La caída de Edison Romero Parga, conocido en el mundo del narcotráfico como “El Químico”, marca un nuevo golpe a las redes internacionales de tráfico de drogas que operan desde y hacia el Perú. Su captura se produjo el 22 de diciembre en el aeropuerto internacional Jorge Chávez, cuando retornaba al país procedente de España, sin imaginar que agentes de la DIRANDRO ya lo tenían plenamente identificado y lo esperaban para ejecutar su detención.
Romero Parga, ciudadano colombiano, es requerido por la justicia de Estados Unidos, que ha solicitado formalmente su extradición por delitos vinculados al narcotráfico internacional.
A diferencia de otros operadores del tráfico de drogas, “El Químico” no se encargaba de transportar la cocaína de manera convencional. Su rol dentro de la organización criminal era mucho más sofisticado y, por ello, altamente valorado. Según las investigaciones policiales, Romero Parga se especializaba en camuflar químicamente la cocaína, al punto de hacerla prácticamente indetectable ante los sistemas de control más avanzados.

¿Cómo operaba el ‘Químico’?
En laboratorios clandestinos, el detenido transformaba la cocaína en resinas rígidas o flexibles, integrándola químicamente en objetos de uso cotidiano. Baldosas, suelas de zapatillas, tornamesas y piezas de plástico o madera sintética servían como contenedores invisibles del alcaloide. De acuerdo con los agentes antidrogas, estos productos no podían ser detectados por escáneres, reactivos químicos ni siquiera por perros entrenados, lo que le permitía a la organización burlar los controles en aeropuertos y puertos internacionales.
Esta modalidad convirtió a Edison Romero Parga en una pieza clave dentro de una red criminal que operaba en distintos países. Las autoridades determinaron que el presunto narcotraficante registraba más de 65 viajes internacionales, lo que evidenciaba un patrón constante de movimiento entre continentes. Sus conexiones se extendían por Francia, Puerto Rico, Guatemala y El Salvador, países desde donde se coordinaban envíos de droga camuflada con destino final en Estados Unidos y Europa.

El nombre de “El Químico” comenzó a tomar relevancia internacional tras una incautación millonaria de cocaína camuflada en madera sintética, cuyo valor en el mercado negro superaba los 300 millones de dólares. Ese decomiso permitió a las autoridades identificar el método de neutralización química empleado y rastrear a la persona detrás del proceso.
Desde entonces, Romero Parga fue catalogado como objetivo prioritario tanto por la DEA como por las autoridades peruanas.
La operación que permitió su captura fue producto de un trabajo coordinado de inteligencia. Cuando Romero Parga arribó al aeropuerto Jorge Chávez, los agentes de la DIRANDRO ya tenían la orden para intervenirlo. Según fuentes policiales, el detenido intentó mantener la calma durante el procedimiento, aunque no pudo ocultar su sorpresa. En medio de la intervención, se le escuchó decir: “Señor bendito, otra prueba más”, una frase que llamó la atención de los efectivos por el tono resignado con el que fue pronunciada.

Durante el registro de sus pertenencias, las autoridades hallaron euros y dólares en efectivo, lo que reforzó las sospechas sobre su vinculación directa con actividades ilícitas. A pesar de las evidencias, Romero Parga negó conocer a los demás involucrados en la investigación y evitó brindar mayores detalles sobre su red de contactos. Sin embargo, fue formalmente notificado de su detención y de que la Corte de Puerto Rico lo requiere para enfrentar cargos por narcotráfico.
Las investigaciones también revelaron que el entorno familiar del detenido estaría profundamente vinculado a este tipo de actividades. El jefe de la DIRANDRO, general Leiby Huamán, confirmó que el hermano de Edison Romero Parga se encuentra actualmente en prisión por el mismo delito. Además, señaló que el padre del llamado “Químico” también estaría relacionado con operaciones similares, lo que sugiere la existencia de una estructura familiar dedicada al tráfico y neutralización del alcaloide de cocaína.
Este dato refuerza la hipótesis de que no se trataba de un operador aislado, sino de una organización con roles bien definidos y conocimientos técnicos transmitidos dentro del núcleo familiar. Para los investigadores, este factor explicaría el alto nivel de especialización alcanzado por “El Químico”, así como la continuidad de las operaciones durante años sin ser detectadas.

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