
Argentina necesita salir del estancamiento. Y para eso hace falta dar discusiones importantes con seriedad, sin consignas vacías ni miradas dogmáticas. El debate sobre la Ley de Glaciares es uno de ellos. La cuestión no es desproteger el ambiente ni habilitar abusos. La discusión de fondo es otra: revisar una normativa que, por su redacción ambigua, genera incertidumbre jurídica y termina frenando actividades productivas aun en zonas donde no existe un impacto ambiental significativo. La protección debe concentrarse en aquello que realmente cumple una función hídrica estratégica.
Los glaciares y las zonas periglaciares que actúan como reservas de agua o regulan cuencas deben seguir siendo objeto de una tutela estricta e intocable. Pero no todo el territorio tiene esa función, y tratarlo como si la tuviera impide distinguir con criterios técnicos entre áreas que deben ser preservadas y áreas donde es posible desarrollar actividad económica responsable. Ahí, entra en juego el federalismo.
Las provincias conocen mejor que nadie su geografía, sus recursos y sus necesidades. Darles un rol más claro en la evaluación y administración de estas áreas no implica descontrol: implica decisiones más cercanas, más informadas y más eficientes, dentro de un marco nacional claro y con resguardos ambientales efectivos. Además, este debate tiene una dimensión central para cualquier proyecto de país: la previsibilidad. Sin reglas claras, no hay inversión. Y sin inversión, no hay desarrollo, empleo ni oportunidades para las economías regionales. Por eso es importante mirar con seriedad el potencial del litio y el cobre. Son recursos estratégicos para el presente y para el futuro.
El litio es clave para la tecnología, las baterías y la transición energética. El cobre es indispensable para la infraestructura eléctrica, la construcción, el transporte y el desarrollo productivo. Aprovecharlos de manera inteligente puede significar más trabajo, más actividad local y una Argentina mejor posicionada en el mundo. Y eso no está reñido con el cuidado ambiental. La verdadera discusión no es producción o ambiente. La verdadera discusión es cómo producir con reglas claras, control real y responsabilidad.
La protección ambiental no puede convertirse en un freno absoluto ni en una herramienta para inmovilizar recursos que podrían generar desarrollo. La protección ambiental no puede convertirse en un freno absoluto ni en una herramienta para inmovilizar recursos que podrían generar desarrollo. Tiene que ser un marco de orden, de equilibrio y de racionalidad. No se trata de explotar sin control. Se trata de administrar con criterio. De proteger lo que corresponde. De dar lugar al desarrollo donde es posible. De impulsar a las provincias. De dejar atrás la lógica del no a todo. Argentina tiene recursos, tiene talento y tiene oportunidades. La pregunta es si vamos a animarnos a desarrollarlos con inteligencia.
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