
No existe en la vida un extranjero que haya llegado a nuestras tierras y por alguno u otro motivo haya quedado prendado del Perú.
Tal vez sea gente, su comida, sus atracciones turísticas o cualquier otra razón, este rincón del mundo es un imán para aquellos que no tuvieron la suerte de nacer dentro de sus fronteras.
Esto es algo que ya se ha dado a lo largo de toda nuestra historia, algunos se quedaron para siempre con nosotros. Uno de los extranjeros que dejó una marca indeleble en Perú es el general estadounidense John Joseph Pershing.
Vino desde muy lejos

Nacido en una hacienda cerca del pueblo de Laclede, Misuri (Estados Unidos), un 13 de septiembre de 1860, Pershing experimentó desde joven una vida marcada por el liderazgo y la dedicación al servicio.
Aunque su padre trabajó para el Regimiento de Voluntarios de Infantería de Misuri durante la Guerra Civil Estadounidense, él mismo nunca fue un participante activo del combate ni se enroló en el ejército.
Sin embargo, su experiencia como profesor de niños afroamericanos en el vecindario después de completar sus estudios secundarios en 1878 fue una lección de vida. Allí se percató de los grandes problemas raciales que ya existían en su país, una experiencia que más tarde le sería valiosa cuando decidió ingresar al ejército.
En 1880, Pershing ingresó a la Escuela Normal del Norte de Misuri en Kirksville y luego solicitó ser trasladado a la afamada academia militar de West Point en 1882. Aunque inicialmente no estaba interesado en una carrera castrense, buscaba una educación universitaria superior a la que podía obtener en Misuri.

En West Point, Pershing destacó por sus dotes de líder y ascendió rápidamente al grado de Capitán Primero de Cadetes, el rango más alto posible para un cadete.
Tras graduarse con honores en 1886, Pershing enfrentó una serie de tragedias personales cuando su padre falleció en abril y su madre lo siguió una semana y media después. A pesar de estas adversidades, su carrera militar continuó.
En 1894, Pershing tomó el mando del regimiento conocido como los Buffalo Soldiers, compuesto por soldados afroamericanos bajo el liderazgo de oficiales blancos. Aunque era casi odiado por los nativos americanos, Pershing siempre reconoció el valor de los soldados afroamericanos en las fuerzas armadas estadounidenses.
No paraba de luchar

En los últimos años del siglo XIX, Pershing participó activamente en la guerra de Estados Unidos contra España, destacándose en las batallas de las Colinas de San Juan en Cuba.
Posteriormente, fue enviado a Filipinas para ayudar a sofocar la resistencia local. A pesar de sus logros, cuando el presidente Theodore Roosevelt intentó ascenderlo al rango de coronel en 1903, pero el Estado General del Ejército se lo negó argumentando que solo el presidente podía ascender a generales.
El destino de Pershing daría otro giro trágico, en 1914, cuando su esposa e hijas fallecieron en un incendio. A pesar del doloroso momento, Pershing regresó rápidamente a sus labores en la armada y, en 1916, participó en la Expedición Punitiva en México, bajo el mando del general Frederick Funston, en busca del líder revolucionario Pancho Villa. Estas experiencias serían fundamentales cuando Estados Unidos decidiera entrar en la Primera Guerra Mundial.
Finalmente, Pershing lideró la Fuerza Expedicionaria Estadounidense (AEF) durante la Primera Guerra Mundial, donde ayudó a los aliados a resistir las ofensivas alemanas en 1918 y contribuyó a la derrota de Alemania. Al regresar a Estados Unidos, fue condecorado y se le otorgó el rango de General de los Ejércitos de los Estados Unidos, un título creado exclusivamente para él.
Llegada al Perú

En 1925, Pershing fue enviado por Estados Unidos como árbitro durante la disputa territorial entre Perú y Chile por Tacna y Arica. Durante su estancia, el militar norteamericano se negó a avalar el plebiscito que decidiría el futuro de los ciudadanos de esta región, debido al acoso constante que sufrían los peruanos bajo el dominio chileno. Ante la insistencia para que no lo hiciera, renunció a su papel como árbitro en enero de 1926.
Y así se mantuvo por muchos años, hasta que fue renombrada en honor a uno de los precursores de la independencia, Faustino Sánchez Carrión. Pero a pesar del cambio, muchos todavía la llaman Pershing en honor al general estadounidense.
El legado del general John Joseph Pershing perdura en la historia de Perú y su participación en la Primera Guerra Mundial y en la defensa de los derechos peruanos en Tacna y Arica es recordada hasta el día de hoy.
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