaño es de 40 puntos del PBI y esta sociedad no puede pagar más de 25 puntos.

LR: El kirchnerismo agrandó enormemente el tamaño del Estado, pero Juntos por el Cambio no hizo nada al respecto.

En una de sus 13 propuestas para cambiar el país dice que hay que bajar fuertemente el gasto en provincias y municipios, y que si no son sustentables hay que combinarlos. ¿Hicieron algún estudio al respecto, como visualizan esto?

—LR: Las propuestas de José Luis son siempre muy audaces. Los países que cambiaron a lo largo de la historia son los que se animaron a patear el tablero cuando no funcionaba. En Argentina está todo prohibido y así estamos. Lo impresionante es la audacia de plantearlo en una campaña y someterlo al referéndum popular. Si la gente te vota, se puede transformar.

¿En términos prácticos implicaría unir dos o tres provincias, por ejemplo?

—JE: Me parece importante enfatizar dónde está Argentina por no cambiar en las últimas ocho décadas. Creo que esto de a veces dudar de las cosas que hay que hacer. Parecería que estamos en Suiza y dudamos entre si vamos a ser Mónaco o la tierra prometida. Pero tenemos la mitad de los chicos pobres en argentina. ¿Cómo no pensar que argentina tiene que hacer cambios copernicanos? Uno de ellos es bajar el costo de la política. Eso implica regionalizar municipios y provincias. Me parece inadmisible para la pobre gente de laburo del sector privado de algunas provincias del norte. Esas provincias no recauden un solo peso a nivel local. Toda la plata proviene de la coparticipación, o sea de habitantes de Mendoza, Santa Fe y Córdoba, y toda la plata se dedica a financiar un ejército de funcionarios públicos donde los comercios supuestamente privados están esperando como un pajarito recién nacido que la mamá le ponga la comida en la boca. Tenemos un sector privado en esas provincias viviendo de los impuestos que pagan otros.

LR: El modelo sería más parecido al canadiense o al australiano, tendría menor cantidad de jurisdicciones administrativas.

(Fotos Maximiliano Luna)
(Fotos Maximiliano Luna)

¿Cómo visualizan esa transición de empleados del sector público?

—JLE: Si ganáramos nosotros, nuestro proyecto de reforma implicaría un gran cambio en las expectativas favorables para Argentina. Decir que queremos comerciar con todo el mundo, no tener solamente un acuerdito de morondanga con el Mercosur y otro que no sabemos cómo va a terminar con la Unión Europea. Hay que firmar 10 por año. E implementar un cambio total en las 5 leyes laborales claves del país. Ahí tenés chances de crear 1,5 millones de empleos privados a lo largo de 4 años. Y ahí si podés hacer una reestructuración de 1,5 millones de empleados públicos que sobran y que son una estafa para el buen empleado público y para los que pagan impuestos también.

Ustedes enfatizan en que las PASO son una gran encuesta. ¿Cómo juegan las expectativas, teniendo en cuenta que en algún punto esto benefició al Gobierno en los últimos meses, al contribuir al repunte de las variables económicas y en consecuencia repuntar en las encuestas e intención de voto?

—LR: Las PASO van a influir en el voto futuro. En Argentina se puede confiar poco en las encuestas. Se han convertido en instrumentos de campaña. Más allá de que muchos siguen siendo serios, otros no. El domingo tendremos la verdadera encuesta. Hay muchas operaciones que dicen que uno mejoró, el otro se cayó. Se ha creado mucha presión para dar sensaciones. El Gobierno es muy hábil para eso. Pero la gente finalmente abre la heladera, piensa, siente y ahí toma la decisión.

¿Votar a Espert o a los otros candidatos que no son Macri no implica favorecer a Cristina Kirchner, como se ha dicho?

—JLE: Ahí hay que ser enfático. Parece que yo nací ayer y de pronto soy K. Le recuerdo a todos que durante los 12 años que gobernó el kirchnerismo yo me fajé a diario con ellos. Me tildaron de complotador apenas asumió Néstor. Cuando Argentina entró en default, advertí del desastre de negociación que estaba haciendo Lavagna, que ahora parece ser el buen pastorcito. Me dijeron buitre, me persiguió la AFIP y fui espiado por la SIDE. Mientras tanto, Macri se escondía de la competencia presidencial y ahora lo tiene a Pichetto, un K de paladar negro en la primera línea de sucesión. Entonces, ¿qué es esto? Yo vine a competir por el voto de la gente con una propuesta, creemos, muy superadora a la del Gobierno y la del kirchnerismo. La competencia, al revés de lo que el macrismo le quiere meter en la cabeza a la gente, siempre favorece a las sociedades. Si Macri habla hoy de acuerdos de libre comercio y de reformas laborales, es porque estamos en competencia y el en realidad nos está robando votos a nosotros.

 Si ganan las elecciones van a gobernar en minoría. ¿Cómo lograrían pasar su agenda en el Congreso, sabiendo que no tienen mayoría parlamentaria y teniendo que trabajar con estos sectores que critican enfáticamente?

— LR: Si lo validás en las urnas, vas a tener muchos legisladores. Y además mucha autoridad porque tenes el respaldo de la gente para un catálogo de medidas muy duras, drásticas y claras como las que señala Espert. pero además en el bloque de cambiemos hay mucha gente que piensa como nosotros, pero están mal liderados. El liderazgo de Macri es débil y poco claro. Una buena parte de esa gente se sentiría muy bien liderada hacia un proceso de cambio real como Espert.

¿Creen que podrían llegar a transitar hacia su espacio?

—JLE: Si, o trabajar en conjunto. En Juntos por el Cambio hay gente muy razonable.

¿Cómo van a encarar el tema de su estructura partidaria y del andamiaje legal después de las elecciones, considerando el problema que tuvieron con Alberto Assef?

— JLE: Dada nuestra decisión de competir este año en una elección, no se llegaba a armar un partido nacional en 6 meses. Y yo quería competir en la presidencial porque me parecía importante discutir estas ideas de cambiar el sistema que destruye a la gente de trabajo. No llegamos a armar un partido nacional. Para hacerlo se tarda 3 años. Está todo hecho para que no ingrese nadie nuevo. Por eso fuimos a una alternativa que era ver cómo funcionaba el mercado de sellos partidarios. Recurrimos a uno, pero tuvimos todo el problema con Assef. Así que recurrimos a otro, con el que por ahora venimos trabajando bien. Pero la idea siempre fue armar un partido propio.

En un evento en Córdoba dijo que habría que implementar algo parecido a la convertibilidad

— JLE: No dije eso. lo que digo es que los 6 años (95-2000) donde Argentina por primera vez en décadas tuvo una inflación internacional son para mirar con cuidado a la hora de pensar un plan antiinflacionario. Era de 0,2, 0,3 por ciento mensual. Creo que hay que mirar que se hizo en materia monetaria y cambiaria.

¿Pero qué destaca?

—JLE: Algo que este gobierno esta haciendo desde octubre del año pasado: no emitir para financiar al BCRA. Pero hay que agregarle algo que no está haciendo qué es sacarlo del mercado de capitales. Hay que prohibirle emitir deuda remunerada como lo son las Leliq. Tercero, el plan estaba asentado sobre una reforma de todo el país tan gigantesca que el mundo se volvía loco por invertir acá, y Macri no lo está haciendo. Además hay que prohibir todo tipo de indexación de gasto público. Hoy tenemos el gasto indexado por ley en al menos la mitad.

¿Y como se comportaría el tipo de cambio?

—Podríamos flotar o tener hacer por unos años una moneda fija por ley como la convertibilidad para anclar las expectativas, pero después habría que salir rápido de ahí. No hay que enamorarse del tipo de cambio fijo y menos por ley.

Dijeron que uno de los problemas más importantes del día electoral es el robo de boletas. ¿Cómo planean fiscalizar los comicios?

—JLE: Claramente no vamos a fiscalizar las 100.000 mesas del país. pero si fiscalizaremos aquellos lugares críticos.

—LR: Tenemos una gran cantidad de voluntarios que nos van a permitir tener casi un fiscal general por escuela. Vamos a apelar a la fuerza juvenil que tenemos. El desafío ahora es capacitarlos para que se conviertan en guardianes del voto de Espert.

¿Hay algo que no les haya preguntado o que quieran agregar para concluir?

—Un mensaje a todos los que nos ven: hay mucha gente que tiene miedo que vuelva Cristina y no le gusta demasiado Macri. Es una buena oportunidad para mandarle una señal a Macri, quien merece recibir una señal de la ciudadanía votando a Espert. Si después del resultado se ve otra cosa, hay tiempo para resolverlo. Pero acá en las PASO si no te gusta mucho Macri y tenes miedo de que vuelva Cristina, votalo a Espert.

La entrevista completa: