La tecnología que permite ahorrar energía con datos

Los edificios representan el mayor consumo de energía y agua de una ciudad. La mitad se desperdicia. La solución tecnológica para hacerlos más eficientes, ahorrar y cuidar el planeta

Según estimaciones del Banco Mundial, hacia 2050 la población global aumentará en 2.400 millones de personas. La mayor parte ellas vivirá en grandes centros urbanos. Se vuelve imperioso tomar acciones para cuidar el medio ambiente y optimizar los recursos escasos. Ya hoy el mundo es una gigantesca red global de edificios, fábricas, sistemas de transporte y personas. Su funcionamiento demanda cantidades siderales de energía, agua y oxígeno, al tiempo que emite gases de efecto invernadero, basura, polución… y datos. Big Data. Miles y millones de inputs, de lo más variados, que son recogidos por medio de sensores y otros dispositivos instalados por doquier, incluso en el propio cuerpo (móviles y wearables).

En 2025 los edificios serán los mayores causantes de emisiones del CO2

Agustín Bellido, líder de Analytics de IBM Argentina, una de las empresas que provee soluciones tecnológicas a esta problemática, lo explicó para Infobae: "Hoy tenemos miles de dispositivos que nos proveen un inmenso volumen de datos. Pero la clave de la cuestión es qué hacemos luego con toda esa información para que sea útil y aplicable. Ya existen edificios inteligentes en Argentina que toman esos datos, los analizan y proveen un outcome, un beneficio. Todo eso redunda en poder hacer una disminución del consumo de energía, agua, gas".

Lea más: "Hoy todas las industrias pueden beneficiarse de la información"

Las cifras son contundentes: sólo en Estados Unidos los edificios son responsables del gasto de entre el 50 y 70% de la energía de una ciudad. El 50% de la misma, y del de agua que se consume, se desperdicia. Una forma de revertirlo, es hacer construcciones inteligentes con sensores que alimente un panel de central con datos sobre la humedad, temperatura, ocupación, luminosidad, movimiento, energía, espacio disponible y operaciones. Al interconectarlos entre sí y cruzarlos con otros del exterior como clima, movimiento de la ciudad, transporte, oferta energética, políticas de la ciudad, entre otros, se obtiene información valiosísima para traquear consumos, tomar acciones concretas, realizar correcciones y predecir situaciones futuras.

En EE.UU el 70% de la energía es consumido por edificios, el 50% se desperdicia

Como señaló Bellido: "El resultado es que podemos anticipar situaciones y tomar las acciones más pertinentes para optimizar los recursos al máximo". En cuanto a la eficiencia, los edificios inteligentes son capaces de reducir el consumo de energía y emisión de CO2 entre un 50 a un 70% y ahorra entre un 30 y 50% el uso de agua. Un análisis más exhaustivo de los datos puede redundar en aumento de la velocidad de respuesta del staff de hasta en un 90%. En cuento a los edificios de viviendas, puede acrecentar la productividad de sus habitantes en un 18% (gracias, por ejemplo, a la automatización de muchas funciones, como apagado de luces, bajar o subir todos de acuerdo al calor o al viento) y su satisfacción en un 27%.

Hoy existen soluciones de software capaces de recolectar, consolidar, analizar esa información. Bellido destacó además que "puede trasladarse al ambiente industrial y a los hogares". Pero, ¿Es posible volver más inteligentes a construcciones ya edificadas? "Definitivamente, aunque claro que, si se conciben contemplando todas estas ventajas, es mejor. Pero se pueden tener sensores en todas plantas, en todos los edificios, incluso en nuestros hogares. El punto es tomar esa información, procesarla y realizar la acción posterior".

Los edificios comerciales desperdician más del 50% del agua que consumen

¿Cómo está Argentina en la implementación de esta tecnología en comparación a lo que son los países centrales? "No estamos lejos porque acá se hace bastante. El mundo está lleno de sensores; da lo mismo si estamos en Buenos Aires, Manhattan, Kuala Lumpur o Bogotá. La tecnología está y debe ser aprovechada. El impacto en números reales depende del tipo de industria, de la situación de cada ciudad y país, etc. Pero sí se puede asegurar que hay un ahorro y un beneficio final para el medioambiente y para el bolsillo de la gente", concluyó Bellido.

 

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