
El 2 de septiembre celebramos el Día de la Industria en un país que por diferentes motivos perdió más de 55.000 empresas desde su máximo de 2013. En este contexto la discusión sobre cómo competir y crecer no se resuelve con un poco más de eficiencia: se resuelve poniendo la innovación y el software dentro de la cadena productiva. Y eso exige un consenso productivo como política de estado.
Una nueva línea de partida
Un auto actual tiene más líneas de código que un avión de hace veinte años. Una aspiradora doméstica tiene software integrado: el robot que limpia un living hoy mapea el ambiente y decide su recorrido con más capacidad de cómputo que la computadora que guió al Apolo 11 hasta la Luna, y que trabajaba con dos kilobytes de memoria. Una cosechadora moderna genera grandes cantidades de gigabytes de datos por hora: rinde por hectárea, consumo, humedad del grano, sincronización con el mapa de suelo, alertas de mantenimiento predictivo. La conclusión de éstos datos fácticos, es que NO queda prácticamente ninguna Industria en el mundo que pueda sobresalir sin desarrollo de software dentro del producto y del proceso. El auto es el commodity y el diferencial es el software.
PUBLICIDAD
Esto nos hace pensar, que el error más caro que podemos cometer en este Día de la Industria, es pensar que se trata de ganar un poco de eficiencia; cuando la inteligencia artificial no viene a hacernos un 5% más performantes, sino que viene a replantear modelos productivos enteros, cadenas de valor, diseño de producto y relación con el cliente. Quien lo lea como una mejora incremental va a competir contra alguien que lo leyó como un cambio de escala y paradigma, o sea que habrá perdido antes de empezar.
Ahora bien, las empresas no pueden perder el foco en su negocio y conocer las nuevas tecnologías a la vez para adoptarlas, entonces precisan sumar en sus estrategias el outsourcing de innovación que cierra esa brecha entre la aparición y la adopción de tecnologías y metodologías en IT.
PUBLICIDAD
A nivel mundial, ya hay claras demostraciones de la articulación de la Industria del Software como Políticas de Estado. Así, el 4 de septiembre de 2025, el presidente de los Estados Unidos sentó a cenar en la Casa Blanca a Tim Cook, Mark Zuckerberg, Sundar Pichai, Satya Nadella, Sam Altman, Bill Gates y una docena más de ejecutivos de tecnología. Lo importante no fue la foto: fue que, acto seguido, el Estado norteamericano se puso al servicio de ese sector. Su representante comercial incorporó cláusulas de comercio digital en los acuerdos arancelarios firmados con Indonesia, Vietnam, Tailandia, Corea del Sur, Camboya y Malasia, condicionando rebajas de aranceles a la desregulación de las plataformas. Y en junio de 2026 amenazó con aranceles del 100% a cualquier país europeo que aplicara un impuesto a los servicios digitales, aun a costa de romper el acuerdo comercial con la Unión Europea.
Otro ejemplo conocido es Silicon Valley. La Bay Area genera alrededor de 840.000 millones de dólares de producto bruto: si fuera un país, sería la décimo octava economía del mundo, por encima de Países Bajos, Arabia Saudita o Suiza. Es una máquina de crear empresas y valor que se volvió uno de los motores de la economía estadounidense. Nadie allá discute si Tesla es una empresa de autos o de tecnología, ni si Amazon es retail o tecnología. Son empresas que usan software para comerse el mundo. Y —esto es lo importante para nosotros hoy— para construir un país más poderoso.
PUBLICIDAD
El problema no es nuevo, el enfoque debe ser diferente.
Enfocados en la búsqueda de crecimiento del país, donde la industria del software escala en posibles soluciones, es importante tener en cuenta los datos duros de la industria.
PUBLICIDAD
El “mundo pyme” explica el 77% del empleo privado argentino, según UCEMA. Y el deterioro no empezó anteayer. La Argentina tocó su máximo de empresas empleadoras en 2013 y desde entonces perdió más de 55.000 firmas; el empleo asalariado registrado no crece desde 2011. Sobre esa base larga se apiló la caída reciente: en abril de 2026 quedaban 46.005 empresas industriales empleadoras y el empleo industrial registrado bajó a 1.135.942 puestos, el nivel más bajo en dos décadas, según el Centro de Estudios de la UIA sobre datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo. Y el cuadro general es todavía más elocuente: entre 2015 y 2025 el empleo asalariado privado registrado se redujo en 32.800 puestos y quedó apenas por encima de los 6,2 millones, mientras la población y la fuerza laboral seguían creciendo. Nada de esto es responsabilidad de una sola gestión: es el resultado acumulado de varias décadas de decisiones que nunca fueron estratégicas. Sin políticas de estado que tengan de eje a la industria y que consideren a las empresas de software parte integral del sector.
A nivel de inflación se ha logrado sostener la misma en torno al 30-35%. Es un logro que nadie quiere resignar; pero también es cierto que seguimos entre los diez países con mayor inflación del mundo, y entre los primeros lugares de América Latina.
PUBLICIDAD
Por otro lado hay consensos acerca de que: no se rompe más el termómetro para ocultar la enfermedad, como se hizo con el INDEC en tiempos no muy lejanos; no se cierra más la economía por reflejo, no se sostiene más un tipo de cambio intervenido hasta el absurdo, ni un cepo eterno.
Acordemos también que el mundo cambió y que algunas actividades ya no tienen sentido en la Argentina que viene. Eso no puede interpelar ni poner en duda que el país deba generar valor a través de la industria para poder crecer. Pero nos obliga a pensar y decidir cuáles y cómo, donde el valor agregado de la industria del software es más que necesario.
PUBLICIDAD
Históricamente la clase media argentina y el ascenso social, está motorizada por las pymes y por la industria nacional, y que las grandes empresas precisan de dicho ecosistema para sostener altos niveles de producción. Sin industria nacional fortalecida no hay clase media y crecimiento de la sociedad. Por esto, la industria del software, debe formar parte de la agenda en una estrategia a nivel nacional, ya que es un sector que en las últimas dos décadas fue el que más impacto tuvo en la generación de empleo para la clase media, y que acompañado de la Ley de Software y la Ley de la Economía del Conocimiento logró transformar y formalizar una industria vital para el entramado productivo.
Outsourcing de Innovación para el desarrollo industrial
Hay una frase que se le suele atribuir a Bernard Shaw: si vos tenés una manzana y yo tengo una manzana y las intercambiamos, cada uno se queda con una manzana; pero si vos tenés una idea y yo tengo una idea y las intercambiamos, cada uno se queda con dos ideas. Esa es exactamente la lógica que le falta a nuestro entramado productivo.
PUBLICIDAD
Poner software e innovación al servicio de la industria, con el Estado priorizando qué cadenas de valor promover, nos convertiría en una potencia. Vaca Muerta necesita software: es la más obvia. Pero también Arcor, Aluar, Bioceres, y cientos de pymes metalmecánicas tienen una capacidad de innovación que hoy está subutilizada. El diagnóstico de la UIA y Accenture de marzo de 2026 lo muestra: solo el 27% de las empresas industriales argentinas usa inteligencia artificial para mejorar procesos o decidir, cuando la IA podría transformar el 34% de las horas de trabajo de la manufactura local y sumar 1,2 puntos porcentuales de productividad por año, frente a una caída de productividad industrial de 1,8% anual en la última década.
Ahí entra el Outsourcing de Innovación, que no se trata de tercerizar tareas para pagar menos usando IA. No es tercerizar el trabajo. Es tercerizar el riesgo de llegar tarde. Se trata de incorporar capacidades que una empresa industrial no tiene internamente y que no le conviene, o directamente no puede, construir desde cero: ingeniería de datos, IA aplicada, automatización, ciberseguridad, integración de sistemas productivos. Permite innovar sin inflar la estructura, acortar el tiempo de salida de un producto y bajar el riesgo de equivocarse caro. Para una pyme industrial argentina, con costo financiero alto y márgenes ajustados, es muchas veces la única forma realista de acceder a talento especializado.
PUBLICIDAD
Y hay algo más. Cuando el software se cruza con una industria no sumamos ideas nomás: nace una disrupción. El software se cruzó con la industria de la música y nació Spotify. Se cruzó con el transporte de pasajeros y nació Uber. Se cruzó con la hotelería y nació Airbnb. Se cruzó con el agro y nació la agricultura de precisión, donde una empresa argentina puede venderle un modelo de rinde a un productor de Iowa. En cada uno de esos cruces alguien se quedó con el negocio completo del mundo occidental.
Y tenemos con qué. Las exportaciones argentinas de software alcanzaron un récord de 2.850 millones de dólares anuales según el observatorio de CESSI del primer trimestre de 2026, con más de 65.000 puestos creados en la última década. Los servicios basados en conocimiento superan los 8.000 millones de dólares anuales y explican el 41,6% de toda la inversión privada en I+D del país. Es una industria estructuralmente superavitaria: genera divisas netas sin sacar nada del suelo.
Pero ojo, que en 2011 la Argentina ocupaba el puesto 25 del ranking mundial de exportadores de software y servicios informáticos. Hoy está en el 38. No porque exportamos menos —exportamos ocho veces más que en 2006—, sino porque el mundo creció al 10,9% anual y nosotros al 5%. Esos trece puestos son la medida exacta de lo que dejamos sobre la mesa. La buena noticia es que podemos recuperarlos: el Outsourcing de Innovación es el puente que potenciaría la industria con el crecimiento basado en conocimiento.
Tenemos que conservar lo bueno y construir lo que falta, gobierne quien gobierne. Decidir qué industrias sí y cuáles no. Dejar de fagocitarlas con impuestos nacionales, provinciales y municipales superpuestos. Promover cadenas de valor completas en lugar de campeones aislados. Y sostener siempre la inversión en educación, que es la única política industrial que rinde a largo plazo.
La pregunta que le queda a esta próxima etapa no es si la industria argentina va a incorporar software e innovación —eso ya no se discute en ningún lugar del mundo—. La pregunta es si lo vamos a hacer con una estrategia de Estado, con consenso productivo, o si vamos a seguir improvisando cadena por cadena, empresa por empresa, mientras el resto del mundo crece al doble de nuestra velocidad. Mi deseo para este Día de la Industria es que la respuesta la empiecen a escribir los empresarios que siguen apostando al país, y que en las próximas generaciones haya más jóvenes que quieran ser empresarios, además de querer ser Messi, youtuber o alguno de sus ídolos.
Últimas Noticias
Ante el estancamiento, el Gobierno va por medidas heterodoxas
Luis Caputo anunció préstamos para empresas con ingresos en pesos y depósitos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad para financiar hasta 18.000 viviendas, un volumen equivalente al 5% del stock hipotecario vigente

Las formas más tontas de perder dinero
En muchas organizaciones, la aprobación de gastos pequeños involucra a varias personas, formularios y días de espera, y el tiempo dedicado termina costando más que el importe que se buscaba controlar

La minería ilegal no se extrae, se procesa
En el mensaje por Fiestas Patrias, la presidenta planteó recurrir a la Constitución, la modernización policial y medidas de urgencia para enfrentar la extracción irregular, el narcotráfico y el crimen organizado en zonas bajo control ilegal
Eutanasia: ¿morir con dignidad?
En la antigüedad, esta palabra significaba una muerte dulce, sin sufrimientos. Hoy se utiliza como “causar la muerte por piedad”, con el fin de eliminar los padecimientos

Las bombas de nuestra época
Según el testimonio de Margaret Little, el 3 de marzo de 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, en una reunión de la Sociedad Psicoanalítica Británica, mientras sonaban las sirenas Donald Winnicott se puso de pie y dijo: “Quisiera señalar que esta teniendo lugar un ataque aéreo”. La reunión continuó



