
En el siglo XIX, un audaz proyecto se materializó en las costas de Gran Bretaña. El resultado fue el Yavarí, un asombroso barco a vapor que surcaría océanos y llegaría a lugares inimaginables, siendo un verdadero pionero de la navegación. Este icónico navío se ganó un lugar especial en la historia al convertirse en el primer barco a vapor del siglo XIX que se instalaría en las aguas místicas del Lago Titicaca, ubicado en los Andes peruanos.
Actualmente, el Yavarí ha encontrado un segundo aliento, sirviendo como un exclusivo alojamiento para los turistas que buscan una experiencia única en el Lago Titicaca. Su restauración y adaptación para recibir a visitantes de todo el mundo le han dado una nueva vida, permitiendo que los viajeros se sumerjan en la rica historia de este ingenio naval.

Los inicios del Yavarí y la Yapura
En 1861, durante el gobierno de Ramón Castilla, se mantenía como prioridad principal explotar los recursos naturales de la zona altiplánica, es por eso que aprovechando los beneficios del auge de la industria del guano se mandó a construir dos pequeñas cañoneras para el Lago Titicaca: Yavarí y Yapura.
Un año después, el astillero James Watt iniciaría con la construcción de cada pieza, de las naves solicitadas, en Inglaterra. Según datos de la época e informes de la página oficial, durante esa época no existían aún líneas ferroviarias. Por eso, las naves eran construidas por piezas, y estas serían transportadas a lomo de mula que no excedieran los 200 kilos. A la vez, el astillero Thames Ironworks sería el encargado de construir los cascos de hierro para el Yaraví y la Yapura.
Con cada pieza terminada, el 15 de octubre de 1862, luego de tres meses de navegación, la embarcación Mayola emprendería el viaje hacia puerto peruano. Iniciaría cruzando el Atlántico, luego rodearía el Cabo de Hornos para después desembarcar cada caja y pieza de la Yavarí y la Yapura en el puerto peruano de Arica. Luego, iniciaría el viaje en tren hacia Tacna y finalmente terminaría en los Andes.

Imprevistos con la nave Yavarí y Yana
A través de la segunda línea férrea más antigua de Sudamérica, se desplazaban las cajas de piezas que viajaban de Arica hacia Tacna. En un inicio se tenía previsto que la nave se construiría en un periodo de seis meses, sin embargo no fue así.
Entre incumplimientos de transportistas, el terremoto de Arica en 1868, la guerra de Perú con España y la revolución contra el presidente Ignacio Prado que había restablecido el tributo indígena, este proyecto se alargó por seis años.
A raíz de la información publicada en su página oficial, se sabe que cada trabajador tenía un contrato de cuatro años. Lamentablemente, por la prolongación de varios años en la construcción; algunos planos se perdieron, las piezas pesadas desaparecieron en el camino, y el único que sabía construir el barco, muere.
A finales de la Guerra del Pacífico, en 1890, el Estado peruano se encontraba en crisis económica. Los inversionistas de Reino Unido entregaron las naves a Peruvian Corporation, empresa que efectuó la concesión para operar los ferrocarriles y barcos de Perú.
Con cada acontecimiento, la nave Yavarí había pasado por muchos cambios, hasta que llegó Juan Velasco Alvarado al gobierno, quien finalmente nacionalizó las empresas, dejando en abandono a las naves y subastándolas como chatarra.

El renacimiento del Yavarí
Años más tarde, la dama inglesa Merial Larken se encontraría en una esquina del muelle de Puno a una histórica nave abandonada. La británica compraría la embarcación por 5 mil dólares iniciando así su restauración y un nuevo inicio de vida.
Con el propósito de continuar respaldando la preservación de este barco histórico, la Marina de Guerra del Perú se comprometió a proporcionar apoyo financiero para adquirir el Yavarí. En la actualidad, se ofrecen servicios turísticos que incluyen actividades, comidas, hospedaje y un museo. Estos servicios, combinados con las contribuciones de fundaciones y la generosidad de los visitantes, son esenciales para garantizar que el Yavarí siga siendo un testimonio vivo de su increíble historia de viaje.

La restauración del exclusivo motor del Yavarí
La compañía descubrió que, gracias a la calidad del agua en el lago y a la elevada altitud a la que se encuentra, el casco de hierro estaba en un estado de preservación excepcional, lo que hacía factible su restauración.
Se considera que la etapa de restauración fue uno de los trabajos más arduos, ya que se tenía que volver a poner en funcionamiento una gigantesca pieza de museo semidiésel construida en 1914 por la empresa sueca Bolinger, con 4 cilindros, una potencia de 320 caballos y 225 revoluciones por minuto.
“Cuando lo vimos funcionar por primera vez comenzamos a llorar de alegría”, recuerda con nostalgia Flores, prácticamente la única persona en el mundo que sabe manejar está máquina.
Según lo señalado en su página oficial, este motor de vapor de 60 caballos de potencia, era alimentado con excremento de ganado, ya que era imposible conseguir carbón en el Lago Titicaca.
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