8M: El derecho al tiempo

Hablar de igualdad no puede limitarse a gestos simbólicos ni a debates superficiales. Implica reconocer que el tiempo es un recurso productivo y que su distribución desigual perpetúa brechas económicas

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Zapatos de tacón ideales para mujeres elegantes y ejecutivas que buscan estilo, sofisticación y comodidad en su día a día. - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Cada 8 de marzo abundan los gestos simbólicos: flores, chocolates, mensajes emotivos en redes sociales. Sin embargo, más allá de los homenajes, hay una deuda estructural que afecta la vida cotidiana de millones de mujeres en el Perú: la desigualdad en el uso del tiempo, lo que trae consecuencias económicas, profesionales y personales profundas.

Las mujeres no sólo enfrentan una brecha salarial que bordea el 30% frente a sus pares masculinos. También asumen, de manera desproporcionada, el trabajo de cuidados no remunerados ante la ausencia de un sistema que distribuya esa responsabilidad entre el Estado, el mercado y la sociedad. Esa carga invisible limita sus oportunidades de desarrollo y autonomía.

Según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT 2024) del INEI, las mujeres dedican diariamente poco más de cuatro horas y media al trabajo no remunerado: cuidado de hijos, padres u otros familiares, tareas domésticas y apoyo a otros hogares. Los hombres, en contraste, destinan alrededor de una hora y media. Esa diferencia equivale, en la práctica, a una jornada adicional que muchas mujeres asumen sin remuneración ni protección social.

La Organización Internacional del Trabajo estima que, a nivel global, el trabajo de cuidados no remunerado representa aproximadamente una cuarta parte del PIB mundial. Es un aporte sustancial a la economía que no figura en planillas ni genera ingresos propios. En el caso de las peruanas entre los 30 y 40 años —etapa en la que muchas crían hijos y comienzan a cuidar a padres mayores— el tiempo destinado al cuidado puede convertirse en un segundo empleo a tiempo completo, reduciendo drásticamente el espacio para capacitarse, emprender, asumir mayores responsabilidades laborales o, simplemente, descansar.

Hablar de igualdad no puede limitarse a gestos simbólicos ni a debates superficiales. Implica reconocer que el tiempo es un recurso productivo y que su distribución desigual perpetúa brechas económicas. Recuperar el derecho al tiempo propio también supone ampliar oportunidades de formación flexible, acceso a empleos de calidad y condiciones que permitan a más mujeres sostener su desarrollo profesional sin tener que elegir entre cuidar o crecer.

En suma, el Perú necesita avanzar hacia un sistema de cuidados que distribuya responsabilidades y hacia una mayor corresponsabilidad en los hogares. Más que flores y homenajes, el verdadero cambio exige decisiones estructurales: involucramiento activo de los hombres, políticas públicas sostenidas y un compromiso colectivo para devolver algo que nunca debió perderse: el derecho de cada mujer a disponer de su tiempo y, con él, de su propio proyecto de vida.