Un libro de crónicas, basado en los diálogos que mantuvieron ambos periodistas con guardiacárceles y autoridades penitenciarias, describe la dura realidad que se vive en estos establecimientos. Términos como resocialización, discriminación y pobreza trazan en su totalidad dicha investigación.
-Hay alguna posibilidad de que el servicio penitenciario federal tienda a la repersonalización?
Eduardo Anguita: -Yo creo que es un misterio. Hay algo que rescatamos acá, muy poco conocido, por lo menos yo no lo conocía de antes y hablé con mucha gente que no lo conocía. Hay un experimento que se hizo en la Universidad de Stanford en 1971 con un psicólogo llamado Philip Zimbardo, que de una manera muy pragmática llamó a la selección de 12 personas que tenían que hacer de agentes penitenciarios y 12 que tenían que hacer de reclusos. Reprodujeron una metodología carcelaria y era un encargo de la marina de EEUU que estaba en plena guerra de Vietnam y tenía muchísimos de sus soldados con problemas de conducta, entonces querían un sistema de castigo que fuera moderno. Entonces contrataron a la Universidad de Stanford, Zimbardo puso en práctica eso, les dio uniformes, y al tercer día las personas que habían sido contratadas para ser guardiacárceles empezaron a tener gestos autoritarios y las personas que estaban contratadas para oficiar, actuar como en un Gran Hermano de reclusos, empezaron a conspirar entre ellos, para, como dicen los presos acá, rechiflarse. Tuvieron que suspender, iba a durar tres semanas, pero tuvieron que suspender el experimento. ¿Qué quiero decir con esto? Cuando vos hacés una prueba de laboratorio como son las cárceles, podés implementar regímenes de tormento, en muchas cárceles argentinas los hay, por superpoblación, por exceso de personas en situación de prisión preventiva, por una cantidad de factores, tenés, y además por la sobrepoblación de gente que está atada a negocios con grupos externos y/o penitenciarios. Entonces, de repente encontrás y nosotros le damos bastante importancia, porque hay que buscar la mirilla por la cual se puede salir de esto, te encontrás con algunas experiencias que resultan interesantes que son una metodología resocializadora que tiene el servicio penitenciario federal. Es muy interesante lo que vos decís de repersonalizadora, pero también es interesante que ellos le llaman resocializadora porque el día después que salen de la cárcel, tienen que volver a una sociedad con el tema del trabajo, a que barrio van, etc. Temas súper interesantes y que en la mayoría de las crónicas las personas nos cuentan.
Daniel Cecchini: -Y que cuando vos conversás con ellos, incluso los que están muy comprometidos con esta metodología pedagógica socializadora, son plenamente conscientes de las dificultades que van a tener. Uno hasta me llegó a decir, si yo tuviera un negocio y viene un ex preso, yo no lo tomo. Y vos fijate que también esto genera resistencias, algunos de los agentes penitenciarios que trabajan con esta metodología son rechazados por el resto, porque es una metodología que evita golpes, que hay un tratamiento que ya no es interno-guardiacarcel, sino operador, el operador es el guardiacarcel, es como un operador pedagógico y es rechazado por los propios compañeros del servicio penitenciario en muchos casos, como diciendo "como vas a tratar bien a esos hijos de puta".
-Hoy, después del trabajo que ustedes hicieron, ¿hay una alta, baja o ninguna chance de la resocialización del que entra en el sistema penitenciario federal?
EA: -Los guardiacárceles que hablaron con nosotros, hablaron en off y sin ningún interés de llenarnos la cabeza y tiene una serie de lugares comunes. Primero que se pone mucho esfuerzo en las políticas penitenciarias y muy poco en las post-penitenciarias, lo cual a ellos les produce una frustración porque se reencuentran con muchachos o chicas con los cuales hicieron esfuerzos para que tengan un futuro mejor, y seis meses después, un año después, los tienen en los mismos pabellones. Entonces, eso te lo dicen como "hagan algo una vez que nosotros los sacamos de la clínica para que no vuelvan a la clínica". Otra cosa que te dicen es "si vuelven a la villa están perdidos", puede sonar peyorativo, pero hay que entender que el lenguaje no lo usan con el sentido de discriminarlos, lo dicen en el sentido de que en la villa, muchos de los pibes que salen de la villa delinquiendo, en la villa no encuentran las posibilidades de trabajo, sino que en la eventualidad trabajan y en la mayoría del tiempo no trabajan. Yo te diría, me da la sensación de que esta sociedad cree que las posibilidades son pocas, estadísticamente está corroborado eso. Hay mucha gente que reincide. Ahora yo advierto lo siguiente, si lo que nosotros queremos es una cárcel para que se pudran las personas, tenemos cadáveres cívicos, entonces necesitamos una cárcel que apueste a lo mejor porque es la manera en que si se apuesta a políticas post-penitenciarias de toda la gama, desde trabajo hasta que suene feo decirlo, pulseras y sistemas electrónicos de control, que puede parecer el gran hermano extendido, pero digamos que si vos combinas una política de seguridad con una política de contención afectiva, me parece que podés encontrar un abanico de herramientas como para reducir eso, independientemente de que se aumenten las penas, el tratamiento penitenciario digo yo. Si lo que vos tenés en el tratamiento penitenciario es simplemente un aguantadero para que salgan, y probablemente se reafirme la idea de la reincidencia.
DC: -Por otro lado, el tema de las políticas. Tienen que ser políticas muy potentes. No solo implementar los programas, sino prácticamente trabajarlos, porque hay que vencer la resistencia. Toda institución cerrada tiende a ser autoritaria y tiende a autoconservarse. Aquí hay que modificar no solo los programas de trabajo dentro de las cárceles sino también cierta mentalidad, todo lo que compone a la cárcel, dentro y fuera de ella.
-Nuevo lugar común: las cárceles están solo ocupadas por los pobres de esta sociedad, al menos.
EA: -Te diría, si lo tomás estadísticamente, en la mayoría de los servicios penitenciarios provinciales, hay muy poco presupuesto y mucho pobre delincuente. Muchísimo. Con, digamos, una cantidad de muertes por pelea de faca, por ahorcamientos, elevada. Si tomás el servicio penitenciario federal, sin abrumar en estadísticas, tiene 10.000 detenidos y 10.000 penitenciarios en total. El servicio penitenciario bonaerense tiene 34.000 detenidos, 10.000 penitenciarios y el mismo presupuesto que el servicio penitenciario federal. Entonces es imposible.
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