
"Los partidos ahora los veo solo. He evolucionado al verlos", dijo Mauricio Macri hace diez días, horas después de que se confirmara la Superfinal de la Copa Libertadores entre Boca y River.
El Presidente se refirió a esa anécdota en los micrófonos de Fox Sports Radio al recordar que antes, durante su paso por el club xeneize, se encerraba en su oficina los días de partido, "ponía una película" y "cuando las tribunas temblaban" volvía a conectarse con el juego. "Ahí sabía que era gol de Boca. Una vez me tuve que ir del estadio porque ya sentía que no podía respirar en la oficina", aseguró.
Esta tarde, Macri vio la Superfinal en "Los Abrojos", la quinta que la familia tiene en Los Polvorines, en la localidad bonaerense de Malvinas Argentinas, rodeado solo por su mujer, Juliana Awada, Antonia, la hija de ambos, y Valentina, la hija que la primera dama tuvo con su anterior pareja.
No hubo lugar para los amigos: muchos de ellos estuvieron en La Bombonera. El jefe de Estado nunca evaluó hacer lo propio: no va al estadio xeneize hace casi tres años.
En los últimos días, Macri había sido protagonista central de la final de la copa más importante del continente cuando pidió públicamente que el partido se jugara con público visitante. Lo hizo sin consultar a sus asesores ni a las autoridades de la ciudad de Buenos Aires, a cargo de la seguridad. Ni siquiera habló con su amigo Daniel Angelici: recién se comunicaron después de las declaraciones del mandatario.
Incluso la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, le avisó en privado que jugar el partido más importante de la historia del fútbol argentino con hinchada visitante era "una locura", según pudo reconstruir Infobae. La funcionaria apoyó de todos modos la medida, para no desautorizar a su jefe, como sí lo hizo desde un primer momento su par porteño, el ministro Martín Ocampo.
El humor del Presidente mutó durante la Superfinal vibrante de esta tarde, cuyo campeón se definirá dentro de dos semanas en el estadio de River.
Algunos de sus asesores más cercanos pueden dar fe de cómo le cambia el humor al mandatario después de los partidos de Boca, en especial en los clásicos.
El mayo del año pasado, en medio de una gira oficial, Macri se levantó a las 4 de la mañana de Beijing para seguir el clásico por el torneo local. La habitación del hotel Summit Wing fue invadida por funcionarios y colaboradores de ambos equipos. El resultado fue 3 a 1 en favor de River.
Algunos de los que estuvieron en esa habitación china todavía recuerdan el mal humor del Presidente.
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