
El orden fue una de las principales promesas de Keiko Fujimori durante la campaña electoral y, a 100 días de haber asumido la Presidencia de la República, continúa siendo una de las palabras más repetidas en sus discursos, actividades oficiales y publicaciones en redes sociales. La mandataria ha reforzado un estilo de comunicación que busca transmitir firmeza, seguridad y capacidad de respuesta. Sin embargo, esa narrativa enfrenta un desafío: lograr que los ciudadanos reconozcan en su vida cotidiana aquello que el Gobierno busca proyectar.
La más reciente encuesta de Datum Internacional, difundida por Cuarto Poder, revela que el 31% de los peruanos considera que el Ejecutivo todavía no ha tenido aciertos, mientras que el 21% identifica como su principal error que no ha hecho nada hasta ahora. Además, el 68% señala que no se ha avanzado nada en la lucha contra la delincuencia, precisamente uno de los asuntos que más protagonismo ha tenido en el discurso presidencial.
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Para Renzo Mazzei, docente de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Lima y especialista en comunicación política, el principal desafío no está necesariamente en la cantidad de mensajes que transmite la presidenta, sino en su capacidad para sostenerlos con acciones que la población pueda reconocer.
“No basta con repetir una frase, no basta con tener más likes para lograr el éxito”, advirtió Mazzei en entrevista con Infobae Perú, al analizar la estrategia comunicacional de Fujimori, el cambio en su presencia digital y la distancia que puede generarse entre los anuncios oficiales y la percepción ciudadana.
De candidata cercana a presidenta que proyecta autoridad
Mazzei considera que una de las primeras diferencias que deben establecerse al analizar la comunicación de Fujimori es que las estrategias de campaña y de gobierno responden a objetivos distintos. Mientras una candidatura busca conseguir votos en un periodo determinado, el ejercicio del poder exige una comunicación planificada y sostenida durante varios años.
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En ese tránsito, el especialista identifica un cambio progresivo en el tono de la presidenta. Durante las primeras semanas, Fujimori buscó mantener una comunicación personal, cercana y con un lenguaje accesible para los ciudadanos, una característica que ya había desarrollado durante la campaña.
No obstante, con el paso de los meses, considera que ese estilo ha dado lugar a una comunicación más enérgica, orientada a reforzar una imagen de autoridad.
“Una palabra que utiliza mucho en su comunicación Keiko es orden. Orden, orden, orden”, dijo.
Para Mazzei, esta evolución se refleja tanto en las actividades oficiales como en los contenidos que la Presidencia difunde a través de sus plataformas digitales.
El riesgo, explicó, es que las necesidades de responder a la coyuntura terminen desplazando una planificación de largo plazo. A su juicio, uno de los problemas históricos de la comunicación gubernamental en el Perú es que las estrategias iniciales suelen modificarse reiteradamente, y se convierten en respuestas inmediatas a los acontecimientos.
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El discurso del orden: cuando repetir un mensaje no es suficiente
La palabra “orden” se ha convertido en uno de los elementos más reconocibles del discurso de Fujimori. Fue parte de su narrativa electoral y ahora busca consolidarse como un atributo de su gestión. Sin embargo, Mazzei advierte que la repetición de un concepto no garantiza que los ciudadanos lo asocien efectivamente con el Gobierno.
El especialista explicó que una estrategia puede contribuir a posicionar una idea, pero necesita complementarse con acciones visibles y un contacto permanente con la ciudadanía.
Esto no significa, precisó, que problemas como la delincuencia o las extorsiones deban desaparecer inmediatamente para que exista una percepción favorable. La diferencia está en que la población pueda reconocer que las autoridades están actuando para enfrentarlos.
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El problema aparece cuando el mensaje institucional se reproduce constantemente, pero no encuentra correspondencia con lo que las personas experimentan.
En ese sentido, Mazzei destacó la importancia de lo que en comunicación política se denomina “campaña de tierra”, entendida como el contacto directo y cotidiano con la población, más allá de los actos protocolares o las publicaciones digitales.
Para el especialista, esa relación resulta fundamental incluso después de ganar una elección. Una gestión no puede depender exclusivamente de sus discursos o del contenido que difunde desde sus canales oficiales.
Del “tap, tap” de TikTok a la interrupción de los lives presidenciales
La comunicación digital fue uno de los recursos más visibles de Keiko Fujimori antes de llegar a Palacio de Gobierno. Sus transmisiones en TikTok, la interacción con usuarios y el conocido “tap, tap” a la pantalla contribuyeron a construir una imagen más cercana y menos asociada a los formatos tradicionales de la política.
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Tras asumir la Presidencia, mantuvo inicialmente esa dinámica mediante transmisiones dominicales. Sin embargo, según el recuento realizado por Mazzei, los encuentros se interrumpieron después de cuatro emisiones durante agosto.
La reducción de las interacciones también quedó reflejada en las cifras. Según un análisis del especialista en datos Juan Carbajal, los “me gusta” acumulados durante las transmisiones dominicales de Keiko Fujimori cayeron un 70,1% en agosto, al pasar de 10,7 millones en la emisión del día 2 a 3,2 millones el 23 de ese mes. Aunque estas cifras no permiten establecer una disminución equivalente de la audiencia, muestran un descenso sostenido en las interacciones registradas durante esos encuentros digitales.
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Más allá de la evolución de las interacciones, la interrupción de estos espacios plantea interrogantes sobre la continuidad de la estrategia digital presidencial. Para Mazzei, el principal cuestionamiento está en si las transmisiones respondían a una planificación de largo plazo o fueron iniciativas impulsadas por la coyuntura. “No sé si es un ajuste de la estrategia, si no es una serie de acciones no planificadas”, señaló.
El experto en comunicación política explicó que los formatos propios de los streamers, utilizados también por otros líderes políticos internacionales, pueden funcionar como mecanismos de acercamiento con los usuarios digitales. Pero advirtió que su continuidad se vuelve más compleja cuando quien transmite debe enfrentar las responsabilidades y crisis propias del ejercicio del poder.
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“El gran problema de utilizar este tipo de formatos provenientes del mundo de los streamers es que la realidad te pega en la cara”, afirmó.
Además, sostuvo que este tipo de transmisiones genera una “sensación de cercanía” que no necesariamente equivale a un diálogo abierto. Aunque los usuarios pueden formular preguntas, la autoridad conserva el control sobre los comentarios que decide responder.
Para Mazzei, la interrupción de las transmisiones sin una explicación pública refuerza sus dudas sobre la planificación del recurso.
“Respondieron un poco a la intuición de ese momento”, consideró, al señalar que una herramienta incorporada a la comunicación presidencial debería tener objetivos definidos y continuidad, o al menos un replanteamiento explícito.
De lo dicho a lo hecho: las encuestas y la percepción ciudadana
La exposición pública de Fujimori contrasta con los resultados de la última encuesta de Datum. El estudio muestra que el 47% de los consultados califica su gestión como regular, el 38% como mala y solo el 10% como buena.
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Para Mazzei, estas cifras plantean una dificultad que no se resuelve únicamente incrementando la presencia digital de la presidenta o endureciendo el tono de sus mensajes.
“Hay una disociación entre lo que se dice y lo que se concreta”, sostuvo.
El especialista explicó que, una vez concluida la campaña electoral, la evaluación ciudadana deja de concentrarse exclusivamente en la figura presidencial y comienza a incorporar el desempeño del conjunto del Ejecutivo.

Así, los anuncios pueden perder efectividad cuando la población no identifica avances concretos en áreas que afectan su vida cotidiana.
“Una cosa es anunciar una construcción y otra cosa es ver la construcción”, ejemplificó.
La misma diferencia, agregó, puede observarse en las promesas de luchar contra la delincuencia, construir establecimientos penitenciarios o brindar asistencia a familias afectadas por emergencias.
En particular, Mazzei identificó en el fenómeno de El Niño uno de los desafíos más importantes para la comunicación gubernamental. Consideró que la capacidad de respuesta frente a sus consecuencias podría influir en la percepción sobre la gestión presidencial, especialmente porque los riesgos climáticos habían sido advertidos antes del inicio del Gobierno.
En este escenario, la comunicación ya no depende solamente de la presidenta, sino también de las acciones y resultados de los distintos sectores del Ejecutivo.
La oportunidad de Fujimori para corregir el rumbo
Pese a las dificultades identificadas, Mazzei considera prematuro afirmar que Keiko Fujimori ha perdido la capacidad de construir una narrativa favorable sobre su administración.
Consultado sobre si la presidenta está comenzando a perder la batalla por el relato de su propio Gobierno, el especialista respondió que todavía existen oportunidades para corregir el rumbo.
“Yo creo que todavía hay una gran oportunidad de revertir”, sostuvo.
A su juicio, el balance de los primeros 100 días debe servir para identificar los aspectos que necesitan ajustes y fortalecer una estrategia de comunicación de largo plazo.
El concepto de orden todavía puede convertirse en un sello de la administración Fujimori si logra articularse con el lema institucional “Perú responde” y, principalmente, con una gestión que demuestre capacidad para actuar frente a los problemas.

En esa línea, consideró que el fenómeno de El Niño representa una prueba importante para mostrar que el Gobierno puede organizarse y responder ante situaciones de crisis.
Mazzei también destacó que, hasta el momento de la entrevista, la administración no había enfrentado un gran escándalo político comparable con los registrados al inicio de otros gobiernos, una circunstancia que, desde su perspectiva, ofrece margen para fortalecer su comunicación.
Sin embargo, insistió en que la clave no estará únicamente en mantener una presencia constante en redes sociales, sino en conseguir coherencia entre los mensajes, las decisiones y lo que finalmente perciben los ciudadanos.
“Si solamente aspiramos a una buena comunicación digital, la realidad nos va a superar”, concluyó.
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