
El actual escenario social y económico se agrava de forma acelerada como consecuencia de los efectos del modelo económico que está aplicando el Gobierno Nacional. Por más esfuerzo que hagamos desde el Gobierno Provincial, actuando como escudo y red, la verdad es que no alcanza. No hay soluciones provinciales para una crisis nacional, ni tampoco existe un mecanismo provincial para evitar el destino al que nos conduce este rumbo económico de continuar durante 6 años más. Ninguna provincia se salva si el país se hunde; ningún sector se salva si la mayoría se hunde. No existe una “isla” que prospere en un país que se desintegra. Ninguna política provincial o municipal es capaz de frenar la destrucción del tejido industrial - y del entramado social que se articula en torno a él - que se está produciendo en todo el país de forma deliberada.
Asimismo, todas las Provincias enfrentamos un desafío común: el ataque al federalismo. Nos enfrentamos a un Gobierno Nacional que recorta transferencias a las provincias, que paraliza obras públicas estratégicas en todas las regiones del país; un gobierno nacional que centraliza decisiones fiscales y que se vincula con las provincias a través de la extorsión.
El federalismo que tenemos que recuperar no significa fragmentación, ni mucho menos “que cada uno se salva solo”. El federalismo es una forma de construir unidad nacional respetando la dignidad de cada región, una forma soberana y justa de integrar partes diversas en un todo, pero sin someter a nadie. Surgió de la convicción de que la Nación no podía edificarse sobre la subordinación permanente del interior a un centro concentrador de recursos y decisiones.
Frente a este Gobierno “Nacional” hace falta sumar fuerzas. No puede ser que cada sector o provincia quede sola negociando migajas o administrando la caída. Quienes no queremos una sociedad rota, un país fallido, una Argentina de pocos ganadores y muchísimos perdedores, tenemos que sumar fuerzas. Invito a que trabajemos juntos por una Argentina que no se arrodille, que no se entregue, que no se rinda y que no se divida. Una Argentina que vuelva a creer en sí misma.
Sin embargo, debemos asumir otro dato de la realidad. Pese a pasarla mal, muchos argentinos no visualizan hoy una alternativa que los entusiasme. La construcción de esa alternativa requiere de mucho más que decir “no a esta política, no a Milei”. Es evidente que tampoco se trata solamente de describir una crisis que todos están viviendo en carne propia. El desafío no es narrar el daño sino ofrecer una salida y demostrar que no hay que resignarse, que no estamos condenados a este modelo, que existe una alternativa mejor, una alternativa que debe ser productiva, federal y bien nacional.
Esa alternativa que tenemos que construir no puede estar basada en la nostalgia ni mucho menos en el odio. Esta alternativa debe ser capaz de despertar alivio y esperanza.
Escucho muchas veces decir: “esto era inevitable”, “esto es lo que había que hacer”. Esa es una perversa mentira que tenemos que desmantelar. El sufrimiento no es necesario para crecer. Esto no es inevitable, no es una tragedia natural, no es un terremoto. El origen de este industricidio, de la destrucción de puestos de trabajo, de la caída de la clase media y de que la plata no alcance está en las decisiones políticas de Milei y su modelo económico. En consecuencia, no estamos condenados a esta pesadilla.
HAY OTRO CAMINO.
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