Durante varias semanas, un rincón bajo el puente Belén, en Cusco, se convirtió en refugio para dos personas unidas por el desamparo. Un anciano sin nombre ni documentación, y una turista británica de 32 años, convivían allí con lo mínimo, pero compartiendo algo más grande que sus escasas pertenencias: compañía. Aquel espacio, al lado de la avenida El Ejército, fue su abrigo y su defensa frente a la intemperie social.
La imagen de ambos llamó la atención de vecinos y comerciantes. Algunos observaban con extrañeza. Otros, con molestia. Pero esa precaria estabilidad se rompió hace pocos días. Un grupo de comerciantes, junto con vecinos organizados, forzó el desalojo. Quemaron las pocas pertenencias del anciano, empujaron a la extranjera, gritaron, barrieron. La escena fue registrada en video. “No le traten así. Yo soy vecino de acá”, dijo un hombre, mientras intentaba detener la agresión. No lo escucharon. Luego vino el traslado del adulto mayor a un albergue. De ahí, sin pausa, a un centro gerontológico en Recoleta.
La mañana siguiente, al llegar al gerontológico, su cuerpo fue encontrado sin vida. Murió solo. Sin nombre. Y sin la mujer que le ofrecía el único afecto que conocía.
El desalojo y la ruptura

La escena del desalojo fue captada en video y circuló rápidamente en redes sociales. Las imágenes mostraban a varios comerciantes gritando, empujando a Hannah Almond y prendiendo fuego a los objetos del anciano. El tono no era de reclamo, sino de expulsión. Algunos vecinos intentaron intervenir, sin éxito. Otros justificaron su accionar por temor a que se formara un campamento permanente de personas en situación de calle.
La intervención fue violenta. Almond, visiblemente alterada, intentó evitar que separaran al anciano de ella. En medio del forcejeo, abofeteó a un agente de serenazgo. Lo que ocurrió no fue solo un operativo, fue una fractura en la vida de dos personas que se tenían mutuamente.
Horas después, el anciano fue trasladado a un espacio gestionado por la Federación Agropecuaria Revolucionaria Túpac Amaru. Luego, terminó en el centro gerontológico Hermanitas de los Ancianos Desamparados.
Su última noche

Henri González, asesor legal de la Beneficencia Pública del Cusco, explicó en declaraciones al medio La noticia como es que el anciano ingresó al centro la tarde anterior.
“Se ha puesto en conocimiento que había fallecido la persona, este sin identidad, y que ingresó ayer… fue entregado por tres instituciones. No es el juego e historia de la mujer y funcionarios de la Municipalidad Provincial del Cusco. He llegado acá, he estado acá. Se le ha dado la atención. Este no… rápidamente. Bueno, para el día de hoy estaba bien. No estaba, aparentemente, visiblemente… estaba bien”, señaló.
González detalló que el ingreso se realizó con documentación incompleta. “Ha venido Reniec. Ya le han sacado sus huellitas porque ayer no se tenía, o sea, era un NN”.
A la pregunta de si el adulto mayor contaba con algún documento, la respuesta fue negativa. “No se tenía documentación. Seguramente nos va a informar en su base de datos, si puede ser de quién se trata”, mencionó. Al cierre de su testimonio, confirmó que el hombre murió dentro del centro: “Él tenía ya una cama… en su habitación… en su cama que se le ha otorgado”.
Una historia sin nombre
El cuerpo fue trasladado a la morgue central de Cusco. Hasta el momento no existe una identificación oficial. No se sabe su edad exacta, su lugar de origen ni si tenía familiares. Su paso por las instituciones fue breve, burocrático y terminó en una cama sin testigos.
La historia llamó la atención por el contraste que representaba: una ciudad turística, un puente convertido en refugio, una extranjera y un anciano unidos por la exclusión. Hannah Almond, según testigos, llegó a Cusco meses atrás. Nadie sabe bien por qué permanecía en situación de calle. Algunos comerciantes y autoridades dijeron que se negaba a recibir ayuda.
Desde la embajada británica en Lima ya se estableció contacto con los familiares de Almond en el Reino Unido. La expectativa es que alguno de ellos pueda llegar al Perú para ayudar con su retorno. “Estamos en contacto con su familia en Inglaterra y esperamos que ellos nos puedan asistir en algo. De repente, uno de ellos puede venir a recogerla porque queremos ayudarle”, afirmó Atkinson.
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