
Durante muchos años, los mensajes presidenciales de 28 de julio se convirtieron en largos inventarios de promesas, anuncios dispersos y buenas intenciones. Cada gobierno parecía convencido de que bastaba con enumerar proyectos para transmitir liderazgo. El mensaje de la presidenta Fujimori quiere romper con esta lógica. Más allá de las simpatías o diferencias políticas que pueda generar, existe un elemento que merece destacarse: por primera vez en mucho tiempo, el eje del discurso no fue la postura política o ideológica, sino la apuesta corporativa por una gestión eficiente.
Desde sus primeras palabras, la presidenta planteó un diagnóstico severo del Estado peruano. No describió únicamente un país afectado por la inseguridad, la pobreza o la corrupción. Sostuvo que detrás de todos estos problemas existe una causa común: un Estado desorganizado, incapaz de ejecutar con eficiencia, coordinar políticas públicas y convertir el presupuesto en resultados concretos para los ciudadanos.
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Este cambio de enfoque representa un cambio muy importante. Durante las últimas décadas, buena parte del debate público se concentró en discutir cuánto debía intervenir el Estado, mientras se dejaba en segundo plano una pregunta mucho más elemental: ¿Es capaz de hacer bien aquello que ya le corresponde? El verdadero problema del Perú nunca ha sido únicamente el tamaño del Estado. Ha sido, sobre todo, su capacidad de gestión.
No resulta casual que uno de los conceptos más repetidos del mensaje haya sido el logro de metas. Los 1,826 días de gobierno fueron presentados como un cronómetro permanente que obligará a cada ministerio y entidad pública a rendir cuentas sobre resultados medibles. Esa narrativa busca trasladar la lógica de la planificación estratégica al conjunto de la administración pública, algo que el país reclama hace ya 20 años.
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Convertir este enfoque en realidad, sin embargo, será mucho más complejo que anunciarlo. El Perú ha producido excelentes planes nacionales, políticas públicas técnicamente sólidas y ambiciosas reformas administrativas que terminaron diluyéndose frente a la fragmentación institucional, la burocracia y la inestabilidad política. La diferencia nunca estuvo en la calidad de los diagnósticos. Somos un país sobre diagnosticado. La diferencia siempre estuvo en la capacidad para ejecutar las metas propuestas e impactar positivamente en la calidad de vida de los ciudadanos.
Precisamente, por ello, el éxito de este gobierno no dependerá únicamente de la magnitud de las inversiones anunciadas, ni del número de proyectos incluidos en la agenda presidencial. Dependerá de algo mucho más puntual y difícil de lograr: construir un Estado capaz de coordinar ministerios, gobiernos regionales y municipalidades alrededor de objetivos comunes, eliminar duplicidades, recuperar meritocracia y fortalecer la capacidad técnica de sus instituciones. Eso que en el mundo privado llamamos liderazgo y capacidad de gerencia.
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La presidenta también colocó correctamente dos prioridades inmediatas: la seguridad ciudadana y la prevención frente al fenómeno El Niño. Ambas responden a urgencias que no admiten largos periodos de maduración. Los ciudadanos necesitan resultados visibles ahora, no dentro de 20 años. Allí comenzará la primera prueba de credibilidad de este gobierno.
Si algo distingue este primer mensaje presidencial es que intenta reemplazar la política de los anuncios por la política de la gestión eficiente. La apuesta es correcta, porque el principal déficit del Estado peruano no ha sido la falta de diagnósticos, sino la incapacidad para ejecutar soluciones que realmente lleguen a los peruanos.
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En los próximos cinco años no bastará con mantener la disciplina del discurso. Para lograrlo será indispensable sostener la disciplina y metodología de gestión anunciada por la presidenta Fujimori, con resultados concretos y efectivos, así como hacer efectiva su capacidad de convocatoria, reuniendo en mesas de trabajo permanente al mayor número de fuerzas sociales, empresariales y políticas del país. En esta dinámica se jugará el éxito del nuevo gobierno. Todos lo deseamos por el bien del país. Su éxito gubernamental será el éxito de todos los peruanos.

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