
Panamá cerró el primer trimestre de 2026 con un déficit fiscal menor al registrado un año antes, pero todavía con una señal clara de presión sobre las cuentas públicas: el Estado sigue gastando más de lo que ingresa. El balance preliminar del Sector Público No Financiero mostró un déficit de $1,307.5 millones, equivalente al 1.37% del PIB, por debajo del 1.64% observado en marzo de 2025.
En palabras sencillas, el déficit fiscal es la diferencia que queda cuando los gastos del Estado superan sus ingresos; es decir, lo que el Gobierno debe financiar con deuda, uso de depósitos u otras fuentes.
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El resultado representa una mejora frente al año anterior, pero no elimina el problema de fondo de las finanzas públicas. Según el informe del Ministerio de Economía y Finanzas, el déficit del Sector Público No Financiero se redujo en $179.8 millones, una baja de 12.1% frente al primer trimestre de 2025.
La mejora se explica porque los ingresos crecieron más rápido que los gastos, aunque el propio informe advierte que el ahorro corriente sigue en terreno negativo, lo que significa que los ingresos recurrentes todavía no alcanzan para cubrir todos los compromisos operativos del Estado.
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Los ingresos totales del Sector Público No Financiero alcanzaron $3,787.8 millones entre enero y marzo, un aumento de 9.9% frente a los $3,448.2 millones registrados en igual periodo de 2025. La mayor parte provino de los ingresos corrientes del Gobierno General, que sumaron $3,402.1 millones, con un crecimiento de 6.7%.

Dentro de ese bloque, la Caja de Seguro Social mostró el mayor dinamismo, con ingresos por $1,316.7 millones, un alza de 15.4%, asociada a una mejor recaudación de cuotas obrero-patronales.
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Ingreso de capital, un alivio temporal
Un dato clave del balance es el fuerte salto de los ingresos de capital, que pasaron de $0.9 millones en marzo de 2025 a $197.5 millones en marzo de 2026.
El Ministerio de Economía y Finanzas atribuye este incremento a la llamada “monetización de inmuebles estratégicos”, un término utilizado para describir operaciones mediante las cuales el Estado obtiene recursos a partir de activos inmobiliarios bajo su propiedad, ya sea mediante ventas, concesiones, cesiones de uso o mecanismos financieros asociados a terrenos y propiedades públicas consideradas de alto valor.
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Aunque el informe no detalla cuáles fueron específicamente esos inmuebles, sí aclara que estos recursos permitieron fortalecer la liquidez del Estado y reasignar fondos hacia inversiones y compromisos fiscales. Sin embargo, el propio MEF reconoce que se trata de un ingreso extraordinario y no recurrente, es decir, dinero que entra una sola vez y que no puede contarse todos los años como una fuente estable para sostener el presupuesto público.

Gastos al alza
Por el lado del gasto, el Sector Público No Financiero ejecutó $5,095.4 millones al cierre de marzo, un crecimiento de 3.2% frente al año anterior. El gasto corriente llegó a $4,085.5 millones, con un incremento de 7.8%, impulsado principalmente por los compromisos operativos de la Caja de Seguro Social y del Gobierno Central.
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En cambio, el gasto de capital se redujo de $1,147.3 millones a $1,009.9 millones, una caída de 12%, aunque se mantiene concentrado en proyectos de infraestructura y servicios públicos.
El gasto de capital es relevante porque corresponde a inversiones en obras, infraestructura y activos que pueden mejorar la productividad del país. En el primer trimestre de 2026, el MEF reportó inversiones vinculadas a la Línea 3 del Metro, el Cuarto Puente sobre el Canal, la Autopista Madden-Colón, proyectos viales, hospitales, agua potable y educación.
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Aunque el monto bajó frente a 2025, el informe sostiene que Panamá mantiene una inversión pública relativamente alta frente al promedio regional, pero con mayor presión para priorizar proyectos de mayor impacto.
En el caso específico del Gobierno Central, el déficit fue mayor que el del Sector Público No Financiero. Al cierre de marzo, el balance total registró un saldo negativo de $1,669.5 millones, equivalente al 1.76% del PIB.
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Aun así, representa una mejora frente a los $2,170.5 millones de déficit observados en marzo de 2025, cuando equivalía al 2.40% del PIB. La reducción fue de $501 millones, explicada por un aumento de los ingresos totales y una baja de los gastos totales.
Los ingresos totales del Gobierno Central sumaron $2,263.4 millones, un aumento de 11.3% frente al primer trimestre de 2025. Los ingresos corrientes crecieron apenas 1.6%, hasta $2,065.9 millones, pero los ingresos tributarios subieron 4.6%, al ubicarse en $1,699.3 millones.
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Comportamiento de los impuestos
Los impuestos directos aportaron $959.6 millones, mientras los indirectos sumaron $739.7 millones. El informe destaca el crecimiento del impuesto sobre ganancias de capital, que aumentó 124.7%, y del ITBMS, que subió 7.9%.
El comportamiento del ITBMS es una señal importante sobre la actividad económica interna, porque refleja consumo y movimiento comercial. El MEF vincula su aumento con una demanda interna resiliente, mayor actividad comercial, ventas de gasolina, diésel y automóviles nuevos, además de crecimiento en créditos de consumo.
También subió el Impuesto Selectivo al Consumo, con un incremento de $11.2 millones, equivalente a 9.4%, y el impuesto al combustible aumentó $5.2 millones, asociado a mayores ventas entre enero y febrero.

No todos los ingresos mejoraron. Los ingresos no tributarios del Gobierno Central bajaron 10.6%, al pasar a $366.6 millones. La caída se explica por el efecto base de ingresos extraordinarios recibidos en 2025, especialmente por AITSA y la Lotería.
Sin embargo, los aportes del Canal de Panamá por peajes sumaron $144 millones, un 3.6% más que en el mismo periodo del año anterior, lo que confirma que la vía interoceánica sigue siendo una de las fuentes más relevantes de ingresos para el Estado.
En los gastos del Gobierno Central hubo un cambio fuerte en la composición del presupuesto ejecutado. Los gastos totales bajaron 6.5%, al pasar de $4,204.4 millones a $3,932.9 millones. Los gastos corrientes cayeron 8.1%, hasta $3,063.8 millones, principalmente por una disminución de las transferencias, que bajaron de $1,090.1 millones a $722.4 millones.
El informe explica que en 2025 hubo transferencias extraordinarias a la Caja de Seguro Social, por lo que la baja de 2026 responde en parte a ese efecto comparativo.

Peso de la deuda
La deuda sigue ocupando un espacio pesado dentro del presupuesto y limita el margen de maniobra fiscal. Los intereses pagados por el Sector Público No Financiero llegaron a $1,005.7 millones en el primer trimestre, un aumento de 5.4% frente a marzo de 2025.
De ese total, $931.8 millones correspondieron a intereses externos y $73.9 millones a intereses internos. Esto significa que una parte importante del gasto público se destina solo a pagar el costo financiero de obligaciones pasadas, antes de financiar nuevas obras o servicios.
Aun con esa presión, el balance primario mostró una mejora. Este indicador mide el resultado fiscal antes del pago de intereses de la deuda y permite ver si el Estado está reduciendo su brecha operativa. En el Sector Público No Financiero, el déficit primario bajó de $533.1 millones a $301.8 millones, una mejora de 43.4%. En el Gobierno Central, el déficit primario se redujo de $1,216.2 millones a $663.8 millones, equivalente a una mejora de 45.4%.
El informe también destaca avances en la administración de cuentas por pagar, uno de los puntos sensibles de la gestión fiscal. Al cierre de 2025, el Gobierno Central redujo sus compromisos pendientes de $1,975.76 millones a $1,069.23 millones, una baja de 45.9%. Además, al cierre de marzo de 2026 se habían liquidado $706 millones en obligaciones corrientes.
Este punto es relevante porque los atrasos en pagos a proveedores afectan la economía real, especialmente a empresas que dependen de contratos con el Estado para mantener flujo de caja y empleo.
En materia de deuda, el MEF reportó una reducción del costo promedio ponderado de la deuda pública, que pasó de 4.97% en diciembre de 2025 a 4.75% en marzo de 2026. Entre las operaciones destacadas figura un préstamo estructurado en yenes japoneses por el equivalente a $1,400 millones, con tasa efectiva de 2.71% y garantías del IBRD y MIGA. También se realizó una recompra de $3,184.7 millones en bonos internacionales, que ayudó a mejorar el perfil de vencimientos.

El informe señala que estas operaciones generaron una disminución estimada del gasto anual por intereses de aproximadamente $30 millones. También hubo un efecto cambiario favorable de $99.6 millones sobre el saldo de la deuda pública, aunque el MEF advierte que este componente puede variar según el comportamiento futuro de las monedas.
En otras palabras, el país logró alivios financieros en el trimestre, pero parte de esa mejora depende de condiciones de mercado que no siempre están bajo control del Gobierno.
El contexto económico ayuda a explicar parte del resultado fiscal. Panamá mantiene una proyección de crecimiento del PIB de 4% para 2026, superior al promedio estimado para América Latina. El Índice Mensual de Actividad Económica creció 4.1% entre enero y febrero, impulsado por servicios, logística, transporte, turismo y actividad financiera.
El informe también destaca un aumento de 19.1% en la llegada de visitantes internacionales y un crecimiento de 11.6% en las reexportaciones de la Zona Libre de Colón.
Recaudación
Pero el balance también muestra riesgos. El ahorro corriente del Sector Público No Financiero fue negativo en $500.6 millones, mientras el ahorro corriente del Gobierno Central quedó en -$997.9 millones. Esto significa que, aunque el déficit bajó, todavía existe una brecha entre ingresos permanentes y gastos corrientes.

Para que la mejora fiscal sea sostenible, Panamá necesita que la recaudación ordinaria siga creciendo, que el gasto operativo no se dispare y que los ingresos extraordinarios no se conviertan en una falsa sensación de holgura.
El primer trimestre deja una lectura mixta: Panamá redujo su déficit, mejoró el balance primario, bajó parcialmente el costo de la deuda y mantuvo inversión en infraestructura; pero sigue cargando con gasto corriente elevado, intereses crecientes y una dependencia importante de operaciones extraordinarias.
La consolidación fiscal no se gana en tres meses. El reto será sostener esta trayectoria durante todo el año sin sacrificar inversión útil, sin atrasar pagos y sin convertir ingresos no recurrentes en una muleta presupuestaria permanente.
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