Cómo enseñar a los niños a convivir de forma segura con perros y gatos: claves para evitar el estrés del animal

Las pautas para identificar gestos de incomodidad corporal, fijar límites al juego brusco y garantizar un trato respetuoso bajo el mismo techo

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La conducta de los adultos guía a los niños para evitar molestias a los animales de compañía durante el sueño o la comida. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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La presencia de perros y gatos en el hogar suele formar parte de la vida cotidiana de muchas familias. Los animales de compañía contribuyen a que los niños desarrollen su empatía y responsabilidad, a la vez que se crea un vínculo como compañeros de juegos.

Para que esa relación sea segura y respetuosa, los adultos deben acompañar el contacto entre los niños y animales de compañía, enseñarles a reconocer sus límites y evitar juegos o caricias que puedan generar miedo o incomodidad.

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Juan Atilio Di Paolo, médico veterinario (MP 9661), explicó a Infobae que compartir la vida con perros y gatos trae sendos beneficios para los niños.

“Algunos de estos beneficios son, por ejemplo, el desarrollo emocional de la empatía y de la responsabilidad del cuidado del otro, así como soporte emocional y el incremento de la autoestima”, dijo el experto.

Sin embargo, aclaró que hay que tomar recaudos.

“Los niños pueden no entender, en primera instancia, que se trata también de un ser vivo con propio temperamento (instinto) y carácter (educación). Es por esto que debemos enseñarle a respetar el espacio del perro, y más aún si se trata de un gato”, destacó el veterinario.

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Niño rubio gateando en el suelo con un puntero láser rojo, observando a un gato atigrado pelirrojo agachado frente a él en una alfombra clara.
Los niños pequeños no deben quedarse solos con perros o gatos, recomiendan los veterinarios (Imagen Ilustrativa Infobae)

Abrazarlos con fuerza, perseguirlos para jugar, cargarlos cuando intentan retirarse o acercar demasiado el rostro al suyo son conductas que pueden resultar incómodas para el animal de compañía. “Son gestos que un niño puede entender como una muestra de cariño, pero que el perro o el gato pueden vivir como una invasión de su espacio”, explicó la veterinaria Eva Sánchez-Paniagua a La Vanguardia.

La experta recomendó mantener siempre la supervisión adulta: “Los niños pequeños no deben quedarse solos con perros o gatos, aunque estén acostumbrados a convivir con ellos. Los adultos deben acompañar sus interacciones y enseñarles normas básicas, como no molestarlos mientras comen o duermen, evitar los juegos bruscos y no quitarles objetos directamente de la boca”.

En el mismo sentido, Di Paolo resaltó que es importante que la interacción entre niños con perros o gatos sea siempre supervisada por un adulto.

Niño rubio de chaqueta azul arrodillado en césped verde, sonriendo mientras juega a la cuerda con un perro beagle tricolor que tira de un juguete verde.
Los niños pueden no entender, en primera instancia, que se trata también de un ser vivo con propio temperamento (instinto) y carácter (educación), dijo el veterinario Di Paolo (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Se debe tener bien claro su lenguaje corporal y actitudinal. Dependiendo de la edad de los niños, enseñárselos a ellos también, sobre todo el relacionado con el estrés o las manifestaciones de incomodidad (gruñidos, pelos parados, orejas hacia atrás, mostrar los dientes, etcétera). Otro consejo importante será el de enseñar al niño a nunca acorralarlos, permitiéndoles siempre que puedan escabullirse”, afirmó el especialista.

“Por último, debemos considerar el tamaño y temperamento de nuestros perros, ya que un gran tamaño y un temperamento ansioso, dominante, reactivo, independiente o hiperactivo nos obligará a incrementar los cuidados y atención a su interacción con nuestros hijos. Ante la menor duda o inquietud siempre recurrir a profesionales en la educación y el comportamiento canino y felino”, recomendó.

Las señales que indican que el animal necesita espacio

Una familia compuesta por dos adultos y dos niños camina por el césped de un parque, mientras un perro de raza golden retriever corre delante de ellos llevando un frisbee en la boca. El entorno está lleno de árboles y la escena refleja alegría y convivencia familiar durante un día soleado.
Los menores pueden colaborar en labores de cepillado y paseos, pero la responsabilidad del cuidado corresponde a los adultos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Que un perro se aleje o que un gato mueva la cola bruscamente puede indicar que no quiere recibir caricias en ese momento, explican los expertos.

También el llamado “ojo de ballena”, cuando queda visible parte del blanco del ojo del perro, es otra posible señal de incomodidad. Reconocer estas manifestaciones permite evitar contactos que el animal no desea.

Ningún gesto aislado determina por sí mismo que exista miedo o estrés, ya que debe valorarse el contexto y el conjunto de movimientos. Si el animal se aleja, se esconde o expresa incomodidad, el contacto debe detenerse para permitirle retirarse, indicó Sánchez-Paniagua.

Gato doméstico atigrado de pelaje anaranjado con boca abierta, colmillos visibles, ojos entrecerrados y orejas hacia atrás sobre fondo blanco.
Los perros y los gatos comunican incomodidad a través de cambios posturales antes de bufar, gruñir o intentar morder. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los gruñidos y los bufidos tampoco deben castigarse. Son formas de comunicación que avisan que el perro o el gato necesita distancia antes de que la situación empeore: “No se trata de regañar al niño ni al animal, sino de explicar de forma sencilla que respetar su espacio también es una manera de cuidarlo”.

La educación depende también de la conducta de los adultos en casa. Despertar al perro para jugar, insistir en acariciar al gato cuando intenta alejarse o molestarlo mientras come o duerme puede hacer que los menores consideren normales esos comportamientos.

La convivencia implica atender la higiene, el ejercicio, la salud, el descanso y las necesidades de cada etapa de vida del animal.

Consejos para una convivencia segura entre niños y animales de compañía

Una niña sonriente con cabello castaño abraza a un perro pequeño de pelaje blanco y rizado, ambos mirando al frente. Hay luz solar.
Las tareas cotidianas asignadas a los niños no sustituyen la responsabilidad final de los adultos en el cuidado de la mascota. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los niños pueden participar en actividades adaptadas a su edad, como servir el agua, acompañar a la familia durante los paseos, colaborar con el cepillado o ayudar a mantener ordenado el espacio del animal. También pueden asistir con sus padres a las visitas veterinarias para comprender que su cuidado incluye el seguimiento de la salud.

Esa participación no supone trasladarles la responsabilidad. La responsabilidad última siempre corresponde a los adultos.

Recomendaciones:

  1. Acostumbrar al animal a la presencia de los niños. La adaptación resulta más sencilla cuando perros y gatos conocen a los niños desde cachorros. Si llegan después al hogar, conviene que el acercamiento sea gradual y sin obligarlos: una prenda con el olor del menor puede ayudar a que se familiaricen antes del contacto directo.
  2. Enseñar a los niños a tratar al animal con respeto. Los adultos deben explicar que las mascotas no son juguetes. No hay que gritarles, tirarles de las orejas o la cola, perseguirlos ni sujetarlos con fuerza. También es importante que los niños aprendan a identificar señales de incomodidad, como alejarse, esconderse, tensar el cuerpo o bostezar de forma reiterada.
  3. Involucrar a los menores en los cuidados cotidianos. Participar, siempre con supervisión, en tareas como servir la comida, cepillar el pelo, acompañar los paseos o jugar con una pelota ayuda a fortalecer el vínculo entre el niño y el animal.
  4. Respetar el espacio y los momentos de descanso. “El contacto nunca debe imponerse. Los pequeños pueden acercarse con calma y ofrecerles la posibilidad de relacionarse, pero deben dejar que sean ellos quienes decidan si quieren recibir caricias o jugar. Si se alejan, se esconden o muestran incomodidad, hay que detener la interacción”, completó Paniagua.

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