El nuevo mapa del Derecho de Familia: hijos sin fronteras

El aumento de la migración familiar expone a los menores a situaciones de riesgo y vulnerabilidad según reportes de UNICEF

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(Imagen Ilustrativa Infobae)
El derecho de familia enfrenta nuevos desafíos ante familias que cruzan fronteras y realidades internacionales cambiantes. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La clásica imagen del derecho de familia -padres, hijos, un juez y un territorio definido- ya no alcanza para describir la realidad. Hoy, las familias cruzan fronteras con naturalidad: trabajan en remoto, migran, se reconfiguran y, sin embargo, el derecho muchas veces sigue pensando en clave local. Ahí aparece una tensión cada vez más evidente: ¿qué pasa cuando un conflicto familiar no cabe en un solo país?

La Convención sobre los Derechos del Niño, impulsada por Naciones Unidas, dejó claro hace décadas que el norte debe ser el interés superior del niño. Pero llevar ese principio a la práctica, en contextos internacionales, dista de ser sencillo. Los casos no son hipotéticos, son cotidianos. Un padre que traslada a su hijo a otro país sin consentimiento, una madre que quiere regresar a su lugar de origen con el niño tras una separación, una familia que inicia un proceso de adopción internacional sin conocer los riesgos. En todos estos escenarios, entran en juego instrumentos como el Convenio de La Haya sobre sustracción internacional de menores o sobre adopción internacional, diseñados para ordenar lo que, de otro modo, sería puro conflicto.

El problema no es la falta de normas; es la distancia entre la norma y la realidad. Los tiempos judiciales habitualmente no acompañan la urgencia que requiere un niño o su familia y la coordinación entre países es, muchas veces, más teórica que efectiva. Y en especial, la falta de especialización técnica convierte situaciones delicadas en laberintos legales. Mientras tanto, los chicos esperan. En paralelo, fenómenos como la migración -donde organismos como UNICEF advierten sobre la creciente vulnerabilidad de menores- vuelven aún más evidente que la protección de la infancia no puede depender del azar geográfico.

La pregunta incómoda es inevitable: ¿está preparado el derecho de familia para este mundo sin fronteras? La respuesta, por ahora, es parcial. Hay avances, hay herramientas, pero también hay una deuda: la de formar profesionales capaces de pensar los conflictos familiares en clave internacional para actuar con rapidez, coordinación y sensibilidad.

Porque cuando el derecho llega tarde o mal, no se trata solo de un expediente, se trata de una infancia y ella, a diferencia de las leyes, no admite prórrogas.