
Manuel Scorza los acogió en su hogar como si fueran viejos amigos que arrastraban consigo las cicatrices de una batalla interminable. Los comuneros compartían sus historias, y cada palabra dejaba al descubierto las injusticias, como golpes que aún dolían aunque no se vieran. La sombra de la Cerro de Pasco Corporation y el gamonalismo parecía proyectarse en la sala del escritor, quien no se limitaba a escuchar; sus preguntas eran más bien un puente tendido hacia el dolor que no se podía narrar del todo. En los silencios de los campesinos, parecía comprender que la verdadera tragedia no estaba solo en los hechos, sino en las almas desgarradas ante él.
La empatía y el compromiso de Scorza con las causas justas se hicieron evidentes una vez más cuando abrió las puertas de su casa en Lima para recibir a comuneros, víctimas de injusticias sociales. El escritor compartió largas conversaciones con ellos sobre los abusos cometidos por la compañía minera. En esas charlas, llegó a comprender la difícil realidad que se vivía en la sierra peruana.
Uno de los relatos que marcó al literato fue el levantamiento de los campesinos de Rancas en 1960, quienes se rebelaron contra una empresa multinacional que los había despojado de sus tierras. Decididos a recuperar sus terrenos de cultivo, rompieron los cercos y se establecieron en las pampas de Huayllacancha, donde improvisaron chozas. Sin embargo, su victoria fue breve, dado que al día siguiente se enfrentaron con las fuerzas policiales, que respondieron con violencia, quemando las chozas y atacando a los comuneros.

Las conversaciones que mantuvo en su vivienda con los peruanos que vivían en los Andes no fueron simples intercambios de palabras. Su compromiso lo llevó a involucrarse activamente en las causas que defendían. Viajó a la sierra y estuvo presente en los momentos más tensos del conflicto. Así lo relató el escritor Danilo Sánchez en una entrevista para el programa ‘Sucedió en el Perú’ de TV Perú.
“Cada vez que había un levantamiento, por ejemplo en la zona central, en Rancas, él manejaba durante toda la noche para estar al frente de las huestes que defendían sus tierras, y pudo haber sido alcanzado por balas en cualquier momento. Estuvo muchas veces en peligro”, contó.
En cuanto a las visitas de los comuneros a la casa del autor de “Redoble por Rancas”, Ana María Scorza, su hija, compartió recuerdos de aquellos días en los que los campesinos llegaban a su hogar: “Recuerdo que cuando era niña, llegaban (a casa) unas personas (...). Entonces me di cuenta de que ellos eran los comuneros; se quedaban allí unos días y conversaban mucho con mi papá. Hablaban y hablaban durante una semana. Mi papá conversaba con ellos, grababa y escribía. Su libro tiene mucho contenido de testimonio”.

Este vínculo entre Scorza y los campesinos de la zona de Cerro de Pasco se facilitó gracias al abogado Genaro Ledesma, quien organizó la lucha de los campesinos contra el poder terrateniente. Los testimonios recopilados tanto en su hogar como durante las visitas a Rancas, una comunidad que apenas contaba con 50 casas, le permitieron al escritor conocer de primera mano las tragedias que sacudían a los campesinos. A través de su obra, pudo transmitir al mundo su lucha por la justicia.
Un recorrido por la vida de Manuel Scorza
Manuel Scorza, destacado escritor y poeta peruano, alcanzó notoriedad por su literatura influenciada por sus vivencias y su compromiso social. Su carrera habría despegado en 1956 con la publicación de “Las imprecaciones” en México, obra que le valió el Premio Nacional de Poesía José Santos Chocano y le permitió regresar a Perú con un notable reconocimiento.
Nacido el 9 de septiembre de 1928 en Lima, Scorza vivió una infancia marcada por constantes mudanzas debido a su asma. Su familia se mudó a Huancavelica, estableciéndose en Acoria, cerca del pueblo natal de su madre. Allí, el entorno andino moldeó su percepción de la vida rural, un elemento que más tarde sería fundamental en su escritura.
Tras unos años en el campo, la familia regresó a la ‘Ciudad de los Reyes’, donde el padre de Scorza abrió un puesto de periódicos. Esto le permitió al niño sumergirse en la lectura y desarrollar un interés por la escritura. Sin embargo, su salud lo llevó nuevamente a la sierra, esta vez como interno en un colegio salesiano en Huancayo. Al recuperarse, volvió a la capital del Perú para ingresar al Colegio Militar Leoncio Prado, conocido por acoger estudiantes de diversas clases sociales.

En las postrimerías de su etapa secundaria, el peruano se involucró en actividades políticas y se unió a una célula clandestina del APRA (Alianza Popular Revolucionaria Americana). En 1946, con 18 años, comenzó sus estudios de Filosofía y Letras en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde continuó su activismo.
En 1949, debido a su militancia política, tuvo que exiliarse. Vivió en Chile, Argentina y Brasil, realizando trabajos variados como vendedor de libros y conferencista. Este período fue medular para su desarrollo ideológico. En 1952, se estableció en México y continuó sus estudios en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
En ese mismo año, Scorza publicó el poema Canto a los mineros de Bolivia, en solidaridad con los mineros bolivianos, lo que le valió una invitación para participar en el primer aniversario de la Revolución Nacional en Bolivia.

Durante los años siguientes, Scorza emprendió varios proyectos literarios. Entre ellos destacan los poemarios publicados, como “Los adioses”, “Desengaños del mago” y “Réquiem para un gentil hombre”. En cuanto a novelas, ofreció a la literatura grandes obras agrupadas bajo el título La guerra silenciosa. Por su producción literaria, fue propuesto como candidato para un importante premio en el mundo de las letras.
El Premio Nobel de Literatura rondó por la vida de Manuel Scorza
Hay múltiples razones para recordar a Manuel Scorza, destacándose principalmente sus novelas que retratan de manera desgarradora las injusticias en los Andes. En casi todas sus obras, el escritor alza su voz de protesta a través de sus personajes, quienes, al igual que él, vivieron las injusticias cometidas por los gamonales y la empresa minera. Ellos dejaron una estela de dolor y pobreza en la región andina.
La crítica situación de los comuneros quedó plasmada en cinco libros reunidos bajo el título La guerra silenciosa. El ciclo se inició en 1970 con la novela “Redoble por Rancas”. Años después, completaron la serie las obras “Historia de Garabombo el Invisible” (1972), “El jinete insomne” (1977), “Cantar de Agapito Robles” (1977) y “La tumba del relámpago” (1979).

Por esta destacada producción literaria y sus poemas de corte social, Scorza fue propuesto como candidato para un importante premio de literatura. De esto dio cuenta Dunia Gras Miravet en su artículo “La trayectoria vital de Manuel Scorza”. “Este éxito se vio refrendado en 1979, con la propuesta de su candidatura al premio Nobel de Literatura que, finalmente, fue concedido ese año al poeta griego Odysseus Elytis”, se lee en la página Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
Manuel Scorza dejó una impresión inconmensurable con sus escritos, que capturaron las luchas y esperanzas de los campesinos andinos. Sus libros y poemas cuentan las historias de aquellos que sufrieron injusticias y opresión, pero también muestran su coraje y resistencia. El autor de “La danza inmóvil” usó su talento para amplificar las voces de quienes habían sido silenciados. Su obra ofrece esperanza para un futuro mejor.
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