Asociación Internacional de Mujeres Juezas (IAWJ) realizó en Buenos Aires su 14ª Conferencia Bienal, de la que participaron casi mil magistradas de 78 países. En ese marco, la jueza estadounidense Vanessa Ruiz, de la Corte de Apelaciones del Distrito de Columbia reemplazó ayer en la presidencia de la organización de la argentina Susana Medina, vocal del Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos. Infobae conversó con ambas en el Palacio Bosch.

Vanessa Ruiz

– Habiendo juezas de países tan distintos, cada una debe tener sus problemas puntuales, pero ¿qué inquietudes comparten?

Hay muchos puntos en común y eso es lo que lo hace muy interesante: que viniendo de países tan diferentes, con diferentes sistemas legales, diferentes leyes, diferentes costumbres, diferentes religiones, nos juntamos, conversamos y hasta cierto punto nos sorprendemos de los muchos temas que tenemos en común. Para muchas juezas, ser mujer en una corte todavía es una situación muy solitaria. Y no importa en qué país te encuentras, es un problema. El apoyo que nos damos las unas a las otras es muy importante. Nos llamamos hermanas en la ley.

– Podría mencionar algunos de esos problemas puntuales que tienen en común.

Buenos, algunas veces las juezas se sienten excluidas dentro de las cortes, y tienen que luchar por establecerse, por ser oídas, por hacer cambios, hacer reformas en la forma en que se dispensa, se interpreta y se administra la ley, en una forma que sea equitativa y que tenga la sensibilidad de una persona que ha vivido otra realidad a la de las personas que llevaban allí mucho tiempo. Esas son experiencias que hemos tenido muchas mujeres, no importa de dónde vengamos.

– ¿En qué puede enriquecer una mujer a un tribunal?

Es una perspectiva diferente. No es que una mujer vaya a decidir un caso necesariamente de una forma diferente. Cada persona trae su propia experiencia personal. Y como en cualquier conversación, cualquier discusión que puedas tener con amigos, diferentes personas tienen algo que enriquece la conversación y la forma en que se consideran las cosas. Y al traer a una mujer a un espacio donde no ha estado antes, eso añade una perspectiva diferente y ayuda a los demás, a los varones, a entender la misma situación que tenían frente a ellos de una forma diferente. Entonces, en conjunto se puede llegar a una mejor resolución del caso.

– ¿Cómo está hoy en los Estados Unidos la relación entre la cantidad de jueces y juezas dentro del Poder Judicial?

Eso varía, pero en general (y esto se ve en muchas partes del mundo) hay más juezas en la primera instancia; subes al segundo nivel de apelaciones, y hay un poco menos; subes al tercer nivel, de la Corte Suprema, digamos, y ahí hay aún menos. En los Estados Unidos tomó casi 200 años que llegara una mujer a la Corte Suprema. Ahora hay tres de nueve (jueces). En general, 30% viene siendo más o menos, depende el tribunal y el Estado, el porcentaje de juezas en las cortes en los Estados Unidos. Y ha habido mucho progreso, pero no acabo de entender por qué ese 30% ha sido difícil de superar.

– ¿Usted está de acuerdo con las leyes de cupo?

No las tenemos en los Estados Unidos.

– ¿Cree que es una herramienta válida en otros países?

En los Estados Unidos habría problemas constitucionales si existiera una ley de cupo. Lo que sí es muy importante es que la forma en que se selecciona a los jueces, las personas que seleccionen a esos jueces, la educación (que tengan), que eso esté suficientemente abierto para que haya más mujeres que entren en ese camino hacia las cortes.

– ¿Qué otras herramientas puede haber para facilitar el acceso de mujeres a cargos jerárquicos en los poderes judiciales?

Bueno, una cosa que hacemos es que las que ya somos juezas, conversamos con estudiantes de derecho y con abogadas para que empiecen a pensar en una carrera dentro del Poder Judicial. Es muy importante ver que hay roles, que hay personas que están haciendo eso. Cuando yo comencé no había, no podía mirar y ver todas las juezas que hay. Aun en el estudio de abogados en el que yo trabajaba casi no había mujeres; entonces es muy difícil saber cómo una se puede desarrollar profesionalmente. Pero ahora sí hay algunas, y esa es una de las cosas que hacemos en la asociación, darle una mano a otras, como en algún momento se nos dio la mano a nosotras. No nos podemos olvidar de eso en ningún momento, nos tenemos apoyar unas a otras.

– ¿Cuál es el rol de los hombres que integran la asociación?

No discriminamos en el ingreso de hombres a nuestra asociación y les damos la bienvenida. Son nuestros aliados. Incluso en nuestra conferencia hay un panel de varones. Precisamente el tema es "varones jueces o no jueces que son aliados de las juezas", porque están igualmente comprometidos.

-¿Cuál debería ser el rol del hombre en este camino de las mujeres?

No es lo que pueden hacer por las muejres. Primero tienen que permitir que las mujeres hagan las cosas por sí mismas, porque muchas veces hay trabas artificiales, y si ellos las ven, se pueden remover. Y queremos la justicia. Somos juezas y ellos jueces, y todos deberíamos querer lo mismo para las personas que vienen por nosotros. La cuestión es hasta qué punto enriquecen las mujeres ese proceso de impartir justicia. Y la forma en la que uno aprende sobre eso es trabajar juntos.

– En Argentina la última encuesta que hay sobre credibilidad de la justicia la hizo la Universidad Católica Argentina y arrojó que apenas el 11% de la población cree en el Poder Judicial. ¿Cree que las mujeres pueden aportar en ese camino de construir credibilidad?

La respuesta es sí. ¿Por qué? Hay varias razones. Una razón es porque cuando viene una persona ante un juzgado, tiene que sentir que hay confianza en que se le va a escuchar, en que la impartición de justicia va a ser equitativa, justa. Si el tribunal en sí no es justo porque excluye personas, no ayuda; al incluir más personas, eso en sí, que el tribunal se conduce en forma justa y equitativa, le dice a la gente "aquí operamos así como oficiales de la ley". Las mujeres, muchas veces, por haber estado excluidas por mucho tiempo, entran a la carrera judicial con una vocación y un compromiso especial. Y sabemos lo importante que es que la impartición de justicia sea equitativa. Por eso creo que nos preocupamos mucho de estar muy preparadas, en la forma en que tratamos a la gente, con respeto y entendiendo la dignidad de cada persona que viene ante nosotros.

– Para cerrar, ¿qué impronta busca darle a su mandato como presidente de la asociación?

Yo quiero continuar con muchas de las iniciativas que ya tenemos, muchos programas que hemos comenzado, con el liderazgo de la doctora Susana Medina, porque es importante. Pero hay ciertas cosas nuevas que están pasando en el mundo que tenemos que empezar a darnos cuenta, porque los jueces podemos funcionar y solamente podemos hacer nuestra labor siempre y cuando se respete la ley, haya un sistema de gobierno y la sociedad acepte ciertos principios democráticos. Los jueces tenemos que poder trabajar dentro de un cuadro democrático y somos parte del progreso de la democracia. Si los gobiernos no representan a sus ciudadanos y no hay respeto por la ley, los jueces no pueden hacer lo que deben hacer. Entonces, no sólo hay que trabajar en ciertos espacios enfocados en ciertos temas, sino estar pendientes de que la infraestructura de la democracia esté ahí para que podamos actuar como debemos actuar. Se deben respetar las instituciones y la independencia judicial.

Susana Medina

– ¿Cuál es el signifcado de la conferencia?

Es muy importante construir puentes entre las juezas del mundo, por donde podamos transmitir sus experiencias en lugares remotos del mundo. Acá hay representantes de 78 países. Hoy escuché a juezas de Palestina, Siria, Myanmar, Líbano, hablando de la situación de la mujer en cada una de esos países. Fue muy fuerte. Hay muchas "hermanas en la ley" que tienen muchas dificultades. Y lo que queremos es acortar la brecha, acercarnos, poder transmitir nuestras experiencias y que nos transmitan las suyas. Ayudarnos mutuamente. Hay muchas juezas que trabajan en soledad.

– En esa diversidad de situaciones en los distintos países, ¿dónde ubicaría la situación de la mujer en el Poder Judicial argentino?

Argentina ha hecho un gran avance. A partir de la política de género de la Corte Suprema, cuando Carmen Argibay llegó, creó la Oficina de la Mujer para trabajar hacia adentro del Poder Judicial e introducir la perspectiva de género, y luego la doctora Elena Highton creó la Oficina de Violencia Doméstica para trabajar hacia afuera del Poder Judicial, atendiendo a las víctimas los 365 días del año, las 24 horas. No hay una política de género en el mundo como esta. De hecho, podemos exportar el modelo. Ya hemos tenido una visita ayer a la Corte y mañana y pasado haremos otras visitas porque las colegas quieren saber cómo trabajamos.

– Sin embargo, pese a los avances, que son muy marcados, todavía en la justicia federal porteña, por ejemplo, todos los jueces son varones. Y en muchas provincias se ve lo mismo, incluso hay cortes provinciales en los que no hay voces femeninas.

Es cierto, pero cuando miro hacia atrás digo "cuánto se ha hecho" y, de hecho, yo soy producto de esta renovación. Yo ingresé en 2004 en el Superior Tribunal de Entre Ríos, año en el que ingresan a la Corte Suprema Elena Highton y Carmen Argibay. Y desde esa renovación ingresaron muchas mujeres a los poder judiciales provinciales e incluso a la justicia federal. Falta mucho por hacer. De hecho, acabamos de firmar una acuerdo con la Asociación de Jueces Federales para esto, para introducir la perspectiva de género y que los colegas nos acompañen, porque yo siempre digo "hombres y mujeres somos diferentes y es bienvenido que así sea, pero somos iguales en derecho, dignidad y capacidad". La idea es trabajar juntos, porque el producto de nuestro trabajo es una sentencia y si tiene la visión del hombre y la mujer, es un producto enriquecido que va a solucionar los problemas de la gente. Tenemos la obligación moral y el deber legal de continuar haciendo este trabajo, no para nosotros que ya llegamos a los puestos de poder, sino para las otras, las que vienen.

– ¿Qué obstáculos cotidianos tienen las mujeres en Argentina, en el día a día? ¿Qué cambió desde que usted ingresó a la función judicial?

Ha cambiado mucho, pero sigue habiendo dificultades. Las mujeres siguen teniendo que demostrar todo el día que pueden hacer las cosas y que las tienen que hacer bien. Siempre tenemos que demostrar que somos mejores. Cuando me inicié en la función judicial, éramos muy pocas las mujeres; de hecho, éramos tres las profesoras en la escuela de policía Salvador Mazza, donde no había baños para mujeres. Y cuando tuvimos que trabajar en cambiar el currícula de la escuela de oficiales de policías, nos dieron el trabajo a las tres mujeres y pusimos en la letra chica que se podía permitir el ingreso de mujeres. Ahora las bastoneras son mujeres, la mejor alumna en tiro es una mujer, las abanderadas son mujeres, los mejores promedios también. Y eso se ve en todos los ámbitos, y en Poder Judicial también. En paraná éramos seis jueces de instrucción y yo era la única mujer. Me costó batallar, pero tuve el acompañamiento de mis colegas, que entendieron. Avanzamos mucho y falta mucho por hacer, por eso es tan importante la capacitación judicial con perspectiva de género.

FOTOS: Agustín Marcarián

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