
“El padre Pierre (50) fue un verdadero pastor, que siempre permaneció junto a su pueblo con el amor y el sacrificio de Jesús, el Buen Pastor. Tan pronto como se enteró de que algunos feligreses habían resultado heridos por un bombardeo, corrió sin dudarlo a ayudarlos. El Señor quiera que su sangre derramada (en la proximidad de su parroquia de Qlayaa el 9 de marzo, por un misil disparado por el ejército israelí) sea semilla de paz para el amado Líbano”.
(Vatican News; marzo 2026)
Todo sucedió en dos ataques sucesivos después de una exhortación del padre a los lugareños para que no abandonaran sus casas. Este cronista se pregunta: ¿se puede creer que Netanyahu está matando sacerdotes cristianos en persecución de supuestos terroristas en el Líbano?
Las oscilaciones de la fe
La serie de ataques del 28 de febrero perpetrados por fuerzas israelíes y estadounidenses contra la República de Irán generó respuestas directas de estos países y de sus aliados. La guerra tiene preocupados a todos, sobre todo por las fluctuaciones de los precios del barril de petróleo. Sin embargo, hay algo mucho más importante que esas oscilaciones; las oscilaciones de la fe que se observan en los líderes de Estados Unidos, Israel, Irán y de los demás beligerantes. Y la negación de Dios y su representante en la tierra llámese Yahvé (YHWH), Jesucristo, Mahoma y los profetas. Dicha traición se consuma en cada misil o dron dirigidos a asesinar hombres, mujeres y niños de una u otra orilla.
Para comprender lo que se olvida, conviene refrescar algunos conceptos sobre la espiritualidad de las religiones abrahámicas.
Judíos, cristianos e islamitas
A modo de síntesis introductoria, digamos cuál es la dimensión material en el mundo de la religión del Islam. Los musulmanes representan el 25% de la población mundial, es decir, alrededor de 2000 millones de personas que se dividen en varias corrientes religiosas y en un poco más de 50 naciones. Las corrientes más importantes y asociadas a las posiciones filosóficas y políticas son dos: la mayoritaria de los sunitas, un 90% de ellos y los chiítas -Irán -que constituyen el 10% restantes. En nuestro país, hay una población de entre 500.000 y 900.000 musulmanes con una gran mayoría suní aunque también hay chiítas, alauitas y drusos.
Hay 16 millones de judíos de los cuales 7.3 millones viven en Israel y de los 8,5 millones restantes la mayoría vive en Estados Unidos, otros en Europa, entre otros países.
Al 2026, hay más de 1.400 millones de católicos bautizados y 1.100 millones de cristianos no católicos (protestantes, ortodoxos y otros). El catolicismo es predominante en unos 120 países y territorios. En nuestro país, el 70% de la población es católica.
Esta dimensión no considera los grandes avances de la secularización en todas las religiones, ni los avances logrados en los últimos años en los diálogos interreligiosos.

Todos los musulmanes son seguidores del último profeta Mahoma y reconocen la naturaleza profética de las otras religiones brahamánicas como profetas de Dios a Moisés, Jesús, Noé y Abraham. Tienen como compendio de las enseñanzas religiosas el Corán. Para los suníes, esa autoridad debe surgir del pueblo creyente y para los chiítas la sucesión corresponde a los descendientes.
Una divinidad y tres religiones monoteístas
La religión cristiana se funda en las enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo, mesías e hijo de Dios reunidas en el Antiguo y Nuevo Testamento.
La religión del Islam, tiene un núcleo central, la unidad de la religión. Los islamitas dicen: “No hay más que una verdadera religión, la religión de Dios que empieza en Allah y tiene su etapa abrámica, su etapa mosaica, su etapa cristiana y, como última y culminación, la etapa islámica”. Este es el primer tema.
Luego, todos los que han conocido la verdadera religión y la han estatuido, son profetas. Desde el propio Adán, Noé, Abraham, Moisés, Jesús hasta el profeta Muhammad, que es sólo un hombre como los demás, pero que ha sido elegido por Dios para recibir la Palabra. Este es el segundo tema.
El tercer tema es el de la unidad de Dios. Dios es Uno y tiene una unidad y las tres religiones monoteístas son etapas sucesivas de la religión de Dios. Dios ha creado al hombre, lo ha creado con albedrío y lo hace responsable y por eso será juzgado con premios y castigos. Eso es lo fundamental, según los islamitas.
Recordemos que para religión católica Dios es Uno y Trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Un solo Dios en tres personas distintas.
Netanyahu y Trump buscan terroristas matando curas en el Líbano
La guerra iniciada por Israel y Estados Unidos contra Irán y expandida a Líbano goza del respaldo de algunos catocapitalistas republicanos y de algunos religiosos ortodoxos judíos. Respecto a la relación entre lo político y lo religioso respecto de la religión musulmana, Miguel Cruz Hernández dijo en una entrevista: “Bueno, ahí hay un problema histórico muy importante y es que el Corán es la palabra literal de Dios revelada a Mahoma. El Islam aparece, al mismo tiempo que como religión, como sistema político, porque no lo tenían. Es decir, el cristianismo viene al Imperio Romano. San Pablo dice que se atienda al imperio, se dé a Dios lo correspondiente a Dios y se le reconozca la autoridad no sólo al César, sino a los funcionarios del Imperio. En cambio, el Islam viene a un mundo tribal no organizado y tiene que organizarlo a nativitate (desde el nacimiento)“.
En conclusión, para Hernández, “el Islam es una religión y un sistema político. Y naturalmente eso tenía una perfecta congruencia en aquellos tiempos. Esa congruencia se va perdiendo en los tiempos actuales. Entonces, en los tiempos actuales se da una mezcla que se soluciona a favor de una postura o de otra, pero que a la vista del hombre occidental, lo que parece es el manejo de los elementos religiosos en favor de unos elementos de tipo político”.
En Israel pasa algo semejante (interpretación de este cronista) no le es aplicable el Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento sí crea una teocracia, lo que sería válido para Israel. Tal vez sea por eso que tanto Netanyahu como Jomenei no habrían dudado en recurrir a Jahvé o a Mahoma -es decir a Dios o a la revelación de su palabra, para justificar el terror y la muerte del enemigo por cuestiones políticas. Claramente Trump -de ser cristiano, aunque nos da la impresión que es agnóstico, ateo o antiteísta -carecería de fundamento religioso para cometer políticamente crímenes contra la humanidad.
Claro que esto no sería fácil que lo entiendan los que conducen la guerra. Sobre todo el presidente norteamericano, y no por sobreestimar la inteligencia del primer ministro israelí, sino porque este último está rodeado de una corte análoga a la que formaban los integrantes de la mayoría de los miembros del Sanedrín que condenaron a Jesucristo.
“Dios nunca conduce a la guerra”
El Papa Francisco, desde el inicio de su pontificado, ha condenado de manera recurrente “la guerra a la humanidad”. Tomemos párrafos de su bello discurso ante el Consejo de Líderes de Religiones Mundiales, reunido en uno de sus 47 viajes apostólicos en los que visitó 66 países por el mundo. Esta vez fue en Kasajistán (Asia), el 14 de septiembre de 2022:
“Vemos que nuestros días están aún marcados por el flagelo de la guerra, por un clima de discusiones exasperadas, por la incapacidad de dar un paso atrás y tender la mano al otro. Se necesita un sacudón y se necesita, hermanos y hermanas, que venga de nosotros. Si el Creador, a quien dedicamos la existencia, ha dado origen a la vida humana, ¿cómo podemos nosotros, que nos profesamos creyentes, consentir que ésta sea destruida? Y, ¿cómo podemos pensar que los hombres de nuestro tiempo —muchos de los cuales viven como si Dios no existiera— estén motivados a comprometerse en un diálogo respetuoso y responsable, si las grandes religiones, que constituyen el alma de tantas culturas y tradiciones, no se comprometen activamente por la paz?"

Abai y la cultura Kazaja
Y seguía diciendo el Papa: “Recordando los horrores y los errores del pasado, unamos los esfuerzos, para que nunca más el Omnipotente se vuelva rehén de la voluntad de poder humano. Abai (Gran poeta de Kasajistán), recuerda que “aquel que permite el mal y no se opone al mal no puede ser considerado un verdadero creyente…” (cf. Palabra 38). Hermanos, hermanas, es necesaria, para todos y para cada uno, una purificación del mal. El gran poeta kazajo insistía en este aspecto, escribiendo que quien «abandona el aprendizaje se priva de una bendición» y «quien no es severo consigo mismo y no es capaz de compasión, no puede ser considerado creyente» (Palabra 12). Por tanto, hermanos y hermanas, purifiquémonos de la presunción de sentirnos justos y de no tener nada que aprender de los demás; liberémonos de esas concepciones reductivas y ruinosas que ofenden el nombre de Dios por medio de la rigidez, los extremismos y los fundamentalismos, y lo profanan mediante el odio, el fanatismo y el terrorismo, desfigurando también la imagen del hombre. Sí, porque «la fuente de la humanidad —recuerda Abai— es amor y justicia, […] estas son las coronas de la creación divina» (Palabra 45). No justifiquemos nunca la violencia. No permitamos que lo sagrado sea instrumentalizado por lo que es profano. ¡Que lo sagrado no sea apoyo del poder y el poder no se apoye en la sacralidad!"

“Dios es paz y conduce siempre a la paz, nunca a la guerra -continúa-. Comprometámonos, por tanto, aún más, a promover y reforzar la necesidad de que los conflictos se resuelvan no con las ineficaces razones de la fuerza, con las armas y las amenazas, sino con los únicos medios bendecidos por el cielo y dignos del hombre: el encuentro, el diálogo, las tratativas pacientes, que se llevan adelante pensando especialmente en los niños y en las jóvenes generaciones (….) Abai en ese sentido, animaba a ampliar el saber, a cruzar el confín de la propia cultura, a abrazar el conocimiento, la historia y la literatura de los demás. Les ruego que invirtamos en esto, no en los armamentos, sino en la instrucción".
«Homo sacra res homini», decían los antiguos (Séneca, Epistulae morales ad Lucilium, 95,33)
Y agregaba el Santo Padre: “Después de los desafíos de la pandemia y de la paz, recabamos un tercer desafío, el de la acogida fraterna. Hoy es grande la dificultad de aceptar al ser humano. Cada día bebés por nacer y niños, migrantes y ancianos son descartados. Hay una cultura del descarte. Numerosos hermanos y hermanas mueren sacrificados en el altar del lucro, envueltos en el incienso sacrílego de la indiferencia. Y, sin embargo, todo ser humano es sagrado. «Homo sacra res homini», decían los antiguos (Séneca, Epistulae morales ad Lucilium, 95,33). Es sobre todo tarea nuestra, de las religiones, recordarlo al mundo.”
“Si encuentras a alguien, intenta hacerlo feliz, quizá sea la última vez que lo veas”.
“La lengua kazaja -decía Francisco en Kazajistán -invita a tener esta mirada acogedora; en ella “amar” significa literalmente “tener una mirada buena sobre alguien”. Pero también la cultura tradicional de estas regiones afirma la misma cosa por medio de un hermoso proverbio popular: «Si encuentras a alguien, intenta hacerlo feliz, quizá sea la última vez que lo veas». Si el culto de la hospitalidad esteparia recuerda el valor irrenunciable de todo ser humano, Abai lo establece diciendo que «el hombre debe ser amigo del hombre» y que dicha amistad se funda en un intercambio universal, porque las realidades importantes de la vida y después de la vida son comunes. Y, por tanto, sentencia, «todas las personas son huéspedes unas de otras» y «el mismo hombre es un huésped en esta vida» (Palabra 34)”.
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