Julio Granda, gran maestro de ajedrez: “La derrota contra mi padre vale oro. No tiene precio”

El gran maestro de ajedrez nacido en Camaná, recuerda la influencia de su padre a lo largo de su carrera y opina sobre la evolución del deporte en el país. Pese a que no le pone tiempo límite a su carrera, considera la publicación de su primer libro, “Guía para ser un maestro de ajedrez”, como un paso hacia el final

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El Gran Maestro de ajedrez Julio Granda recuerda con emoción a su padre, quien no solo le dio las bases para su juego, sino que también era un formidable jugador. Granda comparte una conmovedora anécdota sobre la única vez que su padre le ganó una partida y reflexiona sobre su propia carrera.

A sus 59 años y con una carrera más que brillante como ajedrecista en el Perú y a nivel internacional, Julio Granda inicia el tramo final de su periodo como deportista con la publicación de un primer libro: “Guía para ser un maestro de ajedrez”, con la intención no solo de pasar del tablero a la enseñanza, sino de intentar transmitir a futuras generaciones su estilo libre de jugar y de ver un deporte que, en sus instancias más altas, pasa de ser un entretenimiento a ser una ciencia que debe ser estudiada.

Ya con 40 años como gran maestro, Granda conversó con Infobae Perú no solo sobre su incursión en la enseñanza del ajedrez, sino también sobre las memorias de sus primeros años como deportista, desde el descubrimiento de su talento para dominar el tablero, pasando por las enseñanzas de su padre -que falleció recientemente- y su derrota más recordada contra él, pese a que nunca llegó a jugar como profesional.

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Ahora que mi padre ha fallecido, veo que su legado es impresionante, comenta Granda a este medio, y rescata cómo su padre vio en él algo más que un aficionado por el deporte ciencia, sino un talento que había que formar, incluso cuando rechazaba la idea de estudiar para mejorar.

“El ajedrez es un océano infinito”

Luego de tantos años como gran maestro y campeón de ajedrez ¿Por qué publicar un libro ahora?

Es el primero y estamos muy contentos todos los que hemos contribuido. El ajedrez está pasando por un buen momento y para incentivar la práctica, especialmente de los niños y jóvenes, no hay tanta información para que un niño que tiene una afición por el ajedrez o una predisposición a aprenderlo encuentre una orientación. El ajedrez es un océano infinito y si no sabes navegar un poco en él, pues te vas a perder. Esa es la idea del libro.

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Julio Granda
Julio Granda. (Foto: Agencia Andina)

¿Qué es lo que ha cambiado para que el ajedrez tenga más aceptación en el público peruano?

El ajedrez obviamente no va a ser como el fútbol. Es un juego intelectual, pero dentro del drama que significó la pandemia, surgió un gran interés por el ajedrez. Han contribuido influencers, que antes era raro en ajedrez y ahora hay un montón en todo el mundo. Mucha gente, sobre todo niños jóvenes y chicas, han encontrado que si rompes el mito de que “es muy difícil”, encuentras un juego apasionante.

El ajedrez es una actividad muy inclusiva. Puede jugar un niño de tres años, cuatro años, como una persona de avanzada edad. Invidentes incluso pueden jugar. Se rompen todas las barreras.

“Todo es más rápido”: la transición del ajedrez a la modernidad

¿Cómo vive un ajedrecista que ha vivido la transición del siglo XX y el siglo XXI en el deporte?

Todo viene muy acelerado. Cuando a los 19 años conseguí el título de gran maestro, junto a un noruego, éramos los más jóvenes del mundo. El récord mundial incluso estaba en 15 años. Actualmente el récord lo tiene un jovencito que ya consiguió el título con 12 años y un poco más. Hace poco Faustino Oro, el portento argentino, ha conseguido el título de gran maestro y es el segundo gran maestro más joven de toda la historia del ajedrez.

Es el mundo real y el ajedrez obviamente no puede ser distinto. Las herramientas que ahora tiene la nueva generación le permiten acelerar cualquier aprendizaje.

¿Te sorprende que se rompan récords de precocidad para conseguir el título de gran maestro?

No me sorprende. En mi época tú tenías que pasar por un proceso más largo y la información era muy limitada. Mi padre tuvo que hacer esfuerzos para conseguir algunos libros. Y claro, el ajedrez es una actividad bastante económica. Basta un tablerito, unas piezas, una mesa, y lo puedes aprender, pero para mejorar necesitas un medio. Argentina y Brasil tienen mucha tradición, pero el resto de países casi no la tiene. Aquí en Perú hubo buenos ajedrecistas en el pasado, pero no hay tanta tradición. No hay una formación más académica.

Ahora tú puedes estar en tu casa. Un niño puede jugar un montón de partidas al día, puedes analizarlas con la ayuda de la máquina, que juega actualmente mejor que el campeón mundial. No es que ahora los niños sean más inteligentes que los de antaño. Simplemente el binomio ensayo-error lo tienes ahí al alcance de la mano y eso hace que todo se acelere.

Julio Granda
Julio Granda. (Foto: Agencia Andina)

Antes de ser un gran maestro también fuiste un niño que aprendía a jugar ¿Sentías nervios de niño cuando te enfrentabas a ajedrecistas mayores?

Tuve la suerte de que aprendí muy pequeño antes de leer y escribir. Mi padre pensaba que eso era un obstáculo para aprender ajedrez. A mi me llamó la atención como a mis hermanos. Aprendí con ellos, empecé a jugar con ellos y luego las circunstancias hicieron que yo desarrollara, casi sin querer, dotes competitivas.

Solo recuerdo una vez en mi vida, cuando competía en Arequipa, que me entró unos nervios que casi no podía controlar, pero nunca más me volvió a pasar eso. Obviamente, cuando tienes una partida importante estás un poco más preocupado, pero solo tienes que mantener la calma. Incluso en un mundial infantil que gané en México en los años 80, me pusieron de sobre-sobrenombre ‘El inmutable’. He mantenido esta característica.

Pero la formación de antes no es la de ahora, que se usa la tecnología. ¿Crees que forma parte de la evolución natural del ajedrez?

Sí. El ajedrez lamentablemente no se ha podido sustraer a eso, pero mantiene su esencia de todas maneras. A veces los muchachos juegan una partida clásica, que puede durar cinco o seis horas. Sin embargo, por Internet juegan a un minuto y a veces ni siquiera a un minuto, sino a un cuarto de minuto. Esas partidas en realidad no tienen mayor sentido lógico porque tienes que jugar al impulso y el tiempo es el protagonista. Entonces jugadores que tienen tal habilidad que llega un momento en que te empiezan a regalar las piezas, porque al capturar vas a perder más tiempo ¿Y de qué te sirve ganar tan rápido cuando estás con una desventaja clara, pero por tiempo estás ganando? Es parte del mundo actual, pero en realidad tú escoges.

¿Has intentado jugar alguna de esas partidas?

No, yo creo que mi naturaleza colapsaría si intento jugar a esa que le llaman “bullet”, ajedrez bala.

¿Entonces esta es la forma que el ajedrez tiene para romper la barrera de lo tradicional para atraer al jugadores más jóvenes?

Todo depende del interés. Por eso es importante difundirlo en niños pequeños. Incluso alguien decía por ahí de que para sacar un buen ajedrecista se ponía los tres años de edad para formarlo. Puede parecer un poco exagerado, pero creo que tiene argumentos porque se desperdician esas edades precoces en los niños donde pueden captar de una manera más natural la afición por cualquier actividad.

Yo creo que el mundo ha evolucionado y no podemos ignorar eso, pero el ajedrez mantiene su esencia. Las reglas son las mismas, no es que haya cambiado (...) Creo que el ajedrez clásico, si bien en la superélite sigue siendo un poco aburrido porque ya está demasiado estudiado, para la gran mayoría de aficionados siempre va a tener esa magia porque a niveles más bajos lo normal es que se cometan más errores (...) Capablanca mismo decía: “el ajedrez es más que un juego”, y a mí me costó asimilarlo. En esta nueva etapa en que ya estoy dedicado a la enseñanza, obviamente tienes que transmitir toda esa historia, todo ese entusiasmo y estoy bastante reconfortado.

Julio Granda
Julio Granda. (Foto: Agencia Andina)

Una derrota que vale oro

Cada gran maestro tiene el suyo propio. En tu caso, fue tu padre. Supimos de su fallecimiento días antes de esta entrevista ¿Cómo empezó a enseñarte a jugar ajedrez?

Es curioso. A veces no sabemos valorar en su momento aspectos tan importantes. Debo reconocerlo porque mi padre fue un pilar fundamental en mi formación en el ajedrez. Él tenía gran afición y que curiosamente la había dejado. Fue en el famoso match de Fischer-Spassky en 1972 (...) eso hizo que el ajedrez se popularizara y mi padre, que era policía en ese entonces, destacaba en un ámbito más aficionado.

Mi padre, una vez que descubrió mi talento, empezó a cultivarlo. Pero uno es niño y no mide bien eso (...) Mi padre me forzó a que lo acompañara a leer libros que a mi me aburrían (...) yo quería jugar fútbol, pero mi padre estaba feliz y yo lo acompañaba. Él buscaba que yo perfeccionara, y yo cuestionaba eso. Me desarrolló un rechazo al estudio de ajedrez.

¿Entonces ese es el legado que deja en ti?

Ahora que mi padre ha fallecido, veo que su legado es impresionante. No solamente se preocupó en la cuestión técnica. Él tenía un gran nivel de aficionado y algunos maestros “rebotaban” con él.

Se me ocurrió esta anécdota cuando fue mi turno de hablar algo de mi padre: una vez estábamos jugando en su casa una partida informal. Yo ya era gran maestro. Al comienzo reconozco que la partida estaba más o menos controlada. Tenía una ventaja, pero mi padre se concentraba muy bien. Era un buen luchador, creo que me transmitió eso también. De pronto veo que no era tan sencilla la posición. Entonces dije: «Ya me voy a poner más en serio para ver si salvo la posición», porque ya no me gustaba. no pude salvarme. Y mi padre siempre me decía: «Soy el único en Camaná que te ha ganado siendo gran maestro».

Es la ironía de la vida. Mi padre ya había dejado el ajedrez. De alguna manera creo que él sintió cierta frustración, porque con todo el esfuerzo que hizo, él sentía que yo tenía mayor capacidad, pero si no estudiabas no ibas a llegar a nada más. Siento que no he jugado a mi máxima potencia, pero ya es demasiado tarde. Hay que ser objetivo, no voy a pretender ya con 60 años tener resultados espectaculares.

¿Esa partida con tu padre fue una de las que más te ha sorprendido en tu carrera?

Sí, claro, claro. Para mí eso es un gran recuerdo que mi padre la solía citar (...) Es lo bonito. Es un poco irónico que en vida a veces uno no los aprecia y luego que esa persona se va, empiezan a aflorar los mejores recuerdos (...) Yo creo que me he divertido sobre todo. Hay bonitos recuerdos de algunas partidas (...) No tengo buena memoria para las derrotas (ríe), pero la derrota contra mi padre vale oro. No tiene precio.

Jugar libre, vivir libre

Si el ajedrez de alto nivel está muy estudiado ¿Cómo se prepara un jugador como tu, que tiene un estilo más libre y creativo?

Yo siempre vi tan natural el ajedrez. Incluso yo en realidad nunca me propuse dedicarme seriamente al ajedrez. Empecé muy pequeño a tener resultados y cuando en algún momento hubo alguna duda en que no tenías aparentemente una progresión, conseguí el título de gran maestro de una manera repentina. En una serie de torneos conseguí los requisitos y me hice gran maestro. Y siendo ya gran maestro empecé a viajar. En ese momento las condiciones eran mucho mejores que las actuales y podía vivir holgadamente la competencia.

Los tiempos han cambiado. Ahora la competencia es tremenda, el nivel ha subido por todos los costados, porque todo el mundo tiene la información y ese estilo natural, digamos, “sin preparación”, ya no funciona en estos tiempos. He tenido la suerte que justo ha coincidido con mi “casi retiro” de la competencia. Me he centrado en la enseñanza y veo que es justamente donde puedo aportar más, porque ya pasados los 60 años no voy a pretender tener mis mejores resultados. Creo que ya he tenido una trayectoria relativamente interesante y ha llegado el momento de transmitir mis conocimientos a las nuevas generaciones. Justamente este libro es un buen inicio para ello.

¿El libro entonces es el primer paso en camino al retiro definitivo de la competencia?

Sí, sí, claro. No puedo pretender jugar como Víktor Korchnói, que jugó incluso estando ya postrado en una silla de ruedas. (...) Kasparov, por ejemplo, él sí está prácticamente retirado de la competencia clásica. Suele jugar partidas de otros ritmos, pero está promoviendo bastante el ajedrez en Estados Unidos y aquí en el Perú hay bastante afición y creo que es mi compromiso en seguir difundiendo el ajedrez y justamente eso es lo que me va a permitir los años que me queden estar con ese empeño (...) Voy a tratar de imbuirme un poco de la preparación moderna porque siempre he sido reacio a eso, pero es que el ajedrez ha evolucionado tanto que no puedes ir a jugar por más que te sientas así.

Julio Granda recuerda a los maestros que marcaron su carrera. Relata cómo un entrenador dogmático no logró captar su interés, mientras que las partidas con el argentino Óscar Panno le enseñaron el rigor analítico que lo llevó a un nuevo nivel como ajedrecista.

¿Tanto estudio del ajedrez no le quita la diversión al deporte? ¿O hay momentos en los que un gran maestro, con el nivel que tiene, aún puede divertirse?

Sí, al final es una cuestión de percepción. Puedes encontrar un jugador que a las justas sabe el movimiento de las piezas y se puede divertir más que un gran maestro que está a punto de ser campeón mundial. Esa es la percepción personal. Pero tratándose del ajedrez, que es un juego digamos científico, que tiene unos patrones lógicos, entonces también hay una belleza escondida que está reservada justamente cuando ya tú tienes lo que yo llamo un “nivel de entendimiento”. Entonces, tú puedes tener un nivel inicial y te vas a divertir de una manera lúdica, pero si quieres entender más la magia del ajedrez, cómo a lo largo de su historia ha habido, ha habido partidas impresionantes, entonces obviamente tienes que tener ese conocimiento para apreciar también esa belleza.

¿Aún sientes ese disfrute lúdico del que hablas?

No hay que perder la emoción de un niño. Esa justamente fue el por qué a mí no me animaba estar en el ajedrez de una manera sistemática. Yo decía: “ya mi memoria no es tan brillante”, pero podía más o menos memorizar algunas líneas. De pronto me decían: “esta jugada la jugó Kasparov”, “esta la jugó Fischer o quien sea”. Y dije: “estoy repitiendo lo que estos han jugado” y a veces veía que esas posiciones conducían un tipo de esquema que a mí no me emocionaba. Yo buscaba de pronto más riesgo, más emoción, y trataba de desplegar mi propia comprensión del juego.

Entonces, desarrollé sin querer un estilo bastante particular que ha tenido sus chispazos como cualquiera. Pero cuando tú te enfrentas a los mejores ya reina un rigor científico, porque ya está demasiado estudiado. Siempre fui reacio a ello y creo que eso le quitó brillo a mi carrera, pero por otra parte, siempre me divertí con el ajedrez y procuro divertirme todavía.

Te has dado a conocer en diferentes países del mundo en donde destacan tu estilo de juego. Algunos incluso te llaman “genio” ¿Crees que es un halago que te hace justicia o son exagerados?

Genio es una palabra bastante generosa, incluso exagerada. No me considero un genio para nada. Tuve la suerte o la coincidencia de aprender desde muy pequeño. De pronto se dieron circunstancias favorables que potenciaron esa imaginación, esa espontaneidad para jugar sin patrones establecidos y que yo mismo fui aprendiendo con la práctica. Yo creo que, como decía Kasparov, el trabajo es un talento. Él tenía ambas cosas: un talento extraordinario y también una gran capacidad de trabajo. Si no se combinan ambas cosas, obviamente vas a estar limitado. Yo creo que cada quien tiene su enfoque de la vida. Mi caso ha sido un poquito sin guía, “a lo que salga”, pero me he divertido y me ha permitido conocer a mucha gente.

El Gran Maestro peruano Julio Granda explica cómo su plan de retirarse a los 65 años cambió por completo. Su faceta como docente y el contacto con las nuevas generaciones le han dado una perspectiva renovada y estimulante a su carrera.

El final es un nuevo inicio

¿Cómo ves la competencia ahora que estás pensando en el retiro y estás más centrado en la enseñanza?

Tenía la perspectiva de retirarme a los 65 años. Cuando gano el mundial de veteranos en Italia en 2017, sale la gente del hotel (...) y me dicen “Queremos que vuelva”. En el ajedrez de veteranos hay dos categorías: de 50 hasta 64 años; y de 65 hasta donde puedas. Veo que recién empieza mi carrera con una perspectiva superior en cuando a conocimiento, porque al dar clase también aprendes y profundizas en la historia del ajedrez y eso lo hace más enriquecedor.

Incluso ahora estoy en una universidad con muchas perspectivas, la UTEC, que está apostando por el ajedrez y estoy bastante comprometido en ello. En ese ámbito de jóvenes, de niños, hay otra dinámica. La enseñanza sí se hace bastante estimulante.

¿Tu carrera ha rejuvenecido?

Se ha rejuvenecido, pero ya enfocada en la enseñanza. Ahora si jugara un torneo, curiosamente ahora sí soy más profesional, pero claro, ya pasó mi tren. Hay que ser honestos en eso.

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