La innovación abierta corporativa no basta

De acuerdo con los resultados del Reporte GEIAL Lima 2025, la innovación abierta corporativa es una de las fuerzas dinamizadoras con mayor progreso reciente en el ecosistema limeño, ubicando a Lima entre las ciudades latinoamericanas con mejores condiciones relativas en este frente

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Un equipo de personas utiliza
Un equipo de personas utiliza pantallas interactivas y dispositivos tecnológicos para trabajar con inteligencia artificial. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En los últimos años, la innovación abierta corporativa se ha instalado con fuerza en el ecosistema emprendedor peruano. Grandes y medianas empresas, así como hubs sectoriales de innovación, anuncian programas de open innovation, hackatones, desafíos empresariales y pilotos con startups y laboratorios de innovación. Sin embargo, la pregunta clave para quienes toman decisiones estratégicas sigue siendo incómoda, pero necesaria: ¿estamos frente a un verdadero motor de dinamización del ecosistema emprendedor o ante esfuerzos todavía fragmentados y de impacto limitado?

De acuerdo con los resultados del Reporte GEIAL Lima 2025, la innovación abierta corporativa es una de las fuerzas dinamizadoras con mayor progreso reciente en el ecosistema limeño, ubicando a Lima entre las ciudades latinoamericanas con mejores condiciones relativas en este frente. Este avance revela una mayor disposición de las empresas a vincularse con startups y una creciente legitimidad de estos esquemas dentro del mundo corporativo.

No obstante, el ecosistema peruano continúa mostrando debilidades en articulación, gobernanza y escalamiento, lo que limita la capacidad de la innovación abierta para traducirse en emprendimientos dinámicos de alto impacto. A pesar de un mayor interés por parte de las corporaciones, las startups, los inversionistas, las universidades y el Estado, la manera de conectarse entre ellos aún es deficiente.

El Reporte GEIAL Comparado 2025, que analiza 27 ecosistemas de América Latina, refuerza esta lectura. La evidencia regional muestra que la innovación abierta solo genera impactos sostenidos cuando se apoya en tres pilares: capacidades internas en las empresas (no solo áreas de innovación aisladas), organizaciones de interfase sólidas que traduzcan lenguajes y expectativas, y una gobernanza del ecosistema que permita alinear incentivos y prioridades. En su defecto, la innovación abierta tiende a quedarse en programas piloto con bajo efecto demostración y escaso aprendizaje colectivo.

Para el caso peruano, esto plantea desafíos concretos: Primero, muchas empresas aún conciben la innovación abierta como un instrumento táctico para resolver problemas puntuales, pero no como una estrategia corporativa de largo plazo. Segundo, el ecosistema carece de suficientes “puentes” profesionales que conecten de forma eficaz a startups con corporaciones, reduzcan los costos de transacción y aceleren la toma de decisiones, probablemente por falta de confianza y mecanismos de coordinación entre ellas. Finalmente, la débil articulación con universidades y centros de investigación limita la posibilidad de que la innovación abierta también impulse emprendimientos de base científico-tecnológica.

El mensaje es claro: para que la innovación abierta sea un verdadero acelerador de crecimiento, competitividad y renovación organizacional, se requiere pasar del entusiasmo a la “arquitectura institucional”. Es decir, contar con reglas claras, roles definidos, incentivos alineados y métricas que midan no solo actividad, sino impacto.

Cuando los actores del ecosistema de emprendimiento innovador del Perú logren integrar la innovación abierta en una agenda compartida, entonces, será alta la probabilidad de transformar interacciones aisladas en un sistema que genere valor económico, innovación sostenida y nuevas empresas de alto desempeño.