
Para hacer política no solamente es necesario aprender grandes libros y aprenderlos de memoria para intentar hacer leyes en beneficio del pueblo. Otras veces basta con otro tipo de expresiones para gritar lo que el alma nos dicta y comprometerse con los más necesitados.
A través de la historia del Perú, ha habido gente que se ha manifestado desde la escritura, la poesía, la música y, por supuesto, desde las artes plásticas y la pintura, de manera magistral, reflejando el sentir de la nación.
Un gran ejemplo de esta última expresión fue la extraordinaria pintora limeña Julia Codesido, quien fue parte de ese grupo que se formó bajo el seno protector del maestro indigenista José Sabogal.
A través de su arte, la artista se comprometió con la causa indígena y, como no podía ser de otra manera, también con el naciente feminismo en el Perú. Y esta es su historia.
El bicho del arte

Nacida como Julia Manuela Codesido Estenós, un cinco de agosto de 1883, la futura artista plástica fue hija del diplomático Bernardino Codesido Oyaque y de Matilde Estenós Carreño. Durante gran parte de su infancia estuvo acompañado de sus hermanos Matilde (mayor) y Bernardino José (menor). Hizo sus estudios escolares en el colegio San Pedro, en el centro de Lima, y los culminó en 1899.
Cuando todavía tenía 17 años, Julia Manuela tuvo la oportunidad viajar a Europa. Y esto le cambiaría la vida. Ocurre que durante su periplo europeo (acompañada de su familia) estuvo por Suiza, España, Inglaterra y Francia. La época en la que estuvo en el Viejo Continente fue conocida como la ‘Belle Époque’ (la época bella) e influyó para que la joven peruana comenzara a inclinarse por el arte.
Sin embargo, sin importar la época, el Perú es un país que se hace extrañar y tras 18 años de ausencia, en las que venía esporádicamente a Lima, regresa del todo en 1918.
Sin tiempo que perder

Al pisar suelo patrio una vez más, Codesido se informó del movimiento artístico limeño. Fue aquí en donde empezó a formarse como pintora de manera seria al ingresar al taller que el maestro de Teófilo Castillo Guas en la Quinta Heeren. Ahí sería su aprendiz por tres meses.
Poco tiempo después se inscribió en el taller que Daniel Hernández dictaba en la naciente Escuela Nacional de Bellas Artes del Perú. Como estudiante de Hernández estuvo desde 1919 hasta 1922, cuando conoció el trabajo de José Sabogal, que también era profesor auxiliar de la ENBA y pidió ser trasladada a su taller.
Debut a lo grande

Acabados sus estudios profesionales, en 1924, tuvo que esperar hasta 1930 para poder realizar su primera exposición individual que se llevó a cabo en la sala de la Academia Nacional de Música Alcedo.
En 1935 expuso su trabajo en la Galería de Exposiciones del Palacio de Bellas Arte de México. Un año después lo haría en la galería Delphic Studios, ubicada en Nueva York (Estados Unidos).
Luego, esa misma muestra pasaría por Museo de Arte Moderno de San Francisco, en California. Tan encantados quedaron con su obra que le compraron una pieza en 1937.
En 1953, Julia Codesido expuso, al lado de la artista boliviana Marina Núñez del Prado y a la escultora brasilera Irene Arnau, en el “Petit Palais”.
Alumna y amiga solidaria

En una muestra de eterno agradecimiento a su maestro José Sabogal, renunció al cargo de profesora de dibujo y pintura, luego que este fuera despedido como director de la Escuela Nacional de Bellas Artes en 1943.
Este museo estaba dividido en dos grandes secciones. El primero era el Instituto de Arte Peruano, a cargo de José Sabogal, y que junto a Julia Codesido y otras compañeras, artistas y exalumnas del ENBA se encargaron de promover los estudios sobre el arte popular hecho en Perú.
La otra parte era el Instituto de Estudios Etnológicos, que dirigía el historiador y antropólogo peruano, Luis Eduardo Valcárcel Vizcarra, y trabajó al lado de connotados intelectuales peruanos como Jorge Muelle, José María Arguedas, José Matos y Rosalía Ávalos. Entre ellos se dieron a la labor de investigar las raíces de la cultura peruana.
Como colofón a su vida, en 1976 a Julia le fue entregado el Premio de Cultura en el área de arte. Tan solo tres años después, un ocho de enero de 1979, víctima de un sorpresivo paro cardíaco, una de las artistas más importantes que ha dado el Perú viajaría para siempre a la inmortalidad.
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