
Un país bajo asedio: la violencia desatada por el crimen organizado, con cabecillas como Erick Moreno Hernández, Adam Smith Lucano Cotrina y Miguel Ángel Marín Morón, ha dejado a comunidades enteras sometidas al miedo, la extorsión y la muerte. La lucha territorial y el avance de bandas transnacionales han instalado un escenario de zozobra en Lima Norte, donde los trabajadores del transporte encabezan protestas, exigiendo protección ante una ola de asesinatos dirigidos a quienes circulan en las calles y no a los líderes empresariales.
El año 2025 ha marcado un punto de quiebre en el Perú, con una escalada sin precedentes de violencia criminal, ajustes de cuentas y redes de lavado de activos que han permeado sectores productivos, eventos masivos y la vida cotidiana. El presente informe reúne los perfiles, antecedentes, crímenes, rivalidades, operaciones y estatus judicial de los principales rostros detrás de esta estructura delictiva, así como el impacto de sus acciones en la sociedad y la respuesta de las autoridades.
El Monstruo: el arquitecto del terror en Lima Norte
Erick Moreno Hernández, conocido como ‘El Monstruo’, surgió de los distritos empobrecidos de Lima Norte, donde forjó su reputación a base de violencia y control absoluto sobre redes de extorsión y secuestros. De complexión media, cabello oscuro y tatuajes alusivos a lealtad criminal, se convirtió en el delincuente más buscado del país, con una recompensa que llegó hasta el millón de soles.
Su trayectoria criminal comenzó en la adolescencia cuando trabajó como mototaxista en los alrededores de un centro de abastos, donde también se le atribuyen sus primeras infracciones. Poco después, su nombre apareció vinculado a la venta ilegal de espacios en el cementerio Belaúnde, en Comas. La actividad consistía en apropiarse de nichos, incluso desplazando restos humanos, para ofrecerlos a otras familias. Con robos y microtráfico, se consolidó al mando de Los Injertos del Cono Norte, organización jerárquica dedicada a la imposición de cuotas a transportistas, empresarios y músicos populares. Los ingresos ilícitos alcanzaban medio millón de soles cada mes, mientras sus operaciones se extendieron desde Comas y San Martín de Porres hasta Los Olivos, Independencia y Carabayllo. En sus refugios, la policía halló armamento, rutas de escape, dispositivos de vigilancia y artículos de lujo. El liderazgo de Moreno se distinguió por la utilización de herramientas tecnológicas: apps encriptadas para coordinar ataques, drones para vigilar a víctimas y publicaciones intimidatorias en redes sociales.
Las estrategias de intimidación incluyeron videos en los que desafiaba abiertamente a la Policía Nacional del Perú y amenazaba a sus adversarios. Sus vínculos con el Primer Comando de la Capital (PCC) de Brasil y la expansión de su banda a Paraguay y Argentina consolidaron su alcance internacional. La gestión financiera recaía en Jazmín Martínez, responsable del lavado de fondos a través de empresas fantasma en Paraguay. Contaba con la protección de agentes corruptos de la policía, como los hermanos Miguel Ángel y Yojairo Arancibia Sevillano, quienes facilitaban armas y filtraban operativos.
Entre los delitos más graves se encuentran la extorsión de transportistas durante la pandemia, la exigencia de pagos a propietarios de pollerías (como el caso Salazar en Los Olivos, donde exigió 50.000 soles iniciales y cuotas mensuales), y ataques armados a agrupaciones musicales, como el perpetrado contra Armonía 10 en 2023. El secuestro de menores, como la niña Valeria en Comas, y el asesinato de figuras públicas, incluido el cantante Paul Flores en marzo de 2025, forman parte del historial de violencia que marcó su liderazgo. El asesinato del suboficial William Abel Ríos Cauti, ocurrido durante un operativo policial, ilustra el nivel de confrontación con las fuerzas del orden.
En febrero de 2025, Moreno apareció en videos públicos negando su fuga a Bolivia o Argentina. En abril, una operación de 160 agentes en São Paulo fracasó en su captura. La recompensa por su cabeza fue duplicada en junio y, tras meses de investigaciones y cooperación internacional, fue localizado el 25 de septiembre en San Lorenzo, Paraguay. Detenido en una vivienda alquilada bajo identidad falsa, fue hallado con armas, dinero y documentos fraudulentos. El proceso de extradición, aprobado por la justicia paraguaya en noviembre, quedó pendiente de resoluciones judiciales adicionales. Actualmente, permanece en una prisión de máxima seguridad, mientras su organización intenta recaudar fondos mediante la venta de tarjetas de “polladas” a cien soles cada una.
Las rivalidades de ‘El Monstruo’ se centraron en la disputa con Adam Smith Lucano Cotrina, alias ‘El Jorobado’, con quien protagonizó una guerra de amenazas, asesinatos y atentados en Lima Norte. También enfrentó a bandas menores que usaban su nombre para cometer extorsiones. Su captura debilitó a Los Injertos, pero no erradicó del todo las actividades delictivas, que persisten con menor intensidad.
El Jorobado: Poder desde las cárceles y dominio en la construcción

Adam Smith Lucano Cotrina, apodado ‘El Jorobado’ por una leve deformidad producto de una herida antigua, es otro de los cabecillas responsables del clima de violencia en Lima Norte. Originario de zonas periféricas, su carrera delictiva se inició en la década de 2000 con robos y agresiones, acumulando condenas por violencia y extorsión. Su ascenso estuvo marcado por la fundación de Los Sanguinarios de la Construcción, banda que extendió su influencia mediante la extorsión a empresas de transporte, construcción y entretenimiento.
Desde la prisión de Ancón 1, Lucano dirigía operaciones a través de familiares y operadores externos, organizando cobros irregulares, usurpación de terrenos y lavado de activos. La estructura de su banda incluía sicarios encargados de ejecuciones, contadores para el blanqueo de fondos y aliados en municipalidades para obtener contratos fraudulentos. Las empresas fachada, especialmente productoras de conciertos, permitieron el lavado de hasta 25 millones de soles entre 2024 y 2025.
En el sector de la construcción, imponían cuotas a empresas y obreros, paralizando obras mediante amenazas y ataques. El negocio musical tampoco escapó a su control: agrupaciones como Agua Marina y Agua Bella recibieron exigencias de pagos de hasta 30.000 soles por evento, bajo amenaza de atentados. Las denuncias por extorsión superaron las cuatro mil solo en Los Olivos en 2025, con cifras similares en otros distritos.
Lucano se alió con Miguel Ángel Marín Morón, conocido como ‘Negro Marín’, para reforzar sus operaciones y expandir el lavado de dinero. El enfrentamiento con Erick Moreno Hernández derivó en balaceras y homicidios en disputa por el control territorial. La intervención policial del 1 de octubre de 2025 permitió la desarticulación parcial de su red, con la incautación de armas, explosivos y medio millón de soles. El allanamiento de su bunker a finales de mes reveló la magnitud de su infraestructura criminal. El 25 de noviembre, la justicia dictó 28 meses de prisión preventiva por liderazgo de organización criminal, periodo en el que continúa manejando remanentes de su banda desde la cárcel.
El impacto de su accionar se refleja en la inseguridad en barrios, la paralización de proyectos de infraestructura y el temor entre empresarios y trabajadores. Las pruebas recopiladas por la fiscalía incluyen registros de transferencias bancarias, videos de amenazas y testimonios de víctimas que detallan la maquinaria de extorsión instalada en Lima Norte.
Negro Marín: El brazo ejecutor y la expansión del sicariato

Miguel Ángel Marín Morón, alias ‘Negro Marín’ o ‘Muelón’, es identificado como uno de los principales aliados de ‘El Jorobado’ y responsable directo de la ejecución de atentados y asesinatos por encargo. De físico robusto, piel oscura y cicatrices visibles, su historial criminal se remonta a los años noventa, con antecedentes por hurto, secuestro y homicidio.
Durante su paso por las cárceles limeñas, tejió alianzas estratégicas que lo consolidaron al frente de La Trilogía, agrupación que operaba de forma paralela a Los Sanguinarios de la Construcción. El control de rutas de transporte, discotecas y obras públicas le permitió obtener ingresos considerables, usando empresas fachada como Ink D’Colors para lavar activos y obtener contratos con gobiernos locales. El respaldo a campañas políticas en distritos como Ancón y Carabayllo formó parte de su estrategia de influencia.
La modalidad de extorsión a conductores de transporte público alcanzó niveles críticos: paralizó rutas enteras con amenazas y asesinatos, como el perpetrado contra Ruthman Berríos Pajuelo, líder sindical del sector. Las cartas intimidatorias y videos virales formaban parte de su arsenal para someter a víctimas y rivales.
El 5 de noviembre de 2025, Negro Marín fue detenido en Madrid, España, tras una operación coordinada entre Interpol y la policía peruana. Había huido previamente a México, buscando evadir la acción de la justicia. Actualmente se encuentra bajo custodia en espera de extradición a Perú, donde enfrenta cargos por extorsión, sicariato y lavado de dinero.
Su captura representa un golpe a la estructura de sicarios y extorsionadores de Lima Norte, aunque sectores del transporte y la construcción continúan expuestos a remanentes de su red. La documentación incautada por las autoridades incluye contratos ficticios, registros de transferencias internacionales y evidencias de coordinación con bandas extranjeras.
Expansión y mutación del crimen: otros líderes y nuevas amenazas
Uno de los nombres que sintetiza este fenómeno es Tony Janzen Valverde Victoriano, conocido como ‘Pequeño J’. Nacido en Trujillo y criado en el barrio de La Esperanza, es producto de una familia marcada por el delito: hijo de un antiguo miembro de ‘Los Injertos de Nuevo Jerusalén’ y sobrino de ‘Serranasho’, ambos con extensos antecedentes en extorsión y sicariato. Desde su adolescencia, ‘Pequeño J’ estuvo expuesto a la violencia narco y, tras la muerte de su padre, se desplazó a Argentina, donde rápidamente ascendió como cabecilla de una célula peruana dedicada al tráfico de cocaína, ajustes de cuentas y extorsión dentro de comunidades migrantes. En 2025, con apenas veinte años, ya era considerado el líder de una red transnacional con base en Buenos Aires y ramificaciones en el norte peruano, especialmente a través de lazos familiares con Los Pulpos de Trujillo.
El accionar de ‘Pequeño J’ se caracterizó por su brutalidad: torturas transmitidas en vivo como advertencia, mutilaciones a víctimas y entierros clandestinos para infundir terror entre rivales y deudores. Su organización empleaba teléfonos encriptados y plataformas digitales cerradas para coordinar movimientos y difundir amenazas. Uno de los episodios más estremecedores del año fue el triple femicidio cometido en septiembre en Florencio Varela, Argentina, donde ordenó el secuestro y asesinato de tres jóvenes por el robo de cocaína. El crimen, grabado y compartido en círculos criminales, evidenció el nivel de violencia que caracteriza a las nuevas generaciones delictivas peruanas fuera de sus fronteras.

La caída de ‘Pequeño J’ se produjo tras una intensa coordinación entre la División de Investigación de Delitos de Alta Complejidad de la Policía Nacional del Perú e Interpol. Luego de huir de Argentina, fue localizado en Pucusana, al sur de Lima, oculto en un camión procedente de Bolivia cuando intentaba regresar a Trujillo. Paralelamente, su principal socio argentino fue capturado en Lima Norte. Desde entonces, permanece recluido en un penal de máxima seguridad en Cañete, bajo proceso de extradición y con vigilancia reforzada debido a su alta peligrosidad. Aunque su arresto desarticuló temporalmente la cúpula de la red, los remanentes de la organización siguen activos en Perú y Argentina.
El escenario nacional también estuvo marcado por el resurgimiento y reconfiguración de bandas históricas. Los Pulpos y su facción Los Pepes mantuvieron una guerra interna por el control de Trujillo y La Libertad, con enfrentamientos armados, amenazas a empresas de transporte como Salaverry Express y ataques a instituciones estatales, incluido el Ministerio Público. Las capturas de miembros clave durante el año no lograron frenar completamente la actividad criminal, pues líderes prófugos como Jhonsson Smit Cruz Torres (‘Jhonsson Pulpo’) mantienen las redes operativas.
En Lima, los remanentes de Los Injertos del Cono Norte perpetuaron extorsiones masivas tras la detención de ‘El Monstruo’, focalizando su accionar en distritos como Comas y Los Olivos. Paralelamente, surgieron nuevas células como Los Alarakos de San Martín y Los Chukys del Rímac, responsables de amenazas y cobros ilegales en el sector transporte, con varias detenciones registradas en diciembre.
La minería ilegal en Pataz y Trujillo dio origen a La Nueva Alianza, otra banda que ganó notoriedad en el último semestre del año por secuestros, extorsión y el asesinato de trece mineros, consolidando el vínculo entre crimen organizado, violencia y actividades extractivas fuera de la ley.
El saldo de esta mutación criminal se traduce en un récord de más de 25.000 denuncias por extorsión en todo el país durante 2025. A pesar de los operativos y capturas masivas, la capacidad de regeneración y expansión de estas organizaciones demuestra que el fenómeno no se circunscribe a un solo líder o facción, sino que responde a dinámicas sociales, económicas y familiares profundamente arraigadas en regiones clave del Perú.
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