
Prometo no cumplir
por QUENA STRAUSS, periodista
Que se entienda: no es mala fe, no es voluntad de engaño, no es nada de eso. No es nada, en realidad. Pero, convengamos, llegando abril ya queda más que claro que todo eso que supimos prometer en Navidad y Año Nuevo (aquello de la dieta, la carrera de acupunturista que comenzaríamos este año y el trabajo ese al que íbamos a renunciar) comienza a mostrarse como lo que siempre fue: un espejismo. Una pila de deseos bonitos que a medida que se pasa el efecto de las burbujas y uno cae en la realidad se vuelven más y más dificultosos. Como si a medida que el año avanzara uno fuera tomando conciencia de lo difícil que será cumplir con toda esa sarta de propósitos, comenzamos a envolvernos en nuestro tapado favorito: un espeso abrigo de excusas. De pretextos.
Comenzamos luego a recitar el mantra del porque. No arrancamos gimnasia porque no hay horario que nos venga bien; no ordenamos el placard porque sábados y domingos "son para descansar", y tampoco nos anotamos en el curso de fotografía porque la plata no alcanza. Entonces llegan los tengo… aumentó el mondongo, tengo que pasear a Hermes y además… ¿te das cuenta? Una fábrica de levantar excusas: eso somos. Lo de siempre: nos llevamos tan mal con el tiempo, con el paso de los días, que la mejor solución que se nos ocurre es correr hacia adelante. Patear eso que decimos querer hacer –porque, allá en el fondo, no queremos hacer más que nada– y ganar un poco de tiempo. Y así hasta llegar otra vez a diciembre y volver a prometer al pie del árbol lo único que sí nos sale siempre: no cumplir.
El carretel de hilo
por LUIS BUERO, periodista
ilustración VERÓNICA PALMIERI
Esta antigua leyenda me la narró la escritora Victoria Ocampo, una tarde en que la visité para tomar el té en su casona de Mar del Plata. Yo tenía 19 años. Algo le debo haber contado de lo que me pasaba, para motivarle el relato.
La historia es así: una mañana, al regresar de sus paseos, un joven príncipe halló en su habitación un hermoso carretel de hilo de oro, pero su sorpresa fue mayor cuando escuchó una voz que provenía del mismo carretel y le decía: "¡Como habéis visto, soy un carretel de hilo de oro; por favor ¡ten cuidado con cómo me tratáis! ¡No soy un carretel común y corriente! ¿Veis la punta de este hilo? Representa tu existencia, desde hoy hasta el día de tu muerte, cada día que pase el hilo se irá saliendo del carretel. Si tiras de la punta muy fuerte, tu existencia pasará más rápidamente, pero el hilo que saques del carretel ya no podrás volver a enrollarlo y los días o meses o años que hayan pasado de tu vida no los podrás recuperar".
El cuento sigue, pero no les voy a contar el final. Sólo lo traigo a colación cuando veo que vivimos a diario con la mirada puesta en el después, según nuestros planes (o los planes de nuestros jefes, porque quien no trabaja por sus sueños, lo hace para los sueños de otro). Es decir, desconocemos el poder del ahora, como diría Eckhart Tolle, y permanecemos con la visión fija en el horizonte. Pero ya lo aconsejaba Spinetta: "No corras más, tu tiempo es hoy". El presente es lo único real que poseemos, todo lo demás es ilusión. Incluso este instante en que mientras escribo te imagino leyendo esta columna mañana.
SEGUÍ LEYENDO:
Últimas Noticias
¿Riesgo de fracturas en Morena? Ricardo Monreal pide diálogo y calma entre quienes buscan candidaturas
El coordinador de Morena en la Cámara de Diputados llamó a los aspirantes a privilegiar el diálogo y evitar rupturas, mientras el partido comienza a definir a sus perfiles para las gubernaturas del próximo año

EN VIVO | Seguridad, narcotráfico y crimen en México hoy 25 de agosto: Emma Coronel quiere su propia serie y pide control creativo
Sigue en Infobae México las noticias más importantes sobre los acontecimientos violentos en el país

Keiko Fujimori declara ante la Contraloría un patrimonio que supera el millón de soles
Del total declarado, más de un millón de soles figuran en el rubro de otros conceptos, mientras que los bienes alcanzan poco más de 115 mil soles

Dante Ortega contó cómo vivió la separación de Sebastián Ortega y Guillermina Valdés: “Era el mensajero, me hizo muy mal”
El joven recordó que, cuando era chico, quedó en el medio de la ruptura familiar y asumió un papel demasiado pesado para su edad


