Mientras los análisis divergen sobre el efecto de la derrota electoral de Trump en lo estratégico-militar, es más probable que opte por una demostración de fuerza antes que por un retroceso en el conflicto con Irán. Poco antes de que se abrieran las urnas y en el marco de conversaciones de paz reanudadas con Teherán, el Pentágono ordenó atacar la isla de Qeshm, en una operación militar precedida por una afirmación del periodista norteamericano pro-Trump Tucker Carlson acerca de un posible ataque nuclear contra Irán. El 3 de noviembre -el día de la elección- el gobierno iraní difundió un video con recomendaciones para su población ante un desastre atómico.
Ello generó una reacción del canciller ruso, Sergei Lavrov, quien afirmó que no había “motivos reales para hablar de un ataque así”. Según Carlson, esta supuesta acción militar estadounidense respondería a la presión del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, quien probablemente dejará el poder al no poder formar una coalición de gobierno. Además, identificó un objetivo muy concreto: el monte Picaxe, donde según la inteligencia israelí, el gobierno iraní habría retomado su plan nuclear.
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La Guardia Revolucionaria anunció que había neutralizado a cinco aeronaves no tripuladas, dos de ellas capturadas en el estrecho de Ormuz, junto con tres petroleros que sufrieron daños tras chocar con minas cuando navegaban por “rutas no autorizadas”. Fuentes occidentales señalaron que el debilitado gobierno de Netanyahu había arrastrado a Estados Unidos al ataque contra la isla de Qeshm.
Los próximos dos meses, en los que se verán los efectos de la derrota electoral de Trump y de Netanyahu, serán decisivos para el futuro de esta alianza en el conflicto contra Irán y sus aliados en Medio Oriente. El presidente estadounidense anunció que a finales de este año cortará los USD 3.800 millones anuales que desde 2019 Estados Unidos le otorga en concepto de ayuda militar a su aliado, argumentando que Israel ya “no lo necesita gracias a su prosperidad económica”.
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La decisión fue adoptada por Trump después de mantener una conversación con Netanyahu, quien le habría sugerido terminar con este aporte. El memorándum bilateral de asistencia en esta materia, firmado en 2016 durante el gobierno de Barack Obama, contemplaba que Israel recibiera USD 38.000 millones en total hasta 2028. La noticia enfureció al jefe de la oposición israelí, el general Gadi Eisenkot, justo en momentos en que el presidente israelí, Isaac Herzog, iniciaba conversaciones con los distintos partidos políticos para escuchar sus recomendaciones para la formación del gobierno. “Pone en peligro la relación estratégica del país con EEUU y debe dar explicaciones a la ciudadanía por este cambio en un componente clave de la seguridad nacional” afirmó Eisenkot. Es que su gobierno coincidiría con la mencionada suspensión de la ayuda militar estadounidense.
Volviendo a las conversaciones entre Estados Unidos e Irán, el mercado del petróleo mantiene una expectativa positiva y el precio bajó cerca del 10%, pensando que Irán puede reabrir en pocos días el estrecho de Ormuz.
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Las negociaciones están en curso, pero el gobierno iraní insiste en las siete condiciones que desde hace meses reclama para que lleguen a buen puerto, pero Trump se niega a aceptarlas, al menos en su totalidad. Esto dificulta cualquier entendimiento en el corto plazo para poner fin a una guerra que se inició el 28 de febrero con la denominada operación “Furia Épica”.
Un escenario con el presidente estadounidense muy debilitado al perder el control de las dos cámaras del Congreso puede coincidir en poco tiempo con un gobierno opositor en Israel que incluya a los parlamentarios árabe-israelíes (son 19 sobre 120). Esto implicaría un cambio estratégico relevante y explicaría la influencia de Netanyahu en la decisión de Trump de bombardear la mencionada isla iraní. Esto plantea la posibilidad de que el presidente estadounidense y el primer ministro israelí en las próximas semanas intenten escalar las acciones contra Irán, buscando una derrota militar o al menos una negociación favorable.
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Para este conflicto, los resultados electorales adversos que han tenido lugar en una misma semana han cambiado drásticamente el escenario político-militar. Pero tanto el presidente estadounidense como el primer ministro israelí se han caracterizado por retomar la iniciativa frente a las derrotas, buscando recuperarse a través de golpes decisivos y exitosos.
La derrota electoral de Trump es un hecho y la salida de Netanyahu del poder es altamente probable. Ambos hechos plantean dos posibilidades: avanzar en una negociación que implique el repliegue, intentando transformarla en una victoria (algo difícil de presentar ante la opinión pública mundial) o un golpe decisivo en el campo militar que termine con la resistencia iraní.
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Pero al mismo tiempo, en el círculo de Trump se plantea la opción de sacar del gobierno al Jefe del Pentágono, Pete Hegseth, buscando centrar en él la responsabilidad por el fracaso de la ofensiva contra Irán. Dentro del propio Partido Republicano, el vicepresidente J.D. Vance ha criticado a Trump y argumentó que el fracaso de esta ofensiva ha sido la causa principal de la derrota electoral. También se plantea el reemplazo del jefe de Estado Mayor Conjunto, el general Dan Kaine, y del almirante Brad Cooper, Comandante Central de Estados Unidos (CENTCOM).
Según el Washington Post, el clima dentro del Ministerio de Defensa es de enfrentamiento generalizado, con acusaciones cruzadas sobre las decisiones militares y las evaluaciones que llevaron a Washington a lanzar la operación “Furia Épica”. Los tres serían relevados por haber sido demasiado optimistas sobre los riesgos y plazos de la intervención militar.
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Mientras tanto, las consecuencias en el campo estratégico-militar se extienden. La alianza entre Washington y Tel Aviv se debilitará y ello fortalecerá a sus enemigos en Medio Oriente. La puja de Trump con los países europeos de la OTAN -que se encuentran divididos- será difícil de mantener. El presidente estadounidense perderá poder en el Congreso tanto para escalar este enfrentamiento y su alianza fáctica con Rusia, como para impulsar una negociación o permitir la venta de los recursos energéticos rusos, eludiendo las sanciones internacionales. Es decir, Ucrania mejora su capacidad en el campo diplomático y militar.
La India, a su vez, enfrenta grandes protestas con epicentro en el ámbito estudiantil que ponen a Modi frente a su mayor desafío en doce años de gobierno. Esta situación le impide jugar un papel en el ámbito global. China aparece como la gran beneficiada, usufructuando las ventajas de las derrotas electorales de Trump y Netanyahu. La suspensión de la entrega de armas estadounidenses a Israel no impide su venta.
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Aunque todo puede pasar, quizás el escenario más probable esté más cerca de una escalada militar de corta duración que de un cese de hostilidades. Irán y Netanyahu tienen claros sus objetivos, pero Trump es más cambiante respecto a los suyos. Esta situación ejemplifica la interacción entre los escenarios bélicos y los resultados electorales.
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