Irán es un país con 92 millones de habitantes cuyas fronteras sufrieron la delimitación que impusieron las potencias occidentales en Oriente más de un siglo atrás.
Comenzando con el aspecto religioso, parece un país muy homogéneo. El 89% profesa el islam predominantemente chiíta y el 11% restante el sunita. Esto genera una serie de implicancias con los conflictos que mantienen estas dos versiones del islam en países y regiones próximas. Por lo general los sectores que profesan la versión chiíta se ubican más cerca del régimen de los ayatollahs, mientras que los de origen sunita tienen a Arabia Saudita y sus aliados como punto de referencia.
A ello se agrega el factor cultural. De los 92 millones de iraníes, el 61% es de etnia persa, que ha dominado la mayor parte del actual territorio iraní y su entorno desde antes de Cristo. Sobre esta mayoría se da un enfrentamiento entre un sector activamente movilizado por un cambio de régimen e identificado con valores occidentales, y otro del islam chiíta que se mantiene fiel a los ayatollahs.
Desde el punto de vista étnico la situación es aún más compleja. Fuera del 61% persa, hay un 17% que son azeríes de definida ascendencia turca, fuertes nexos con Azerbaiyán y el gobierno de Estambul.
A ello se agrega un 10% de kurdos. El Kurdistán fue un país desarticulado por las potencias europeas, cuya población intenta reunificarse también en Siria, Irak, El Líbano y Turquía, además de Irán. Los kurdos desde hace décadas se han organizado mediante guerrillas para luchar contra el gobierno turco. En Siria se organizaron militarmente con apoyo de Estados Unidos y enfrentaron al régimen de Assad, vinculado a Rusia. Fueron muy eficaces y jugaron un papel en la derrota del ISIS.
En los primeros días de 2026 han combatido por el control de la ciudad siria Aleppo junto a las fuerzas regulares que ha organizado el complejo gobierno sirio tras la caída de Assad. También los kurdos han coincidido con la aviación británica y francesa en atacar al IS, que busca reorganizar el califato, aprovechando la fragilidad del gobierno sirio.
Un 6% pertenece al pueblo luro. Se trata de una etnia estrechamente emparentada con los persas y que habla un idioma iranio propio.
Por último, el 2% es de origen turcomano y un porcentaje similar tienen los árabes y baluchíes. Estos últimos son una minoría muy activa, parte de la cual actúa militarmente contra el régimen persa.
El conflicto se complejiza cuando es colocado en términos geográficos. Irán limita al oeste con Turquía e Irak, dos países en los cuales los kurdos están muy activos y han tenido organización militar. Cabe recordar que Irán e Irak sostuvieron una intensa guerra entre fines de los setenta y comienzos de los ochentas que dejó numerosas bajas. Ello ha dejado huellas. A su vez, el gobierno irakí es una frágil coalición étnica entre chiítas, sunitas y kurdos.
Al norte limita con tres países, dos de ellos pertenecientes a la región del Cáucaso. Se trata de Armenia -cuya población es muy cristiana, profesando un rito local-, un país que fue derrotado en un prolongado conflicto militar por Azerbaiyán por el control del enclave de Nagorno-Karabaj, el que ha derramado tensiones sobre la frontera con Irán. El segundo país del Cáucaso es Azerbaiyán (cabe recordar que el 17% de la población iraní pertenece a esta etnia). El límite norte de Irán se completa con Turkmenistán, el único país túrquico de los cinco de Asia Central.
Por último, al este Irán limita con Afganistán y Pakistán. La minoría baluchí iraní está muy vinculada a los mujaidines afganos y representan un riesgo para la unidad nacional de Irán. Han realizado actos terroristas recientes. Hay un grupo secesionista que se presenta en Occidente como la oposición al régimen de los ayatollahs y que está en Albania y en la semiclandestinidad.
Por último, la frontera estratégica más importante de Irán es con Pakistán, el único país musulmán que tiene armas nucleares y a su vez tiene tensiones y roces militares con la India, la gran potencia de la región.
Hay que agregar el proyecto de restauración de la monarquía iraní que gobernó el país entre la Primera Guerra Mundial y mediados de los años setenta. El último monarca abandonó el país en 1975, al enfrentar una resistencia popular que no pudo controlar y que tiene algunos puntos de contacto con la que hoy se desarrolla contra el régimen de los ayatollahs. La restauración en el trono del hijo del Sha se plantea como un proyecto incierto y él mismo, mientras incita a la rebelión, dice que su rol sería sólo transitorio para ordenar el país y convocar a elecciones. Aunque el proyecto tiene cierto apoyo en sectores de Estados Unidos, no parece fácil de ser implementado exitosamente.
Pero el desarrollo nuclear iraní ha sido el conflicto más relevante que ha tenido con los Estados Unidos durante el último medio siglo, con capítulos decisivos como el acuerdo de Teherán con el G6 -los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y Alemania- que quedó en crisis tras el retiro de Estados Unidos en la primera presidencia de Trump. El 22 de junio de 2025 la aviación estadounidense, con cooperación de la israelí, atacó y destruyó parcialmente las instalaciones nucleares de Irán, generando daños cuya evaluación es imprecisa.
El conflicto iraní se complejiza si se analiza su faz religiosa, étnica, cultural y geopolítica, teniendo muchas posibilidades de extender el conflicto más allá de sus fronteras formales. Pero una acción discretamente coordinada por las seis monarquías árabes del Golfo Pérsico (Arabia Saudita, Qatar, Bahrein, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Omán) habría disuadido a los Estados Unidos de una represalia militar inmediata como sanción frente a la feroz represión del régimen de los ayatollahs contra la oposición.
Es que quienes están en la región tienen conciencia del gran poder de desestabilización y conflicto que puede generar un nuevo ataque estadounidense a Irán.
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