
En el centro histórico de Lima, entre muros que resisten al tiempo y patios que guardan memorias, se levanta uno de los edificios más significativos de la época virreinal: el Antiguo Hospital de San Andrés. La Municipalidad de Lima, a través de PROLIMA, acaba de iniciar la restauración integral de este inmueble que, durante siglos, fue testigo de la evolución de la medicina, de la enseñanza universitaria y de las prácticas religiosas de la capital.
El anuncio de su recuperación no solo marca el inicio de un proceso arquitectónico, sino también el rescate de un espacio cargado de historia. El hospital, fundado a mediados del siglo XVI, fue el primero de Lima y uno de los más antiguos de Sudamérica. A lo largo de los siglos cumplió distintas funciones: albergó enfermos, formó médicos, sirvió como anfiteatro anatómico y fue cuna de debates científicos que marcaron a generaciones de estudiantes.
El proyecto municipal pretende devolver al inmueble su integridad arquitectónica y, al mismo tiempo, transformarlo en un centro abierto a la ciudadanía. Según adelantó la gerencia de PROLIMA, San Andrés será convertido en la Escuela Taller de Saberes Tradicionales del Centro Histórico de Lima, un espacio dedicado a la formación de nuevos restauradores y a la transmisión de oficios vinculados con la cultura popular.
“Este lugar no es únicamente un inmueble patrimonial, es un testimonio vivo de la historia de nuestra ciudad. Su restauración forma parte del compromiso que hemos asumido con la conservación del Centro Histórico de Lima y con la construcción de una ciudad que reconoce su pasado para proyectarse hacia el futuro”, señaló Luis Martín Bogdanovich, gerente de PROLIMA.
Un hospital que marcó época

El Hospital de San Andrés fue fundado en 1552 gracias a la iniciativa de Francisco Molina, con el respaldo del virrey Andrés Hurtado de Mendoza. Su objetivo inicial fue ofrecer atención a los más necesitados en una ciudad que, por entonces, apenas comenzaba a consolidarse como capital del virreinato. La función del hospital no se limitaba a brindar cuidados médicos: también representaba una obra de caridad cristiana y un refugio para quienes buscaban consuelo espiritual.
En sus primeros años, la atención recaía en botiqueros y religiosos, mientras que los médicos acudían solo en casos excepcionales. A pesar de esas limitaciones, San Andrés se consolidó como el primer establecimiento médico de Sudamérica, lo que significó un cambio en la forma de entender la salud y la asistencia en la región.
Uno de los aspectos más singulares de este hospital fue la incorporación de una “loquería”, destinada a pacientes con padecimientos mentales. A mediados del siglo XIX, el médico Casimiro Ulloa destacó que, aunque la higiene y el cuidado en ese pabellón eran mejores que en otros lugares similares, todavía quedaba mucho por mejorar.

El valor del inmueble no se limita a su función hospitalaria. En el siglo XVIII se convirtió en sede del primer anfiteatro anatómico de Lima, un espacio donde los estudiantes de medicina podían acceder al estudio del cuerpo humano de manera sistemática. Más tarde, durante el siglo XIX, albergó a la Real Escuela de Medicina de San Fernando, institución que sentó las bases de la enseñanza universitaria de esta disciplina en el país.
Estos cambios de uso reflejan cómo el Hospital de San Andrés acompañó la transformación de la sociedad limeña, pasando de un espacio de caridad y auxilio religioso a convertirse en un centro de formación científica. Esa superposición de funciones lo convierte en un edificio único en el panorama del patrimonio peruano.
Restauración y futuro

La intervención que ahora impulsa la Municipalidad de Lima contempla la recuperación integral de la fachada, así como la puesta en valor de los patios, las salas históricas y la capilla. “Buscamos no solo recuperar su integridad arquitectónica, sino darle un nuevo uso que lo devuelva a la vida de la ciudad”, explicó Bogdanovich.
La propuesta apunta a que el inmueble se convierta en un centro de formación de jóvenes en restauración y conservación, oficios clave para la protección del patrimonio material del Centro Histórico. Además, el proyecto contempla la enseñanza de saberes vinculados con la gastronomía y la artesanía, con el objetivo de generar oportunidades de aprendizaje y empleo.
El plan municipal se enmarca dentro del Plan Maestro del Centro Histórico de Lima, que busca rescatar espacios emblemáticos y devolverlos a la vida ciudadana. Con la intervención en San Andrés, la Municipalidad pretende no solo preservar un edificio, sino también revitalizar una parte fundamental de la historia limeña.
“Queremos que este espacio vuelva a ser un lugar de encuentro, de aprendizaje y de memoria. San Andrés debe ser testigo de una Lima que reconoce su pasado y se prepara para enfrentar el futuro”, expresó Bogdanovich durante la inauguración de los trabajos.
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