
Dicen que detrás de un gran hombre hay una gran mujer. Y en el caso de Marcelo Gallardo (42), director técnico de River, está Geraldine La Rosa (42). Se conocen desde la adolescencia, estuvieron ocho años de novios, se casaron y hoy son padres de tres varones. Compañera incondicional, acompañó a su marido a todas partes y al mismo tiempo creó Geraldmoon, una marca de ropa para mujeres.
-¿Cómo fue que empezaste con el diseño?
-Desde chica me apasiona la moda. Fui modelo y, a fines de los '90, estudié protocolo en el Instituto Vidita y Taller de figurines de moda en el Instituto Mariano Moreno. Pero todo empezó a tomar forma cuando nos mudamos a Washington. Fue ahí donde me dije a mí misma: "¿Y acá qué hago?". Entonces, en el 2009, empecé con mi marca Geraldmoon.

-¿Al principio fue difícil?
-Sí, pero creo que, además de mi formación, supe rodearme de gente que conocía del tema y por eso enseguida pude hacer mi primer desfile en Nueva York. ¡Todo al revés de la mayoría! Por lo general, uno empieza en su país y después va al exterior. Pero estoy súper contenta porque me abrieron las puertas en Estados Unidos, que es un mercado súper difícil: a partir de ahí no paré. Fui a Los Ángeles y Miami.
-¿En qué te inspirás?
-Mi filosofía es: "las mujeres siempre tenemos que brillar". No hay ninguna a la que no le queden lindas mis prendas. Yo miro a las mujeres y trato de pensar con qué pueden sentirse cómodas. No me importan tanto las tendencias.
-Recorriste muchas ciudades gracias a la carrera de Marcelo, ¿creés que eso te ayudó a crecer como diseñadora?
-¡Un montón! Cuando estaba en Mónaco, viajaba seguido a Italia para ver desfiles, conocer gente y chusmear el street style. También me fui perfeccionando. En 2011 me recibí de asesora de imagen en el Instituto Maison Aubele y al año siguiente realicé cursos de armado de colección en el Museo del Traje.

-¿Por qué la marca no tiene tu apellido de casada?
-Me gustó Geraldmoon. Gerald por mi nombre y moon por luna, que está en el cielo, como Dios. Necesitaba de alguna manera agradecerle todo lo que me da. Soy afortunada por hacer lo que hago, entonces quería decir gracias. Obviamente, si le ponía "Gallardo" a mi marca hubiera llegado más rápido, pero nunca me interesó ser "la mujer de". En lo único que involucré a Marcelo fue, hace un año, cuando lancé una línea de cremas para hombre. Buscábamos una figura masculina importante y pensé en él. Fue todo un tema porque Marcelo es muy reservado y no quería saber nada… Pero no le quedó otra que decir que sí.
-¿Qué diferencias notás entre las argentinas y las mujeres de afuera a la hora de vestirse?
-Afuera están súper producidas desde que se levantan hasta que se acuestan. Se visten de una manera muy glamorosa, pero me quedo con las argentinas. Nosotras somos elegantes, pero relajadas. Es imposible estar todo el tiempo en pose. Las argentinas la pasamos mejor, yo me levanto en joggineta y ando en sneakers, salvo que tenga que ir a un evento. Igual tampoco me interesa mucho el que dirán.

-¿Cuáles son tus diseñadores preferidos?
-De afuera admiro a Roberto Cavalli y de acá me encanta Gabriel Lage.
-¿Y cómo sigue Geraldmoon?
-Después de Estados Unidos, París y Mónaco, la marca desembarcó en la Argentina hace cuatro años, desde que Marcelo es director técnico de River. Y va creciendo de a poco. Presenté mis colecciones en el Hotel Hilton y en Palermo. Tengo un showroom en Martínez al que a veces voy como personal shopper para asesorar a las clientas. Mi marca también se vende en un local en Punta del Este.
BENDITA TÚ ERES. Geraldine conoció a Marcelo Gallardo a los 14 años, cuando ambos vivían en Merlo. En 1997 se casaron y después tuvieron tres hijos, Nahuel (19), Matías (14) y Santino (11). "Fue mi novia de la adolescencia, y comprendí su importancia en mi carrera, sobre todo para ayudarme con el equilibrio emocional", dijo Gallardo en la noche de su boda, a la cual llegó a bordo de una ambulancia que lo sacó del estadio con el traje puesto, tras un empate con Argentinos Juniors que consagró tricampeón a River hace ya diez años.
-¿Te arrepentís de haber dejado cosas por tu marido?
-No. Crecimos juntos, lo vi jugar en inferiores, en reserva y en su debut a los 16 años en la primera de River. Hoy miro hacia atrás y todo fue positivo, porque conocí un montón de lugares y logramos formar una familia. Los jugadores de fútbol a veces se sienten perdidos, por eso es fundamental la persona que tienen a su lado.
-¿Y quién te ayuda con todo?
-Mi mamá, Beatriz, es un amor. De no haber sido por ella, no sé si hubiera podido. Si le digo que me tengo que ir dos semanas con Marcelo, ella se queda con los chicos sin problemas. No soy de las que tienen 1.500 empleadas, no tiene ningún sentido, ¿para qué traer hijos al mundo si uno no los cuida? Además no me puedo quejar, ellos son mi motor.

-¿A quiénes se parecen?
-El grande tiene una mezcla de los dos; el del medio es igual a mi marido, súper tranquilo y correcto; y el último es mi castigo, es mi versión mejorada, súper pilchero y malcriado. Estoy muy orgullosa de los tres.
-¿Todos siguen los pasos de Marcelo?
-¡Sí! Los tres están en las divisiones inferiores de River. En mi casa hay pelotas por todos lados. Juegan al fútbol hasta en el toilette. Pero ya estoy curada, cuando era chica también jugaba al fútbol.

-¿Seguís acompañando a Marcelo a los partidos?
-No tanto como antes, voy porque mi hijo más chico no puede ir solo a la cancha, pero me aburre verlo dando indicaciones, aunque sé que a él le gusta que esté. Entonces llevo un par de amigas, charlamos y así se nos pasa rápido el partido. Como jugador lo he seguido un montón: lo alenté, sufrí, me peleé.
-¿Le das consejos a la hora de vestirse?
-Sí, un montón. Le digo qué le quedaría mejor, qué colores lo hacen verse más delgado. Y me hace caso en todo, él y mis hijos también. Al final ellos deciden, pero sé que me escuchan porque veo un toque mío en los cuatro.
-¿Sos celosa?
-Si no somos celosos, no amamos a las personas que tenemos al lado. Pero él está tan seguro de mí como yo de él.
-Hoy las botineras están de moda, ¿vos te considerás una?
-Ese nombre me suena feo. Jamás buscaría ser novia o esposa de un futbolista para colgarme de su popularidad y sacar ventaja. Yo digo, con humor, que fui una visionaria y no una botinera.

-¿Cómo van a vivir el mundial?
-Marcelo les prometió a los chicos llevarlos a Rusia. No sé si se podrá. Si van, bárbaro, yo me acoplaría, obviamente. Siempre lo ven los cuatro juntos y yo usualmente tengo algún otro plan.
-¿Son cabuleros?
-No, Marcelo y yo influimos mucho para que ellos piensen que si trabajan duro y se esfuerzan, les va a ir bien. No creemos en cosas como lo de la sal en la mesa, no pasar por debajo de las escaleras, odiamos eso.
-Después de tantos años de matrimonio, ¿cuál es la clave para seguir juntos?
-Creo que mejor que la mía no hay ninguna: él está casi todo el día afuera y nos vemos a la noche. No tenemos tiempo ni para discutir.
Textos: VALERIA MARIÑO (vmarino@atlantida.com.ar)
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