El desprendimiento de retina puede causar una pérdida irreversible de la visión si no recibe tratamiento en forma rápida. El riesgo aumenta después de un golpe ocular y en personas con miopía alta, diabetes o lesiones previas. Los destellos persistentes, las manchas flotantes y la visión borrosa que no mejora con anteojos o lentes de contacto requieren una consulta oftalmológica de urgencia.
La retina es la capa que recubre la parte posterior del ojo. Recibe la luz y transmite esa información, a través del nervio óptico, hacia el cerebro. Ese mecanismo permite distinguir formas, colores y detalles. Cuando la retina se separa de su posición normal, la imagen puede perder nitidez o desaparecer en una zona del campo visual.
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El oftalmólogo Carlos Wong Morales explicó que el problema no suele producir dolor, un factor que puede demorar la atención. Una persona puede sufrir un cabezazo, un pelotazo o un impacto directo en el ojo y no advertir cambios en el momento. Las consecuencias pueden aparecer días o semanas más tarde.
Los destellos y las moscas volantes pueden anticipar una ruptura retinal
Las primeras señales incluyen luces repentinas, conocidas como destellos, y pequeñas sombras o puntos móviles frente a la mirada, llamados moscas volantes. Estos fenómenos también pueden relacionarse con cambios vinculados con la edad, pero deben evaluarse si aparecen de manera súbita, aumentan o persisten con el paso de los días.
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La visión borrosa adquiere mayor relevancia cuando no responde a la corrección habitual. Si el desprendimiento compromete la mácula, situada en el centro de la retina, el daño puede afectar la visión central, que resulta necesaria para leer, reconocer rostros y realizar tareas que demandan precisión.
Wong Morales diferenció dos formas principales. El desprendimiento seroso puede estar asociado con el estrés, el embarazo o el uso de corticoides. Suele comprometer la región macular y, en determinadas situaciones, la retina puede volver a adherirse sin cirugía. El regmatógeno, en cambio, se origina a partir de una ruptura retinal y exige una atención rápida.
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La miopía alta multiplica el riesgo de lesiones en la retina
Más del 40% de los casos de desprendimiento de retina se asocia con la miopía alta. Esta condición modifica el tamaño del globo ocular, estira la retina y favorece la aparición de degeneraciones periféricas. Son zonas adelgazadas que pueden no causar síntomas, aunque presentan mayor posibilidad de romperse.
Las personas con miopía alta tienen un riesgo 10 veces mayor de sufrir una ruptura retinal que quienes no presentan esa condición. La cirugía láser destinada a corregir el defecto refractivo no elimina esa posibilidad, porque actúa sobre la córnea, ubicada en la parte anterior del ojo, sin alterar la forma ni la longitud del globo ocular.
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Cuando la retina se rompe, puede permanecer adherida durante un tiempo. En esa etapa, el especialista puede aplicar láser alrededor de la lesión para formar una cicatriz que selle el área y reduzca la posibilidad de que el desprendimiento avance. El tratamiento depende del tipo, el tamaño y la ubicación de la ruptura.

El líquido del vítreo puede separar la retina de manera progresiva
El riesgo aumenta cuando el líquido del vítreo atraviesa la abertura retinal. El vítreo es una sustancia gelatinosa que ocupa el interior del ojo y que se vuelve más líquida con el paso del tiempo. Si se filtra detrás de la retina, puede separarla de las capas que la nutren.
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A medida que el desprendimiento avanza, la persona puede notar una sombra que cubre parte de la visión, como si una cortina descendiera desde un costado o desde arriba. La pérdida del campo visual puede extenderse de forma gradual. La ausencia de dolor no reduce la gravedad del cuadro ni reemplaza la necesidad de una evaluación inmediata.
La atención durante la primera semana desde el desprendimiento ofrece mejores posibilidades de recuperar la adherencia retinal. Después de un mes, pueden aparecer membranas o cicatrices internas que traccionan la retina y dificultan el tratamiento. El tiempo transcurrido hasta la consulta puede influir en el pronóstico visual.
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La cirugía puede requerir gas o aceite de silicona dentro del ojo
Cuando la retina ya se desprendió, el tratamiento suele requerir cirugía a cargo de especialistas en retina. El procedimiento puede durar hasta dos horas y media. Una de las técnicas utilizadas es la vitrectomía, que consiste en extraer el vítreo con instrumentos de pequeño tamaño bajo observación microscópica.


Durante la operación, el cirujano puede colocar gas o aceite de silicona para mantener la retina en contacto con la pared interna del ojo. Algunos pacientes necesitan más de una intervención. Los casos con cicatrices anormales presentan mayores dificultades, porque esas membranas pueden volver a traccionar la retina o impedir que se adhiera por completo.
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No todas las degeneraciones periféricas requieren láser preventivo. La decisión surge de un examen de fondo de ojo con dilatación pupilar. El paciente recibe gotas y espera cerca de media hora para que el especialista observe el interior del ojo y detecte posibles lesiones en la periferia retinal.

Los golpes oculares son una causa frecuente en niños y adolescentes
Los traumatismos son la causa más frecuente de desprendimiento de retina en niños y adolescentes, aunque el cuadro es poco habitual en esas edades. Las caídas sobre objetos puntiagudos, los accidentes con tijeras, lápices o ramas pueden producir lesiones graves. Una revisión inmediata permite identificar daños que también pueden comprometer el globo ocular.
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El uso de lentes protectores resulta recomendable en deportes de contacto y en actividades con exposición a partículas a alta velocidad. Mecánicos, agricultores y trabajadores de distintos rubros pueden enfrentar ese riesgo. Wong Morales señaló que el 90% de los traumatismos oculares de este tipo podría prevenirse con medidas de protección adecuadas.

Los controles oftalmológicos deberían realizarse al menos una vez por año en personas sin antecedentes. La frecuencia puede aumentar a cada seis meses o cada tres meses si existen factores de riesgo, lesiones previas o diabetes. Esta enfermedad puede dañar los vasos de la retina, provocar sangrados internos y reducir la visión. Las pantallas no causan desprendimiento retinal de manera directa, aunque su uso prolongado en niños puede favorecer la progresión de la miopía.
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