Agujero macular: Conoce los síntomas, diagnóstico y por qué la cirugía puede prevenir la ceguera

Las personas mayores de 60 años pueden desarrollar una lesión en la mácula que distorsiona la visión y compromete detalles finos, advirtió una especialista en retina durante una entrevista reciente

¿Notas una mancha borrosa en el centro de tu visión o ves las líneas rectas como si estuvieran onduladas? Podrías tener un agujero macular. En esta entrevista, una experta explica cómo identificar las primeras señales de alerta y por qué es crucial un diagnóstico temprano. | ATV Noticias
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La oftalmóloga Patricia Lira alertó sobre la presencia de agujeros maculares, una alteración ocular poco frecuente que puede provocar una zona ciega en el centro de la visión y distorsión en letras, líneas y rostros. Lira explicó que este cuadro requiere diagnóstico mediante tomografía de coherencia óptica y advirtió que, sin tratamiento oportuno, el paciente puede perder la capacidad de leer o identificar caras con el ojo afectado.

Según la especialista, la incidencia de esta patología ronda los 8 casos cada 100.000 habitantes, lo que la convierte en un trastorno visual poco habitual. No obstante, subrayó la importancia de los controles regulares porque el problema puede afectar ambos ojos: “En el 11% de los pacientes, el otro ojo también puede desarrollar un agujero macular”, remarcó.

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Durante una entrevista televisiva, la médica detalló que el agujero macular consiste en una pequeña rotura o abertura en la mácula, que es la parte central de la retina. Esta zona resulta fundamental para ver detalles finos, leer y reconocer rostros, por lo que cualquier daño compromete directamente la visión central.

La Dra. Patricia Lira, retinóloga, explica el diagnóstico y tratamiento de un agujero macular traumático, mencionando un caso de impacto en el ojo. | ATV Noticias

Síntomas y confusiones frecuentes

Entre los síntomas más característicos, Lira mencionó la aparición de una distorsión visual, la sensación de un hueco en el centro de la imagen, dificultad para leer porque “faltan” letras y líneas que parecen torcidas en vez de rectas. También señaló que algunas personas pueden ver los rostros deformados o dejar de percibirlos con nitidez. “El paciente suele notar que, al intentar leer, algunas letras desaparecen o las líneas parecen doblarse”, describió la especialista.

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La oftalmóloga advirtió que los síntomas pueden confundirse con otras patologías de la mácula, como la degeneración macular asociada a la edad o la tracción vitriomacular. Por este motivo, recomendó que la evaluación la realice un retinólogo, quien puede diferenciar entre los distintos cuadros y determinar el abordaje más adecuado.

Para la detección temprana, Lira sugirió una prueba sencilla: cubrir un ojo y luego el otro para comparar la visión de cada uno. “Muchas personas no perciben el problema porque el ojo sano compensa la pérdida visual del afectado”, enfatizó.

Paciente de perfil apoya el rostro en un equipo médico con luz azul dirigida a su ojo mientras una mano con guante ajusta el aparato.
Un médico realiza un examen ocular a un paciente mediante una lámpara de hendidura en un consultorio. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Factores de riesgo y causas identificadas

La mayoría de los casos de agujero macular aparece después de los 60 años. Lira explicó que una de las causas principales es la tracción del vítreo sobre la mácula. Describió el vítreo como una gelatina que, al tirar de esa zona de la retina, puede producir una rotura. El proceso puede comenzar en pacientes desde los 55 o 60 años, aunque la mayor prevalencia se encuentra en adultos mayores.

La especialista mencionó otras causas, como traumatismos o golpes directos, procesos inflamatorios y casos denominados idiopáticos, en los que no se identifica un origen preciso. Según Lira, estos últimos representan la mayoría de los diagnósticos. Entre los traumatismos capaces de desencadenar la lesión, mencionó golpes de puño, agresiones y pelotazos, situaciones que pueden generar daños en la estructura de la mácula.

El diagnóstico diferencial resulta fundamental para evitar confusiones con otras enfermedades oftalmológicas, por lo que la consulta con un especialista debe realizarse ante cualquier síntoma de alteración visual central.

Plano cerrado de un ojo humano con iris avellana y una cuadrícula de líneas blancas deformadas en el centro de la pupila.
Una macrofotografía de un ojo humano ilustra la distorsión de la visión central asociada a afecciones oculares como el agujero macular. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Diagnóstico y tratamiento quirúrgico

Para confirmar la presencia de un agujero macular, el estudio recomendado es la tomografía de coherencia óptica. Este examen permite visualizar con precisión la estructura de la mácula y determinar el tamaño y grado de la lesión. Una vez detectado el agujero, el tratamiento consiste en una intervención quirúrgica llamada vitrectomía posterior.

Lira explicó que la cirugía incluye el pelamiento de la membrana que origina la tracción y la posterior colocación de gas dentro del ojo. “El objetivo es retirar el vítreo que provoca la tracción, teñir la membrana con un colorante azul brillante y extraerla mediante microincisiones”, detalló la oftalmóloga.

De acuerdo con los estudios citados en la entrevista, entre el 90% y el 95% de los agujeros maculares logran cerrarse con este procedimiento. Lira definió la operación como una cirugía de alta complejidad y especialidad, que requiere experiencia y tecnología específica.

Manos sujetando un libro abierto con texto borroso en el centro sobre una mesa de madera con anteojos y una taza.
Unas manos sostienen un libro con texto distorsionado en el centro para ilustrar la pérdida de nitidez en la lectura. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Evolución, pronóstico y consecuencias de no tratar el cuadro

La especialista advirtió que el agujero macular evoluciona por grados, desde el cero hasta el cuatro. A medida que la lesión aumenta de tamaño y complejidad, el cierre completo se vuelve más difícil para el cirujano. El pronóstico visual depende, en gran medida, de la rapidez con que se realiza el diagnóstico y la intervención.

Si el paciente no recibe tratamiento, la consecuencia puede ser la pérdida total de la visión central del ojo afectado. En esa situación, la persona no podrá leer ni reconocer rostros con ese ojo y solo conservará una visión periférica limitada. “El control y la consulta oportuna con un especialista son claves para preservar la función visual”, enfatizó Lira.

Hombre con bata de laboratorio examina un equipo oftalmológico junto a un monitor con un diagrama de ojo. Sobre la mesa hay instrumentos médicos y botellas.
Un médico oftalmólogo analiza una imagen del ojo en una pantalla mientras opera un equipo de exploración ocular durante una consulta. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La oftalmóloga insistió en que, aunque se trate de una patología infrecuente, el compromiso de la visión central impacta de manera directa en la calidad de vida de quienes la padecen. Por eso, recomendó no postergar la consulta ante cualquier síntoma sospechoso y realizar controles periódicos a partir de los 55 años.

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