
Un problema que viene ocurriendo desde hace muchas décadas es la disputa por la Plazuela de San Francisco, ubicada en el Centro de Lima, considerada como un monumento histórico de profundo significado para la identidad cultural del Perú. Este espacio, estrechamente ligado al Convento e Iglesia de San Francisco, es testigo y protagonista de los vaivenes históricos que han marcado la evolución de la capital peruana desde la época virreinal hasta la actualidad.
La disputa que enfrenta este sitio arqueológico comenzó en el 2022 con la demolición del cerco perimétrico de la Iglesia San Francisco de Lima, un monumento arquitectónico, histórico y religioso declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 1988. Actualmente, la obra se encuentra paralizada desde hace 10 meses, según indican los representantes del histórico convento e iglesia de San Francisco, quienes muestran preocupación por el deterioro de las instalaciones del templo. Surge así la pregunta: ¿Por qué es tan importante esta plazuela y cuál es su historia en el país?
El nacimiento de tan crucial plazuela
Desde la fundación de la ‘Ciudad de los Reyes’ por los españoles en 1535, Lima se convirtió en el epicentro de una la vida colonial marcada por la influencia de la corona española y la labor evangelizadora de las órdenes religiosas. Entre ellas, la Orden Franciscana, que desempeñó un papel crucial al establecerse en Lima y construir el Convento e Iglesia de San Francisco, cuyos orígenes se remontan a 1735, fecha en la que fueron reubicados en su locación actual.
Inicialmente, el entorno que rodeaba el convento era muy distinto al de hoy en día. La Plazuela de San Francisco, tal como la conocemos, fue tomando forma a lo largo de los siglos, con modificaciones y remodelaciones que reflejaban las diferentes épocas históricas y las necesidades de la comunidad limeña. Desde su primera edificación hasta la consolidación del templo de San Francisco en 1673, con la instalación de la campana mayor en su torre, el lugar fue no solo un centro espiritual, sino también un punto de encuentro social y cultural.
En épocas republicanas, la Plazuela experimentó varias transformaciones significativas que alteraron su configuración física y su función dentro del entramado urbano de Lima. La plazuela sufrió cinco remodelaciones, la de mayor impacto fue la de 1871, que fusionó el atrio del templo con la plaza en una única plataforma de piedra, adaptándolo a las necesidades de una ciudad en crecimiento.
Tras conflictos entre la Municipalidad de Lima y los franciscanos, las obras finalizaron en 1955, con la excepción del muro perimétrico añadido en los años 1980.
El último conflicto entre los franciscanos y Prolima
El año 2022 marcó un punto de inflexión para la Plazuela de San Francisco y sus custodios franciscanos. En febrero de ese año, la Municipalidad de Lima, en colaboración con la Policía Nacional del Perú, procedió a la demolición del cerco perimétrico que rodeaba este sitio. Esta acción, supuestamente realizada sin previo aviso ni consulta con los religiosos, desató una controversia legal y cultural de grandes proporciones.
Los franciscanos denunciaron que la demolición carecía de un estudio técnico de impacto patrimonial adecuado. La preocupación principal giraba en torno al riesgo de daños irreparables a las catacumbas y otras estructuras históricas del conjunto monumental.
La respuesta judicial no se hizo esperar. En agosto de 2022, el tercer Juzgado especializado en lo Constitucional de la Corte Superior de Justicia de Lima emitió una resolución ordenando la construcción de un cerco metálico provisional para proteger los bienes culturales del Conjunto Monumental San Francisco. Esta medida cautelar tenía como objetivo asegurar la integridad del sitio mientras se resolvía el conflicto legal y se realizaba un estudio de impacto patrimonial y un plan de monitoreo arqueológico.
Mientras que, Prolima argumenta que la plazuela del convento es propiedad de la Municipalidad Metropolitana de Lima y sugiere que si el cerco perimétrico permanece, podría interpretarse como una apropiación por parte de los franciscanos del espacio público.
En abril de 2023, el juzgado encargado declaró infundada la demanda de los franciscanos, argumentando que el cerco perimétrico no poseía valor cultural suficiente para justificar su conservación. Por lo que los franciscanos apelaron la decisión y actualmente aguardan respuesta de las autoridades. Mientras tanto, la plazuela, que antes albergaba y fue testigo de innumerables eventos desde el 2022, se encuentra en ruinas, sin acceso y sin acciones desde hace 10 meses.
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