Cada 24 de junio, el Cusco se convierte en escenario de una de las ceremonias más importante del calendario andino. El Inti Raymi, celebración ancestral en honor al dios Sol, reúne a miles de personas en la Plaza Mayor y en la explanada de Sacsayhuamán para presenciar una escenificación que evoca el esplendor del Tahuantinsuyo. Este 2025, sin embargo, la representación marcó un antes y un después al introducir un cambio inédito en su estructura simbólica: por primera vez, la Coya ocupó el mismo espacio y nivel que el Inca durante el acto central.
El hecho ocurrió en la plataforma central de la Plaza Mayor, conocida como “usnu”, tradicionalmente reservada solo para el Inca, quien desde allí se dirige al pueblo en lengua quechua. En esta edición, tanto el Inca como la Coya ascendieron juntos a esa plataforma, compartiendo un espacio que, según especialistas, nunca había sido utilizado por ambos al mismo tiempo. La decisión sorprendió no solo a quienes conocen los protocolos de esta representación, sino también a parte del público local y visitantes.
La escenificación del Inti Raymi suele mantenerse fiel a las fuentes históricas y al simbolismo del periodo incaico. Por ello, cualquier modificación es observada con detenimiento.
Lino Sánchez, exdirector de la ceremonia, expresó para RPP su asombro ante la modificación: “La mujer, en todo caso, en el tiempo de los Incas, en gran medida estaba postergada. No sé cuál haya sido el criterio, el mejor criterio de ponerla, digamos, en el usnu principal junto al Inca. Tal vez la corriente de la igualdad de derechos o que la mujer no puede estar postergada”.
La plataforma compartida

El momento más simbólico de la ceremonia ocurre cuando el Inca sube al “usnu” para dirigirse al pueblo, rodeado de sacerdotes, nobles y guardianes. Hasta la edición anterior, la Coya se mantenía en la explanada, acompañando el acto desde un nivel inferior. El cambio aplicado en 2025 consistió en permitirle a la Coya compartir ese mismo punto de elevación, marcando una escena visual sin precedentes en la historia del Inti Raymi moderno.
La decisión fue destacada por quienes estudian el ritual desde su reconstrucción en el siglo XX. Para algunos visitantes, el cambio pasó desapercibido. Sin embargo, entre los especialistas, generó preguntas sobre el criterio histórico y simbólico detrás de esta decisión.
A pesar de los intentos de obtener una explicación oficial, los organizadores no ofrecieron declaraciones. La Empresa Municipal de Festejos del Cusco, responsable de la escenificación, no atendió las consultas de la prensa. Tampoco respondió la Dirección Desconcentrada de Cultura, que supervisa el contenido simbólico de la representación.
Debates sobre el rol de la Coya

El Inti Raymi actual no es una réplica exacta de las ceremonias que se realizaban en tiempos del Tahuantinsuyo, sino una versión escénica que incorpora elementos históricos y adaptaciones contemporáneas. Desde hace algunos años, diversos sectores han propuesto una revisión del rol de la Coya, la esposa principal del Inca y figura clave dentro del poder político y ritual andino.
En el año 2022 ya se habían hecho algunas modificaciones menores en su aparición, buscando reivindicar su papel en la historia precolombina. Para varios historiadores, la Coya no era un personaje secundario, sino la mujer más poderosa del Imperio. Se le identificaba como hija de la luna, con funciones rituales propias, autoridad sobre las acllas —mujeres dedicadas al culto y al servicio estatal— y un rol decisivo en la organización social.
“La esposa del Inca cumplía un papel importante”, se señaló el Fernando Santoyo, presidente del directorio de la Empresa Municipal de Festejos del Cusco (EMUFEC) en ese año. La versión oficial de la ceremonia, sin embargo, mantenía hasta este 2025 un protocolo en el que el Inca encabezaba todos los actos principales, y la figura femenina quedaba en un segundo plano.

“La Coya no ha tenido parlamento (discurso) en años anteriores. Solo entregaba la chicha al Inca. En cambio, este año, antes de entregar la bebida, dijo que esta era fruto del trabajo y la fecundidad de la madre tierra. La actriz quechua Mary Cruz Lima encarnó a la pareja del soberano en el 2022.
La figura de la Coya no era solo una esposa ceremonial. Dentro del esquema incaico, representaba una alianza sagrada entre el linaje solar masculino y el linaje lunar femenino. Las crónicas coloniales, aunque marcadas por interpretaciones externas al mundo andino, dan cuenta de la autoridad de las coyas en ciertos aspectos del gobierno y de su presencia en rituales vinculados a la fertilidad y la protección del Estado.
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