La Guardia Revolucionaria Islámica de Irán (IRGC, en su sigla en inglés) es una organización paramilitar de elite de carácter ideológico creada para defender y exportar la revolución islámica de 1979. Su misión principal es la preservación del régimen teocrático iraní y la expansión del chiismo político-religioso, incluso mediante la violencia contra civiles y opositores. Subordinada al Líder Supremo, ayatolá Ali Jameneí, y no al gobierno convencional, la IRGC actúa como brazo armado de la doctrina del “velayat-e-faqih”, combinando estructura militar y fanatismo religioso. Es el principal responsable de las violaciones de los derechos humanos hoy en Irán y de las acusaciones de contravenir el Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP).
La IRGC opera a través de grupos proxy en todo Medio Oriente, para eludir responsabilidades, incluyendo a Herbola en el Líbano, Hamás, la Yihad Islámica Palestina, milicias chiíes iraquíes como Kataib Herbola y Asaib-Ahl al-Haq, milicias en Siria y los hutíes en Yemen. Estas redes terroristas reciben financiamiento, armas y entrenamiento de la Fuerza Quds, el brazo externo de la IRGC, que ha sido responsable de atentados, secuestros y asesinatos indiscriminados contra civiles, configurando un patrón de terrorismo por delegación.
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En reconocimiento a estas graves actividades, Argentina declaró a la Fuerza Quds organización terrorista, incorporándola al RePET y aplicando sanciones a la unidad y a varios individuos vinculados. La medida es muy acertada y se fundamenta en los atentados criminales contra la Embajada de Israel en Buenos Aires y la AMIA, y en evaluaciones internacionales sobre su participación en operaciones terroristas globales. Esta designación limita su capacidad operativa dentro del territorio argentino y alinea al país con políticas de seguridad internacional.
Además, la IRGC ha sido señalada por utilizar centros culturales y religiosos en el exterior como instrumentos de influencia y vigilancia incluyendo en América Latina y el Caribe. Informes de seguridad internacionales indican que ciertas mezquitas y organizaciones comunitarias vinculadas a la diáspora chií iraní han sido aprovechadas por sectores asociados a la IRGC para promover la ideología de la revolución islámica, combinando terrorismo e influencia política transnacional en una estrategia de consolidación global del régimen. También con agresiones constantes a Israel y la comunidad judía en distintos países.
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En el plano interno, la IRGC es responsable de la represión sistemática de la población iraní. A través de los Basiyíes y otras fuerzas auxiliares (que totaliza unos 600 mil efectivos), actúa contra protestas, realiza detenciones arbitrarias, persigue a mujeres, estudiantes y opositores y utiliza el miedo como instrumento de control social. Para muchos observadores, la misma lógica de terror que proyecta en el exterior se aplica dentro de Irán, dando lugar a un sistema que criminaliza la disidencia y protege la supervivencia del régimen.
La IRGC también dirige los programas de misiles balísticos y nucleares, convirtiéndose en la piedra angular de la estrategia militar y la coerción del régimen. Bajo su supervisión, Irán ha desarrollado misiles de alcance medio y largo, capaces de impactar objetivos regionales y potencialmente internacionales, mientras que en el ámbito nuclear dirige plantas de enriquecimiento de uranio y el mantenimiento de instalaciones críticas que contradicen los compromisos asumidos por Irán conforme al TNP.
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Dado el grado y alcance de las operaciones de IRGC, la Argentina debería evaluar ampliar la designación de agrupación terrorista a toda la Guardia Revolucionaria Islámica. Esta medida preventiva permitiría un marco legal que abarque a estructuras responsables de atentados, financiamiento del terrorismo y amenazas que provengan de Irán en particular tras las emitidas por Teherán al haber sido declarado a la Fuerza Quds, organización terrorista. También por las graves intimidaciones contra el Embajador argentino Rafael Grossi, Director General del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), por el cumplimiento de sus tareas como funcionario internacional.
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