Keiko Fujimori llega a la presidencia: ¿qué le espera al Perú con un gobierno fujimorista en los próximos 5 años?

La candidata de Fuerza Popular derrotó a Roberto Sánchez en el balotaje del 7 de junio y asume el poder con una base electoral mínima, una agenda económica pendiente y una profunda división geográfica entre Lima y el interior del país

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Mujer con cabello oscuro viste traje blanco y banda presidencial roja y blanca con escudo de Perú, ante un mapa dorado del país.
Keiko Fujimori lleva la banda presidencial sobre un traje blanco, con un mapa del Perú en el fondo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Keiko Fujimori es la virtual presidenta del Perú en su cuarto intento, al imponerse a Roberto Sánchez en la segunda vuelta del 7 de junio, en unos comicios que cerraron un proceso electoral accidentado y que la ubican al frente de un país con una crisis política de una década sin resolver.

Fujimori Higushi llega al poder obteniendo 9′223.396 votos, equivalentes al 50,135% de los sufragios válidos. Roberto Sánchez, su rival, alcanzó 9′173.755 votos, el 49,865% del total. Una diferencia de apenas 49.641 sufragios separó a los dos candidatos al cierre del escrutinio, en uno de los resultados más ajustados de la historia electoral peruana.

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Para el analista político Dante Solano, docente de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Científica del Sur, ese punto de partida condiciona todo el mandato: “Ambos candidatos no tenían el suficiente soporte popular para poder sostener sus planes de gobierno”.

FOTO DE ARCHIVO: La candidata presidencial de derecha de Perú, Keiko Fujimori, habla con los medios de comunicación después de asistir a un debate televisado con el candidato de izquierda Roberto Sánchez, antes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del 7 de junio, en Lima, Perú, el 31 de mayo de 2026. REUTERS/Alessandro Cinque/File Photo
FOTO DE ARCHIVO: La candidata presidencial de derecha de Perú, Keiko Fujimori, habla con los medios de comunicación después de asistir a un debate televisado con el candidato de izquierda Roberto Sánchez, antes de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del 7 de junio, en Lima, Perú, el 31 de mayo de 2026. REUTERS/Alessandro Cinque/File Photo

El Perú que recibe Fujimori acumula más de ocho presidentes en diez años y niveles mínimos de confianza institucional. La desafección ciudadana quedó expuesta en la primera vuelta, donde el conjunto de los dos candidatos finalistas apenas rozó el 30% del electorado habilitado, según datos de la ONPE. Solano describe ese dato como una advertencia directa para el nuevo gobierno: “Uno de cada tres peruanos no votó por ninguno de los dos candidatos que llegaron a la segunda vuelta”.

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Ilustración acuarela del Palacio de Gobierno de Perú, rodeado por ocho retratos de presidentes peruanos y una silueta oscura con un signo de interrogación al frente.
Esta ilustración en acuarela representa a varios presidentes peruanos que han ocupado el Palacio de Gobierno, junto a una enigmática silueta con un signo de interrogación que simboliza la incertidumbre política del país. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La restitución del Senado y la Cámara de Diputados —tras décadas con un parlamento unicameral— introduce un nuevo esquema de contrapesos que Fujimori deberá gestionar desde el primer día. El analista señala que la posición del partido de Jorge Nieto, que mantuvo neutralidad durante toda la campaña, puede ser la llave para articular una coalición legislativa estable. Una alianza con Renovación Popular, el partido de Rafael López Aliaga, también aparece como opción natural dado el alineamiento ideológico entre ambas fuerzas.

Luego de que la ONPE finalizara el conteo de votos al 100%, la virtual presidenta electa Keiko Fujimori se dirigió a la prensa para pedir prudencia y esperar la proclamación oficial del Jurado Nacional de Elecciones. Además, reconoció la división del país y se comprometió a un diálogo abierto. | Canal N

El frente económico: confianza que aún debe ganarse

En el frente económico, Fuerza Popular llega con un programa orientado a la estabilidad macroeconómica y la atracción de inversión privada, señales que el sector empresarial recibe con mayor confianza que las propuestas de su rival. Pero Solano advierte que las señales discursivas no bastan si no se concretan en nombramientos técnicos y políticas fiscales responsables: “El Ministerio de Economía tiene que dar la confianza de que no se van a erosionar más las cuentas fiscales”. La informalidad laboral, los conflictos sociales y la reactivación productiva son los ejes que el nuevo gobierno deberá abordar sin dilación.

Más allá de la estabilidad macroeconómica, el Perú arrastra una agenda social de largo plazo que incluye brechas en educación, acceso a servicios básicos en zonas rurales y la expansión de economías ilegales vinculadas a la minería y el narcotráfico. Solano señala que ningún gobierno puede sostener el crecimiento económico sin atender simultáneamente los conflictos sociales que lo amenazan desde adentro. La historia reciente del país muestra que la inestabilidad política suele tener su origen en esas tensiones no resueltas, y que postergarlas solo amplía su costo político y social.

Keiko Fujimori, vestida de blanco, sentada en un podio rojo con micrófono. El podio dice "DEBATE PRESIDENCIAL" y hay un cartel "KEIKO FUJIMORI"
Keiko Fujimori, candidata a la presidencia, interviene durante el debate de segunda vuelta organizado por el JNE, presentando sus propuestas ante la audiencia nacional. (JNE)

La tensión postelectoral y los primeros pasos del gobierno

La tensión postelectoral será otro frente inmediato. Sánchez concentró su apoyo en el sur, el centro y el Perú rural —donde CPI le otorgó el 53,3% en la sierra centro y sur—, territorios donde Fujimori registró sus niveles más bajos de respaldo. Esa fractura geográfica no desaparece con el resultado electoral y anticipa un escenario de movilizaciones en regiones donde el nuevo gobierno tendrá poca base de apoyo. Solano advierte que los primeros nombramientos del gabinete serán el indicador más claro del rumbo del gobierno: “Si vemos nombramientos posicionales, todos los actores políticos y la prensa tienen derecho a denunciarlo y hacerlo público”.

La participación juvenil registrada durante el proceso suma una variable adicional. Los jóvenes que se movilizaron en esta elección —tanto a favor como en contra de Fujimori— representan un segmento del electorado con expectativas concretas y mayor disposición a la acción política directa. “Son jóvenes que han estado bien introducidos en el proceso y se han movilizado”, señaló Solano. El fujimorismo deberá encontrar la manera de interlocutar con ese sector si quiere ampliar su base de legitimidad más allá de Lima y el norte del país.

Keiko Fujimori

Política exterior: entre Washington, Pekín y la región

En política exterior, Fujimori gobernará en un contexto de competencia abierta entre Estados Unidos y China, los dos principales socios comerciales del Perú. El embajador estadounidense ha mantenido una presencia más activa que sus antecesores durante el proceso electoral, mientras que China consolida su influencia económica en la región a través de inversiones en infraestructura y minería. “El Perú tiene que ser muy cuidadoso y muy estratégico en sus relaciones internacionales”, afirmó Solano, quien advierte que cualquier señal de alineamiento exclusivo con una de las dos potencias puede tener costos comerciales y diplomáticos inmediatos.

A nivel regional, el mapa latinoamericano muestra a Argentina y Chile alineados hacia posiciones más conservadoras, mientras Brasil transita su propio proceso electoral con una disputa abierta entre el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y la derecha. Para Solano, la posición geoestratégica del Perú como puerta hacia Asia Pacífico es una ventaja que ningún gobierno debería desaprovechar, más allá del signo ideológico de sus vecinos. El país tiene, además, una conexión directa con Brasil y un historial de acuerdos multilaterales —como la Alianza del Pacífico— que trascienden las diferencias ideológicas entre sus socios.

Keiko Fujimori, una mujer de cabello oscuro, habla en un podio transparente con el texto "DEBATE PRESIDENCIAL SEGUNDA VUELTA 2026". Viste una blusa blanca y un collar con una cruz plateada. El fondo es púrpura y borroso con detalles arquitectónicos
Keiko Fujimori participa activamente en el debate presidencial de segunda vuelta, organizado por el JNE. (JNE)

Un proceso con heridas que el nuevo gobierno hereda

El proceso que culminó este domingo estuvo marcado desde su inicio por problemas logísticos que forzaron a 13 centros de votación a extender sus operaciones al día siguiente de la primera vuelta, y por un conteo que tardó 33 días en arrojar resultados definitivos, con el 100% del escrutinio confirmado por la ONPE el 15 de mayo. La proclamación tardía de los candidatos finalistas acortó la campaña de segunda vuelta, que se limitó a dos debates como principales instancias de contraste público.

Ese conjunto de factores alimentó cuestionamientos sobre la solidez del proceso que, según Solano, no deben minimizarse aunque tampoco magnificarse. “No ha sido el mejor proceso electoral, sin duda alguna, pero también hay elementos que funcionaron”, afirmó el analista. Fujimori asume la presidencia con esa sombra presente y con la tarea de demostrar que su gobierno puede ser el punto de inflexión en una década de inestabilidad que el propio resultado electoral no alcanza, por sí solo, para cerrar.

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