
Durante 20 meses, el nombre de Aslan quedó asociado a una ausencia en la Patagonia argentina. Su foto circuló por redes sociales. Su familia recorrió calles y esperó mensajes que nunca llegaban. El gato se había perdido poco después de una mudanza a Dina Huapi, provincia de Río Negro, y con cada mes que pasaba la posibilidad de volver a verlo parecía más distante.
Pero, en septiembre de 2026, cuando su cuidadora, Abril Aranda, atravesaba el último tramo de un tratamiento de quimioterapia por un tumor cerebral, una serie de fotos recibidas por teléfono alteró esa rutina de espera. En una de ellas estaba Aslan, a solo seis cuadras de su casa.
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El gato que se perdió después de una mudanza
Aslan había llegado a Dina Huapi desde Mar del Plata junto con Abril. El animal llevaba cerca de dos meses en la localidad cuando desapareció. La familia no tuvo una explicación sobre qué había ocurrido ni hacia dónde podía haberse alejado.

Al principio, Abril buscó como suelen hacerlo quienes pierden una mascota: caminó por el barrio, consultó a vecinos, compartió imágenes y publicó avisos en redes sociales. Cada salida podía terminar con una pista. Cada notificación en el teléfono abría la posibilidad de una noticia.
El tiempo, sin embargo, fue cambiando el ritmo de esa búsqueda. Los primeros días se transformaron en semanas; las semanas, en meses. La frecuencia de las publicaciones disminuyó, aunque el recuerdo de Aslan siguió presente en la casa.
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“Ya me había cansado de publicarlo”, contó Abril a El Cordillerano. La joven explicó que, durante el comienzo, salía por las noches y difundía avisos de manera constante. Después llegó el desgaste propio de una búsqueda que no ofrecía resultados.

Aun así, la foto de Aslan no desapareció. Permaneció guardada en una publicación vieja, entre tantos mensajes que se acumulan en las redes y que, con frecuencia, dejan de recibir atención con el paso de los días.
Dos mujeres alimentaban a Aslan sin conocer su historia
Mientras la familia seguía sin noticias, dos vecinas de Dina Huapi, Paola y Lili, comenzaron a ver a un gato que frecuentaba un complejo de cabañas. Durante cerca de dos meses, le dieron alimento y se habituaron a su presencia.
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No sabían que el animal tenía un hogar cerca de allí. Tampoco que alguien lo había buscado durante un año y ocho meses.

En algún momento, las mujeres dieron con el aviso antiguo de la desaparición. La imagen y los datos de aquella publicación les resultaron familiares. Entonces decidieron contactar a Abril y enviarle fotos actuales del gato que habían estado alimentando.
La respuesta llegó de inmediato. “Ellas se ve que se guiaron por esa publicación antigua, me la mandó junto a otras fotos actuales donde yo lo miro y digo: ‘Es él, efectivamente es él’”, recordó Abril.
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Aslan estaba a unas seis cuadras de su casa. La distancia era corta, pero el trayecto hasta ese reencuentro había durado casi dos años.
Las vecinas también encontraron al gato acompañado por una gata que acababa de tener crías. Ese dato explicó parte de la escena que habían visto en el complejo de cabañas, donde el felino parecía haber construido una rutina lejos de la familia que lo esperaba.
Las fotos de Aslan llegaron durante el último mes de quimioterapia

El llamado de Paola y Lili tuvo un significado que excedió la recuperación de una mascota perdida. Después de la mudanza a Dina Huapi, Abril recibió el diagnóstico de un tumor cerebral y atravesó un tratamiento médico prolongado.
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Cuando supo que Aslan había aparecido, se encontraba en el último mes de quimioterapia. La coincidencia unió dos procesos que habían marcado su vida reciente: la ausencia del gato y el tratamiento contra la enfermedad.
“Estoy justo en el último mes de quimioterapia”, expresó Abril. Para ella, la reaparición de Aslan llegó en un momento que describió como parte de su recuperación.
El regreso también la sorprendió porque, con el tiempo, había empezado a pensar que esa clase de desenlaces les ocurría a otras personas. “Y decir: ‘Nadie me puede venir a decir que algo es imposible, porque no lo es’”, sostuvo al recordar el momento en que confirmó que las fotos correspondían a su gato.
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No hubo una explicación precisa sobre dónde pasó Aslan los 20 meses desde su desaparición. Tampoco se conoció cómo logró mantenerse cerca de su casa sin que la familia lo encontrara antes. Lo que sí quedó claro fue que sobrevivió y que dos vecinas advirtieron una publicación que parecía haber perdido vigencia.
El reencuentro no terminó con el primer abrazo. Aslan tuvo que readaptarse a la vida en el hogar que había dejado atrás. Allí lo esperaban Abril y Monti, el otro gato de la familia.
Después de casi dos años fuera de casa, el felino volvió a una rutina conocida, aunque atravesada por cambios. Abril también atravesaba una etapa final de su tratamiento y recibía una noticia que había dejado de esperar con la misma intensidad de los primeros días.
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La historia de Aslan quedó ligada a una publicación conservada durante meses, al cuidado de Paola y Lili y a una distancia de seis cuadras que, durante mucho tiempo, nadie logró acortar. Para Abril, esa espera terminó con la imagen de su gato de vuelta en casa, cuando su propio camino de recuperación entraba en una etapa decisiva.
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