Cristina Kirchner (Fotos: Guille Llamos)
Cristina Kirchner (Fotos: Guille Llamos)

El barro de la corrupción y la tensión del dólar se alternan al tope del temario de rato en rato. Y exponen en los cálculos menores de la política una especie de juego apoyado en debilidades ajenas antes que en fortalezas propias, en el oficialismo y en la oposición. Algo parecido expresan las encuestas que circulan en abundancia. Y dos últimas imágenes fortalecen esa impresión: los nuevos datos de la inflación, alta y persistente; y el fracaso del Senado, con masiva ausencia del peronismo, a la hora de aprobar o rechazar el pedido de allanamiento a los tres domicilios de Cristina  Kirchner.

Las realidades conviven. Parecen inútiles, además de repetidos, los esfuerzos para tratar de imponer un tema sobre otro, como si la agenda pública dependiera exclusivamente de la voluntad política. El análisis del impacto de los cuadernos de las coimas naufraga por eso mismo cuando la interpretación se agota en la especulación sobre su función como asunto para esconder la economía. Lo mismo ocurre al revés.

Precisamente ese reparto de supuestos costos y beneficios parece haber marcado ayer el segundo fracaso del tratamiento de uno de los pedidos del juez Claudio Bonadio al Senado. Una postergación que sumó otra gambeta a la ley de extinción de dominio, cuya suerte es un interrogante además porque no hay acuerdo entre los principales bloques sobre el texto que permita al Estado disponer de bienes y fondos de la corrupción y otros delitos graves.

Con el recinto ya vacío, lo llamativo de las lecturas que se hacían en el ambiente del Congreso es que remitían a las internas y enojos por ausencias en cada bloque, antes que a la consideración más amplia sobre el papel del Senado, a pocos días de la sesión con asistencia casi perfecta que hundió el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo.

En el oficialismo, hacia afuera, apuntaron sobre CFK, en medio de la conmoción que día a día genera la causa de los cuadernos. Con más cuidado, reclamaron al peronismo que abandone la "protección" de la ex Presidente. Lo hicieron porque lo impone la coyuntura y la temprana especulación electoral, pero sin tensar demasiado la cuerda porque al mismo tiempo necesitan hilvanar un acuerdo con los gobernadores para recortar el déficit y aprobar el Presupuesto del año próximo.

No faltaron expresiones de malestar con las ausencias propias, frente a un tablero que reclamaba al menos un legislador más en el recinto para sellar el quórum. Y en rigor, el fastidio era especialmente con una baja: la del senador Esteban Bullrich, de viaje por Europa. No había precisiones sobre el destino del legislador y se hablaba de una escapada que mezclaría turismo con una posible visita al Papa, tal vez para coronar su fuerte actividad contra la legalización del aborto. La otra ausente fue la fueguina Miriam Boyadjian, por razones médicas, según se apuró a informar su oficina.

Por supuesto, al margen de ese costado flaco del oficialismo, el dato más significativo fue la muy raleada representación del peronismo federal. Sobre todo, teniendo en cuenta que desde el punto de vista estrictamente práctico lo que se iba a tratar no era la cuestión de fondo –un pedido de desafuero de la ex presidente- sino una cuestión de procedimiento en la investigación judicial, que no debería ser cajoneada.

Pichetto enfrenta una interna del bloque que no es nueva pero que hasta ahora viene manejando con más éxitos que malos tragos. Las fisuras en el caso de la legalización del aborto –padecidas por todos los sectores- expusieron en parte esa disputa, con el juego visible de José Mayans, senador por Formosa, que también fue a la carga en contra del pedido hecho por el juez Bonadio. Mezcló la pura apetencia por el manejo del bloque y quizás, alguna señal de un par de gobernadores para restarle proyección al juego más amplio de Pichetto.

La ausencia de senadores peronistas, largamente mayoritaria y saldada en parte con la libertad de acción en el bloque, fue celebrada por el kirchnerismo duro no sólo por la salud de su líder, sino además porque supone que sería una señal de que siguen abiertas las chances de alguna mecánica de entendimiento electoral con los jefes provinciales del PJ.

Es más: en medios kirchneristas sostienen que las causas por corrupción prácticamente han dejado de afectar la imagen de la ex presidente. Y hacen extensiva esa mirada a los efectos de los cuadernos de las coimas, aunque el caso exhibe prácticas de favores y retornos en forma casi obscena y expone el quiebre de pactos de silencio con testimonios de un par de ex funcionarios y de empresarios cercanos a su círculo.

Esa suposición se basaría en su análisis de encuestas de circulación amplia y en el repetido discurso que intenta descalificar la investigación como un recurso para esconder la realidad económica, motorizado por la triple convergencia política-judicial-mediática. En rigor, ya existen sondeos que registran cierto daño directo sobre el kirchnerismo, a la vez que refuerzan los números sobre los límites bastante rígidos para mejorar su imagen.

Las encuestas, es sabido, no pueden ser leídas de manera lineal. Una virtud de los sondeos más sólidos es que exponen contradicciones, precisamente porque reflejarían fragmentos de una realidad social compleja.

Pero aún tomadas con ciertas prevenciones, especialmente en el caso de las más comprometidas con sus contratantes, muestran núcleos duros del oficialismo y de la oposición que no alcanzan para ganar batallas. Señalan el desgaste persistente del Presidente, las limitaciones también persistentes de CFK para mejorar o crecer en las valoraciones, y una percepción más descolorida del peronismo tradicional, por la falta de identificación de un liderazgo propio.

Los datos cualitativos que acompañan algunos sondeos –es decir, más allá de la imagen y los ejercicios sobre supuestos escenarios de competencia electoral- hablan centralmente de la erosión que sufre el Gobierno por la situación económica y la falta de perspectivas, y de los costos del peronismo –en un sentido amplio- por su estado de fragmentación, rubro que de hecho es colectivo a pesar de que en algunos relevamientos presentan al kirchnerismo y al PJ como expresiones separadas.

Visto en espejo, las expectativas de unos están bastante restringidas a las carencias de los otros. Se ha dicho: un juego de debilidades sino peligroso, cuanto menos inquietante.