
Nuevamente, se conoció hoy un lamentable ataque de un grupo de perros. Esta vez la víctima fue una niña de 9 años, quien se encuentra en grave estado, tras sufrir la amputación de uno de sus brazos y una fractura expuesta de omóplato, y debió ser internada en el Hospital de Niños de la Santísima Trinidad de la ciudad de Córdoba. Los perros fueron sacrificados por la propia familia. Una conducta absurda por parte de sus tutores o dueños.
Vamos a analizarlo punto por punto. Primero el 92% de los casos fatales en los que están involucrados perros, en toda la Republica Argentina, es protagonizado por uno o varios perros vinculados a la familia. En este caso se comprueba lo que vengo sosteniendo, y sostiene la ciencia desde hace muchos años, que la raza nada tiene que ver y sí tiene que ver el porte del animal para las consecuencias.
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Cuando uno tiene 4 perros, como en el caso de Córdoba que nos conmueve hoy, no importa si estaban bien alimentados o no. Escuché a un periodista decir “estaban bien alimentados”, como si el perro atacara para comer. Eso es no entender la conducta del perro.
Una vez más, sostengo que en la Argentina no sabemos tener perros y que creemos que los perros se crían solos y que los perros no pueden generar nunca un incidente de consecuencias graves o fatales — y no digo accidente porque los accidentes no se pueden evitar y los incidentes sí—.
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Aunque sean perros de la casa, lo que puede haber ocurrido, es que la chica haya corrido, haya generado el instinto de presa, se haya caído, haya sido atacada primero por uno, en función de haber despertado lo que se conoce como la cadena de la cacería.
La primera cosa errónea es que hay que entender que nunca jamás a un chico se lo debe dejar solo con cuatro perros, no importa si son los perros del niño. Y con un perro tampoco, nunca se lo deja solo. La segunda cosa errónea, es tener cuatro perros que no hayan sido correctamente adiestrados, adecuadamente manejados. Esto es, los perros necesitan tiempo, juego, descarga energética, entre otras cosas, y nosotros pensamos que los perros se crían solos.
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Finalmente, haber matado a los perros es no haber comprendido la propia responsabilidad. Los perros no son responsables de su conducta, no son asesinos a sueldo, ni seriales, ni sicarios. Los perros son el producto del error grave, del desconocimiento, la ignorancia de lo que significa desmadrarlos adecuadamente, como mínimo a los 60 días de vida, socializarlos adecuadamente hasta los cuatro meses de edad y educarlos sistemáticamente a posteriori y tomar todas las precauciones cuando se tienen perros grandes.
Acá había un labrador y un mestizo entre otros que jamás el imaginario popular calificaría como agresivos, sin embargo generaron un ataque muy grave que tiene una explicación clara en la conducta del perro y en la no educación de estos animales y en la responsabilidad de sus supuestos tutores.
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Y se debe recordar, siempre la peligrosidad de un animal está dada por la potencia de mordida y su tamaño. Además, de comportamientos inadecuados del ser humano con respecto al lenguaje de los perros. La agresión en perros es uno de los problemas de comportamiento más importantes con el que tienen que lidiar los tutores de animales de compañía. Para allanar un camino que arroje una solución, los tutores deben comprenden el idioma de los perros y atender sus períodos de desarrollo, tanto como estar atentos a diferentes aspectos que pueden afectar el comportamiento agresivo canino.
Este hecho se sumó a una larga lista de agresiones que tienen como protagonistas a perros de raza, en ocasiones, y en otras no. En abril último tres canes rottweiler, que eran parte de la familia, atacaron a un niño de 11 años en la ciudad bonaerense de Bahía Blanca. Sufrió lesiones en la espalda, uno de sus brazos y el rostro.
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Es por eso que es importante advertir que, como ya dije, no existe marcaje genético con respecto a razas potencialmente peligrosas o agresivas. La peligrosidad de un animal está dada por la potencia de mordida y su tamaño. En la mayoría de los incidentes de mordida, el 63% se da con animales de mediano porte que, por supuesto, no tienen consecuencias fatales.
No es una cuestión genética racial, no hay perros que nacen agresivos. Konrad Lorenz, Premio Nobel de Medicina en 1973, demostró que el comportamiento genético final de una especie gregaria, el perro lo es y el ser humano también, depende de lo genético, pero que el 70% u 80% depende de lo ambiental. Es decir, de la educación, la crianza y entre otros aspectos.
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En el caso del perro, se lo desmadra, es decir se lo quita del ambiente de la madre, muy tempranamente y esto hace que no inhiba normalmente la mordida. Además, se los socializa inadecuadamente a través de lo que se llama encierro sanitario, que es que no salga a la calle y no pise la vereda hasta los cuatro meses de edad, hasta que tenga su vacunas completas, pero esto debe ser tomado con pinzas.
Es cierto que no debe pisar la vereda, pero sí puede ser adecuadamente sociabilizado llevándolo en auto, en un carrito, en una bicicleta, en una moto o en una mochila o llevándolo a casas donde sea confiable la presencia de otros perros. Los cachorros tienen un periodo crítico de socialización que se ubica, con algunas diferencias según distintos autores, razas e individuos, comenzando en la tercera semana de vida y concluyendo entre la semana 12 y la 16 de edad.
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Lo que ocurra durante ese período, conocido como etapa sensible o imprinting, troquelado o impresión, marcará al individuo para el resto de su vida y será muy difícil de modificar en el futuro. Si un cachorro no fue adecuadamente socializado en ese período sensible, puede ser que nunca se sienta plenamente confiado de convivir con gente u otros perros.
Por otra parte, idealmente los cachorros se deben adoptar (ya sea por compra o adopción plena) a partir de la semana ocho, o sea a partir de los sesenta días de edad para una buena adaptación al nuevo hogar. Dentro de este lapso discurre el llamado periodo del miedo que se sitúa entre la octava y décima semana de vida, durante las cuales el cachorro no debe ser castigado bajo ninguna circunstancia.
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Tras evaluar todos estos aspectos, queda advertido que no es la raza, sino el tamaño lo que determina la peligrosidad potencial. Pero que, además, estos incidentes ocurre por no comprender el lenguaje de los perros y haber transgredido normas explícitas de crianza y educación.
Qué hacer frente a un perro agresivo
Los perros en actitud de agresión, como en cualquier especie que se precie, quieren parecer más grandes de lo que son como una respuesta lógica ante lo que perciben como una amenaza. Por eso, su cuerpo va a estar rígido, estirado e inclinado hacia adelante, escondiendo y moviendo la cola de una manera rápida y frenética. El pelo del lomo erizado lo hará tener una apariencia mayor a la real y amenazadora.
Un perro en actitud de agresión está listo para abalanzarse hacia lo que lo perturba, mostrando actitud y presencia lo más grande (o agrandada) e intimidante posible. Los dientes quedarán descubiertos, con la nariz arrugada, las orejas para atrás y el acompañamiento de gruñidos o ladridos cortos. La boca, vista de costado, tiene la forma de una letra C invertida.
Esto es una señal agresiva asertiva, o sea clara, en sus intenciones de comunicar pero sin consecuencias por ahora. Una real advertencia. En cambio, cuando el gruñido y los colmillos al descubierto se acompañan con el cuerpo hacia atrás y las orejas caídas son una señal de agresión pero defensiva. En ambos casos suele haber una mirada fija y penetrante dirigida a la amenaza latente.
A veces la mirada fija con los ojos bien abiertos puede ser el despertar de una inclinación predadora lo que es muy importante de advertir sobre todo cuando conviven en el mismo lugar perros más chicos, gatos o niños pequeños.
Si el perro es agresivo con las personas cuando está afuera, o con otros perros que caminan, conviene que esté siempre con la correa
Si se acerca un perro a atacar se recomienda alejar las extremidades, poner un brazo por delante para hacer un bloqueo, mientras que el otro brazo queda escondido detrás de la espalda. Esto repelerá al perro y le hará no colgarse del brazo, o descolgarse si ya te había mordido.
*El Prof. Dr. Juan Enrique Romero @drromerook es médico veterinario. Especialista en Educación Universitaria. Magister en Psicoinmunoneuroendocrinología. Ex Director del Hospital Escuela de Animales Pequeños (UNLPam). Docente Universitario en varias universidades argentinas. Disertante internacional.
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