
"Las plantas son organismos súper complejos, pero sus particularidades suelen pasar desapercibidas para la mayoría de los mortales. No suelen generar tanta sensibilidad y empatía como el reino animal, e incluso su interés suele quedar en un lugar rezagado para parte de la comunidad científica".
La que reflexiona, casi explicando su "rara" pasión es Paula Casati (46), reciente ganadora de la Edición 2017 del Premio Nacional L'Oréal-UNESCO "Por las mujeres en la ciencia", una distinción que desde hace 11 años se realiza en colaboración con el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) para incentivar y valorar el trabajo de las mujeres en la ciencia.
Para Casati, rosarina, doctora en Ciencias y licenciada en Biotecnología, el reconocimiento (una suma incentivo de 300 mil pesos) implica sobre todo poder seguir con el estudio que la desvela: las consecuencias de la radiación solar UV-B en el crecimiento de las hojas de las plantas. El proyecto la ocupa desde hace años, cuando cursaba su posdoctorado en Stanford University, Estados Unidos, donde también conoció a su marido, también científico y padre de su hija Lara (6).
Y hoy sigue trabajando en el tema diariamente y sin horarios como investigadora principal del CONICET, en el Centro de Estudios Fotosintéticos y Bioquímicos. Con su equipo se centra en una especie llamada arabidopsis thaliana (abundante en Europa y de un ciclo de vida muy corto) que sirve de modelo de análisis y experimentación.
¿Qué significa este premio?
Es algo buenísimo, un reconocimiento a todo lo recorrido y, en general, a nuestra labor en la ciencia. Siendo mujer es más arduo destacarte y trabajar de esto.
¿Por qué es más difícil?
Podemos tener igualdad de oportunidades con los hombres, pero a iguales condiciones. En cuanto a la maternidad, por ejemplo, en esta profesión si decís "me tomo un año sabático" o "una licencia larga por maternidad", te cuesta mucho retomar. De hecho, a los dos meses de mi hija yo ya estaba trabajando de nuevo. No es fácil hacerte un lugar en la comunidad científica. Además, no existen los horarios rígidos: necesitás flexibilidad. Quizás largás un experimento a la mañana y se te hacen las doce de la noche y no podés irte. O tenés que ir el sábado o el domingo entero porque querés ver cuándo florecen unas plantas. No podés decir mi horario es de 8 a 16, la voy a buscar a mi hija al colegio y se acabó.
¿Que tu marido también sea científico ayuda un poco en la organización?
Sí, en mi caso ayuda que Eduardo esté en lo mismo y es un buen compañero. Pero hay montones de hombres que no son científicos, e igual bancan el trabajo de mis colegas.

¿Cuáles son los alcances de tu proyecto?
Lo más relevante es la posibilidad que abre de mejorar el rendimiento de distintos cultivos, por ejemplo, del maíz. Lo que vemos es que las hojas de la planta que crecen en el campo son más chicas que las que lo hacen en un invernadero. Los plásticos que recubren esos espacios absorben la radiación, que es la que disminuye y enlentece el crecimiento de las plantas en general. Está claro que si a cualquier planta que crece al aire libre la ponés en una maceta y la aislás de estos rayos crece más grande. En realidad, llegan a un tamaño y no crecen más.
¿La radiación afecta más hoy que hace diez años?
Sí, por el cambio climático y la disminución de la capa de ozono. De todas maneras, hoy hay más conciencia y eso trajo consecuencias positivas. El agujero de ozono disminuyó mucho por el cuidado en la emisión de gases y otras iniciativas.
¿Es un buen momento para hacer ciencia en nuestro país?
Nunca lo fue, porque además todos nuestros activos y tecnología son comprados afuera y están dolarizados. Sin embargo, tenemos excelentes científicos. Nuestros aportes son reconocidos a nivel mundial. El trabajo argentino es súper valorado internacionalmente y hay gente muy capaz. Si comparamos los sueldos con los de los profesionales de otros países, como Chile o Brasil, ni hablar de Europa o Estados Unidos, es obvio que acá es todo más cuesta arriba. Por eso este premio viene a sumar estímulo.
textos MARA DERNI (mderni@atlantida.com.ar)
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