
A todos nos gustaría que los perros durarán para siempre o, al menos, que estén acompañándonos hasta el día en que nosotros no estemos más, pero desafortunadamente no es así.
El tiempo, con una única duración, impacta en cada especie de forma diferente, ya que no todas viven el mismo lapso. Los seres humanos podemos vivir más de siete décadas, pero los perros tienen un promedio de vida entre los 10 y 15 años. Esta situación varía dependiendo de la raza, el tamaño y el estilo de vida.
De este modo, los perros se tornan viejos de forma más rápida y emiten señales corporales necesarias y fáciles de identificar.
Una de las señales más claras de un perro viejo es cuando ha perdido el control de sus esfínteres. La pérdida de orina, cuando no hay una causa patológica que la justifique, puede deberse a que el músculo que permite su paso o retención se debilita a tal grado que le puede ocasionar “accidentes”.

Por otra parte, los perros jóvenes se caracterizan por su alegría permanente y su entusiasmo constante. Ellos siempre quieren jugar y están dispuestos a hacer algo, pero cuando llegan a la vejez se vuelven más apáticos y dependientes de nuestros cuidados.
Además, ya no son tan obedientes como lo eran de jóvenes y esto se debe al deterioro sensitivo y mental, un proceso natural que se da con el paso del tiempo. Lo dice una antigua regla: cuanto más tiempo vivido, menos energía nos queda. De este modo, los perros en la vejez comienzan a perder esa energía juguetona que los caracterizaba y solo quieren descansar.
Muchas veces, a ello se suma que presentan problemas de insomnio, por alteración del ritmo de sueño-vigilia. Es por este motivo que tienden a compensarlo durante todo el día. Incluso, algunos sentidos disminuyen su percepción con la edad. Es por eso que los ojos y oídos de los perros son los primeros afectados por la vejez.

Esta pérdida se debe a que el cuerpo, en general, ya no absorbe los nutrientes como en algún momento lo hizo y la ausencia de estos elementos, que debían ser absorbidos, sumado al deterioro estructural, provoca que no vean y que no oigan igual.
Pero eso no es todo, ya que, como ya no son capaces de mantener una actividad física intensa, es posible que suban de peso con mayor facilidad. A esta situación se le suma que su sistema digestivo ya no trabaja igual y no procesa todos los alimentos tan fácil y eficientemente como antes.
Si bien no existe un parámetro exacto que defina la edad certera a la que a los perros se los considere viejos, podemos decir que esto varía y depende de su raza, tamaño y hasta de su estilo de vida. Por ejemplo, las razas más grandes envejecen antes que los pequeños.

Sin embargo, podemos coincidir que entre los siete y nueve años de edad, en la mayoría de los perros, se comienzan a presentar algunos o varios de estos cambios de la vejez. Los perros envejecen unas quince veces más rápido que los seres humanos en su primer año de vida.
No es correcto multiplicar por cifra alguna para comparar su edad con la del ser humano, ya que el perro vivirá la esperanza de vida calculada para su tipo o raza, pasando por todas las etapas propias de la vida aunque en forma más acelerada.
No debemos angustiarnos si nuestro un perro ha entrado en la etapa de vejez, sino que debemos brindarle todo el apoyo necesario, médico y afectivo, para que esta etapa sea de la mejor calidad de vida posible.
*El Prof. Dr. Juan Enrique Romero @drromerook es médico veterinario. Especialista en Educación Universitaria. Magister en Psicoinmunoneuroendocrinología. Ex Director del Hospital Escuela de Animales Pequeños (UNLPam). Docente Universitario en varias universidades argentinas. Disertante internacional.
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