
El altiplano puneño guarda un silencio pesado en las orillas del lago Titicaca. En algunos tramos, el viento levanta olores que combinan podredumbre y heces humanas, mientras las aguas se mezclan con desechos y metales pesados. Felix Suasaca, dirigente de comunidades cercanas, introduce un palo en el fango para sacar una muestra. Lo que extrae no tiene señales de vida. Recuerda cuando la zona ofrecía truchas, carachi y ranas para el consumo y el comercio, cuando los botes regresaban cargados y los turistas buscaban platos típicos. Ahora observa botellas de plástico flotando y aves atrapadas en un lodazal espeso que avanza sobre un lago considerado fuente de historias milenarias.
Estudios de la Autoridad Nacional del Agua (ANA), el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental (OEFA) y la Autoridad Binacional Autónoma del Lago Titicaca confirman lo que las comunidades denuncian desde hace años: todos los ríos que alimentan el lago transportan metales pesados, coliformes fecales y basura doméstica. El informe difundido por el portal Convoca detalla que las concentraciones de aluminio, hierro, plomo y manganeso superan los límites máximos permitidos para consumo humano. Los ecosistemas que sostenían el turismo y la ganadería en el altiplano están en peligro, mientras las autoridades mantienen diálogos sin acciones concretas.
La falta de plantas de tratamiento en las ciudades que vierten sus aguas al lago agudiza la situación. Juliaca, que concentra el comercio de la región, descarga residuos domésticos sin control. Rocío Gómez, gerente de SedaJuliaca, afirma: “Todos los distritos aportan agua contaminante. Hay aguas de las mineras, aguas residuales domésticas no tratadas y basura”. Los pobladores, según las redes de salud locales, presentan síntomas de intoxicación por metales y padecen enfermedades estomacales y problemas en la piel.
Mientras tanto, los dirigentes comunales recorren las orillas con muestras en la mano. Félix Suasaca describe el abandono de Coata, un distrito casi vacío por la migración de familias que antes vivían de la ganadería y la pesca. Las pocas personas que permanecen esperan camiones cisterna para recibir agua potable. “Todos consumimos esa agua contaminada”, advierte Suasaca.
Ríos cargados de metales y desechos

La ANA identificó que siete afluentes en el lado peruano del lago Titicaca están contaminados:
- El río Coata transporta arsénico, manganeso, plomo, talio y zinc.
- El río Azángaro presenta aluminio, bario, cobalto, cobre y mercurio.
- En el río Huancané se superan los valores de pH, boro y manganeso.
- El río Ilave lleva cadmio y hierro, mientras que los ríos Callacame, Suches y Huaraya también muestran altos niveles de coliformes fecales.
Un informe técnico del 2021 reveló que el río Coata concentra 15 puntos de contaminación: cuatro corresponden a aguas residuales de la minería y el resto a vertimientos domésticos sin tratar. Gladis Torres Condori, jefa de Epidemiología de la red de Salud Lampa, explica: “En los primeros días, se atendió a más de medio centenar de niños y adultos que, además, presentaron irritabilidad en los ojos y náuseas por el olor de las aguas”.
Los distritos de Santa Lucía, Cabanillas y Juliaca consumen agua que proviene de estos ríos. Las orillas se han transformado en lugares donde se hallan animales muertos. Claudio García, dirigente del distrito de Chilla, señala los botes abandonados: “Antes lanzaban las redes en las orillas y sacaban trucha y otros peces. Ahora, no hay nada, solo contaminación. Es un río muerto, donde lo único que pescas es basura”.
El impacto alcanza a las macrofitas, plantas acuáticas que forman parte de la dieta de animales y peces. Investigaciones de la Universidad Nacional del Altiplano detectaron manganeso, aluminio, arsénico y zinc en estas especies. La Revista de Investigaciones Altoandinas recomienda limitar la pesca por la posibilidad de bioacumulación de metales.
Microplásticos en el lago y cambios en los peces

Jorge Ramírez Malaver, biólogo de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, lidera un proyecto para mapear el ADN de las especies del lago. Afirma que las áreas cercanas a la provincia de Puno muestran señales de devastación. La ingeniera ambiental Joshelyn Paredes Zavala, de la Universidad Católica San Pablo, señala que los peces consumidos en la zona presentan microplásticos en su tracto intestinal. “Peces, como el carachi, el pejerrey y otros, tienen, todos, microplásticos en su tracto intestinal”, indica.
Estos estudios muestran que las actividades humanas son el origen de la contaminación. Paredes advierte sobre el impacto de las fibras sintéticas: “El agua de la lavadora lleva hasta 700 mil microfibras de plástico porque, hoy, casi toda la ropa que usamos es de fibra sintética”.
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